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Ciencia

El mar de Florida estaba tan caliente que los corales empezaban a quedarse blancos. Unas “sombrillas” submarinas lograron algo inesperado

Un equipo instaló telas que bloqueaban el 60% de la luz sobre corales de los Cayos de Florida. Durante el pico térmico, los ejemplares protegidos recuperaron color mientras los demás seguían palideciendo.
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En agosto de 2024, mientras el agua de los Cayos de Florida volvía a calentarse peligrosamente, un grupo de científicos descendió hasta un arrecife de Newfound Harbor cargando una solución sorprendentemente rudimentaria: tubos, cuerdas y unas telas parecidas a las que se utilizan para dar sombra a los cultivos.

La idea era literalmente ponerles sombrillas a los corales.

Dos años después, los resultados publicados en Frontiers in Marine Science sugieren que aquel experimento funcionó. Las estructuras no enfriaron el océano ni eliminaron la causa del blanqueamiento, pero redujeron la radiación que llegaba a los animales y consiguieron que los corales protegidos dejaran de perder color e incluso recuperaran parte de él durante los momentos de mayor estrés térmico.

Una sombrilla de 30 dólares debajo del océano

El mar de Florida estaba tan caliente que los corales empezaban a quedarse blancos. Unas “sombrillas” submarinas lograron algo inesperado
© Karen Neely.

El equipo estudió dos especies de coral cerebro del Caribe, Pseudodiploria clivosa y Colpophyllia natans. En total seleccionó 20 colonias de cada especie: la mitad recibió sombra y la otra mitad permaneció descubierta para funcionar como grupo de control.

Las estructuras eran sencillas. Un marco flotante de tuberías sostenía una tela agrícola de color claro aproximadamente 30 centímetros por encima del coral. Esa tela bloqueaba alrededor del 60% de la luz y cada conjunto costaba aproximadamente 30 dólares.

Los buzos regresaban cada dos semanas para fotografiar los corales, medir los cambios de color y tomar pequeñas muestras de tejido. Ese detalle del color importa mucho. Los corales viven asociados a algas microscópicas que realizan fotosíntesis y les proporcionan buena parte de su alimento. Cuando el agua se calienta demasiado, esa relación puede romperse: las algas desaparecen y el coral pierde su color característico hasta adquirir el aspecto blanco que conocemos como blanqueamiento.

La sombra no elimina el calor, pero sí reduce otro factor que puede empeorar el daño: la exposición intensa a la luz y a la radiación ultravioleta.

Mientras unos palidecían, otros comenzaron a oscurecerse

El mar de Florida estaba tan caliente que los corales empezaban a quedarse blancos. Unas “sombrillas” submarinas lograron algo inesperado
© Arelys Chaparro.

El experimento llegó además en un verano especialmente duro. Newfound Harbor registró en 2024 el segundo mayor estrés térmico acumulado desde que existen registros comparables en el lugar. A pesar de ello, la diferencia entre ambos grupos apareció precisamente cuando las condiciones eran más exigentes.

Después de instalar las sombras, los ejemplares protegidos empezaron a ganar color, mientras los controles continuaban palideciendo. El resultado se observó en ambas especies. Sin embargo, ocurrió algo inesperado: el blanqueamiento general terminó siendo menos grave de lo previsto y ningún coral del experimento murió. Los investigadores creen que existe una explicación relacionada con la brutal ola de calor del año anterior.

Las colonias estudiadas estaban dominadas casi exclusivamente por algas del género Durusdinium, conocidas por soportar temperaturas relativamente elevadas. Es posible que el desastre de 2023 hubiese dejado precisamente a los corales más resistentes al calor o favorecido esas asociaciones.

No podemos ponerle una sombrilla a todo el océano

Eso también marca el límite de la propuesta. Los investigadores no están planteando cubrir arrecifes enteros con telas. Karen Neely, autora principal del trabajo, señala que el sombreado podría funcionar como protección temporal y localizada para corales especialmente valiosos durante episodios extremos.

Y hay otra precaución. Reducir demasiado la luz durante demasiado tiempo también sería perjudicial, porque las algas de las que dependen los corales necesitan realizar fotosíntesis. La clave estaría en utilizar una reducción moderada y temporal durante el peor momento de una ola de calor.

No es una solución al calentamiento de los océanos. Ni pretende serlo. Pero en un lugar donde la ola marina de 2023 provocó blanqueamiento y mortalidad masivos, el experimento deja una herramienta extrañamente sencilla sobre la mesa: cuando el Sol y el agua caliente empiezan a empujar a determinados corales al límite, quizá unas semanas a la sombra puedan comprarles tiempo.

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