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El mar está tocando las puertas de este país, y su isla se resiste a desaparecer ante el avance del agua

Una pequeña comunidad insular lucha por sobrevivir mientras el mar avanza cada año un poco más. Sus habitantes no quieren irse, pero la naturaleza no les deja elección

El amanecer tiñe de oro el horizonte sobre un diminuto atolón del Pacífico Sur. A lo lejos, el océano brilla tranquilo, pero su belleza esconde una amenaza silenciosa. Cada marea se adentra un poco más, cada tormenta roba un trozo de costa, y cada año hay menos tierra donde sembrar o construir.

Aquí, la vida se sostiene entre la rutina y la resignación. Los niños van descalzos a la escuela, los pescadores preparan sus redes y las familias cuidan sus huertos, aunque el agua salada ya haya alcanzado las raíces. En esta isla, el mar es sustento y condena a la vez.

Tuiao, el director de la única escuela, recoge agua de lluvia en un tanque oxidado. “Cuando era niño, no era así”, dice. “Las mareas son más altas, el agua de los pozos ya no se puede beber y cuesta mucho cultivar. Hay días en los que los niños no vienen a clase porque no hay suficiente para comer”.

Por las tardes, observa el horizonte con su hijo en brazos. “Esta es mi patria”, murmura. “Pero si llega el día en que tengamos que marcharnos… me iré. La vida aquí ya no es la misma”.

Donde el mar se traga los huertos

Inundacion
© Phillip Flores – Unsplash

En esta isla, que apenas se eleva cuatro metros sobre el nivel del mar, el océano se ha vuelto parte de la vida cotidiana. Las mareas inundan los caminos, la sal se filtra en los pozos y los manglares, antaño defensas naturales, se debilitan frente a la erosión.

Mary, una anciana de la comunidad, recuerda cuando bastaba con la lluvia para sobrevivir. “Si llueve demasiado, no cosechamos. Si el sol no da tregua, los depósitos se secan. Tenemos que hervir el agua para poder beberla”, explica mientras observa a sus nietos jugar cerca de la costa.

Ella no quiere irse. “Nos gustaría quedarnos cerca del mar. Dependemos de él. Mudarnos al interior sería muy difícil”. Pero aquí no hay interior, solo una línea cada vez más delgada entre la tierra y el agua.

Un archipiélago al borde del desalojo

Islas Salomon Inundacion
© Gilly Tanabose – Unsplash

Este atolón forma parte de las Islas Salomón, en el Pacífico Sur, un país formado por cientos de islas que hoy enfrenta una crisis existencial. El aumento del nivel del mar, las tormentas más violentas y la escasez de agua dulce están haciendo inviable la vida en muchos de sus territorios.

Ante lo inevitable, el Gobierno —con apoyo de la ONU y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)— ha puesto en marcha un plan de reubicación planificada para trasladar comunidades enteras a zonas seguras, garantizando su dignidad y su identidad cultural.

En 2022 se lanzaron las Directrices para la Reubicación Planificada, un marco que busca proteger a los habitantes de las islas de mayor riesgo. Para muchos, la idea de dejar atrás su hogar es impensable, pero el mar no da alternativas.

Resistir o desaparecer

Mientras el sol se pone sobre el Pacífico, las olas golpean suavemente la costa. La rutina continúa: los niños siguen estudiando, los pescadores salen al amanecer, las familias cuidan los últimos huertos. Pero bajo esa calma persiste una certeza amarga: el mar ya no se detendrá.

El destino de lugares como este será uno de los temas centrales en la Conferencia del Clima COP30, que se celebrará en Belém, Brasil. Allí, los líderes mundiales decidirán si estas comunidades tendrán un futuro… o solo quedarán en los mapas como un recuerdo.

[Fuente: Naciones Unidas]

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