Saltar al contenido
Ciencia

El misterio del río Green: la anomalía a 200 kilómetros de profundidad que cambió el mapa

Durante más de 150 años, científicos intentaron explicar cómo un río logró cortar una de las cordilleras más antiguas de Norteamérica. Ahora, un hallazgo en las profundidades de la Tierra ofrece una respuesta inesperada que cambia lo que creíamos saber sobre montañas, gravedad y evolución del paisaje.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Algunos paisajes parecen desafiar toda lógica. En el oeste de Estados Unidos, un río atraviesa una imponente cordillera que existía mucho antes de que él adoptara su curso actual. Durante generaciones, este detalle desconcertó a los geólogos. ¿Cómo pudo abrirse paso donde, en teoría, no debía? La respuesta no estaba en la superficie, sino a cientos de kilómetros bajo nuestros pies.

Un enigma que sobrevivió siglo y medio

Las montañas Uinta se formaron hace aproximadamente 50 millones de años. Sin embargo, el río Green (el mayor afluente del río Colorado) adoptó su trayectoria actual hace menos de 8 millones. Esa diferencia temporal convirtió su recorrido en un rompecabezas geológico.

En condiciones normales, el agua busca el camino de menor resistencia. Lo lógico habría sido que el río rodeara la cordillera. Pero no lo hizo. En cambio, la atraviesa y esculpió un cañón de unos 700 metros de profundidad en una formación que alcanza los 4.000 metros de altura.

Este “cauce imposible” dio lugar a múltiples teorías a lo largo de 150 años. Algunas hipótesis sostenían que el río era más antiguo que las montañas. Otras hablaban de capturas fluviales o acumulación masiva de sedimentos. Ninguna explicación lograba cerrar el debate de forma convincente.

Diseño Sin Título 2026 02 07t125408.944
©YouTube

La pista estaba en el interior de la Tierra

Un equipo de investigadores de la Universidad de Glasgow y de la Universidad de Utah decidió mirar más abajo, literalmente. En lugar de centrarse solo en la superficie, analizaron procesos profundos en la litosfera, la capa rígida externa del planeta.

Su estudio, publicado en Journal of Geophysical Research: Earth Surface, apunta a un fenómeno conocido como “goteo litosférico”. Según esta hipótesis, una masa de material denso acumulada bajo la corteza terminó desprendiéndose y hundiéndose hacia el manto terrestre.

Ese hundimiento habría provocado un descenso temporal del terreno. En otras palabras, la cordillera habría bajado lo suficiente como para permitir que el río fluyera sobre una zona que antes era inaccesible. Más tarde, la superficie experimentó un rebote elástico, recuperando altura y dejando al río ya instalado en su nuevo curso.

Cómo funciona el goteo litosférico

El proceso comienza cuando minerales densos se concentran en la base de la corteza. Con el tiempo, esa acumulación se vuelve demasiado pesada y termina desprendiéndose por efecto de la gravedad. El fragmento cae hacia el manto, como una gota espesa que se separa.

Este fenómeno genera primero un hundimiento de la superficie y luego un levantamiento progresivo. En Utah, los geólogos identificaron una huella característica en el paisaje, similar a un patrón de diana, que coincide con este tipo de dinámica interna.

Para confirmar la hipótesis, los investigadores utilizaron imágenes sísmicas comparables a un escáner médico, pero aplicado al interior del planeta. Detectaron una anomalía fría y circular a unos 200 kilómetros de profundidad bajo las montañas Uinta. Con un diámetro estimado entre 50 y 100 kilómetros, esa masa sería el fragmento desprendido hace entre dos y cinco millones de años.

La desaparición de ese material explica por qué la corteza en esta región es varios kilómetros más delgada de lo que correspondería a una cordillera de tal altura. Los cálculos sugieren que el terreno experimentó una variación superior a los 400 metros, suficiente para que el río Green se integrara definitivamente al sistema del río Colorado.

Un cambio que redefinió Norteamérica

La unión de ambos ríos no fue un simple ajuste local. Alteró la divisoria continental de Norteamérica, redefiniendo qué aguas fluyen hacia el océano Pacífico y cuáles hacia el Atlántico.

Este reordenamiento geográfico creó nuevas barreras naturales para la fauna y modificó rutas de dispersión, influyendo indirectamente en procesos evolutivos. Un cambio profundo en la corteza terrestre terminó teniendo consecuencias en la biología y en la configuración del continente.

Además, los autores del estudio descartan con firmeza la idea de que el río existiera antes que las montañas. Las evidencias reunidas contradicen esa explicación clásica y refuerzan el papel del goteo litosférico como motor del fenómeno.

Más allá de resolver un misterio de 150 años, este hallazgo abre la puerta a reinterpretar otros paisajes que todavía desconciertan a la comunidad científica. Si procesos invisibles bajo la superficie pueden moldear cordilleras enteras y redibujar mapas fluviales, quizá aún queden muchas historias geológicas esperando ser contadas desde las profundidades.

 

[Fuente: National Geographic]

Compartir esta historia

Artículos relacionados