Hay etapas del cuerpo que llegan acompañadas de síntomas visibles, pero también de transformaciones internas que pasan desapercibidas. La perimenopausia es una de ellas. Mientras muchas mujeres asocian este período con sofocos o cambios de humor, especialistas comenzaron a observar algo mucho más profundo: alteraciones que podrían afectar directamente al corazón. Un amplio estudio realizado en Estados Unidos volvió a poner el foco sobre un momento clave que, según los expertos, podría definir la salud cardiovascular de las próximas décadas.
El cambio hormonal que también afecta al corazón
La perimenopausia es la transición previa a la menopausia y puede extenderse durante varios años. En ese tiempo, los ovarios disminuyen gradualmente la producción de estrógeno y progesterona, generando ciclos menstruales irregulares y síntomas físicos y emocionales que muchas veces se consideran “normales”.
Sin embargo, detrás de esas fluctuaciones hormonales también ocurren cambios menos evidentes. Investigadoras estadounidenses detectaron que las mujeres que atraviesan esta etapa presentan un deterioro significativo en su salud cardiovascular en comparación con aquellas que todavía mantienen ciclos regulares.
El estudio, publicado en la revista Journal of the American Heart Association, analizó datos de casi 10.000 mujeres residentes en Estados Unidos y encontró un patrón que encendió alarmas entre especialistas en cardiología: la perimenopausia aparece como el primer momento en el que el riesgo cardíaco comienza a aumentar de manera marcada.
La Asociación Estadounidense del Corazón ya había advertido años atrás que esta transición hormonal podía convertirse en un período crítico para prevenir enfermedades cardiovasculares. El problema es que muchas mujeres no reciben controles específicos hasta después de la menopausia, cuando algunos factores de riesgo ya están instalados.

Los números que preocuparon a los investigadores
Para evaluar la salud cardiovascular, el equipo científico utilizó el sistema Life’s Essential 8, una herramienta que mide ocho factores fundamentales: alimentación, actividad física, sueño, presión arterial, colesterol, glucosa en sangre, peso corporal y consumo de tabaco.
Los resultados mostraron diferencias claras entre las distintas etapas hormonales. Las mujeres premenopáusicas registraron mejores indicadores generales, mientras que las perimenopáusicas evidenciaron una caída importante en sus puntuaciones cardiovasculares. El descenso fue aún mayor en mujeres posmenopáusicas.
Pero el dato más preocupante apareció cuando los investigadores aislaron el efecto del envejecimiento. Incluso considerando la edad, las mujeres en perimenopausia tenían muchas más probabilidades de presentar niveles elevados de colesterol y glucosa en sangre, dos factores estrechamente relacionados con enfermedades cardíacas y metabólicas.
Los especialistas creen que el estrógeno juega un papel central en este proceso. Sus fluctuaciones pueden alterar el metabolismo, favorecer la acumulación de grasa abdominal, aumentar la presión arterial y dificultar el control del azúcar en sangre. Todo eso termina impactando directamente sobre el sistema cardiovascular.
Otro hallazgo inesperado estuvo relacionado con el sueño. Aunque muchas participantes reportaban problemas para descansar, las mediciones indicaban una cantidad adecuada de horas dormidas. Esto llevó a los investigadores a pensar que el verdadero problema podría estar en la calidad del sueño y no solamente en su duración.
Por qué actuar antes puede marcar la diferencia
Las expertas remarcan que la perimenopausia no debería verse únicamente como una etapa ginecológica, sino también como una oportunidad para prevenir enfermedades futuras.
Según explicaron las investigadoras, este período concentra en pocos años algunos de los cambios metabólicos más intensos: aumento de peso, alteraciones en el colesterol, resistencia a la insulina, presión arterial elevada y trastornos del descanso.
Por eso, los controles médicos tempranos pueden resultar decisivos. Revisar la presión arterial, monitorear el colesterol y controlar la glucosa antes de la menopausia permitiría detectar alteraciones cuando todavía existe margen para revertirlas.
Los hábitos que podrían proteger la salud cardiovascular
Especialistas en cardiología coinciden en que ciertos cambios cotidianos pueden tener un impacto importante durante esta etapa. Mantener actividad física regular, reducir el sedentarismo y mejorar la alimentación aparecen entre las principales recomendaciones.
Una de las dietas más mencionadas es la DASH, un modelo alimentario bajo en sodio y rico en frutas, verduras y alimentos frescos. Este tipo de hábitos ayuda a controlar la presión arterial y mejorar la salud metabólica.
También se recomienda prestar atención al descanso y no minimizar síntomas persistentes como cansancio, alteraciones del sueño o aumento rápido de peso. Muchas veces, esos cambios son interpretados como consecuencias inevitables de la edad, cuando en realidad pueden ser señales tempranas de un desequilibrio cardiovascular.
En América Latina, donde el sedentarismo y la obesidad afectan a millones de personas, los especialistas consideran que reconocer esta etapa como una “ventana de oportunidad” podría cambiar el futuro de muchas mujeres. La clave, aseguran, no es esperar a que aparezcan enfermedades, sino actuar antes de que el riesgo se vuelva permanente.
[Fuente: Infobae]