Las profundidades del océano siguen guardando secretos capaces de sorprender incluso a los investigadores más experimentados. Uno de los hallazgos recientes más enigmáticos es una estructura rocosa en forma de “camino” que parece construido con intención humana, pero en realidad es el resultado de procesos geológicos extremos que se remontan a millones de años atrás.
El hallazgo en Nootka Seamount

Durante la expedición Luʻuaeaahikiikekumu en 2022, un equipo a bordo del buque E/V Nautilus exploraba la cadena de antiguos volcanes submarinos de Liliʻuokalani Ridge cuando se encontró con una formación sorprendente: una superficie rocosa que imitaba a la perfección el patrón de un adoquinado.
La estructura fue localizada en la cima del monte submarino Nootka, dentro del Monumento Nacional Marino Papahānaumokuākea. El análisis reveló que se trataba de hialoclastita, un tipo de roca formada cuando el magma caliente entra en contacto con el agua, se fragmenta en partículas vítreas y, con el tiempo, se compacta y cementa. Los posteriores ciclos de calentamiento y enfriamiento provocaron fracturas rectilíneas que crearon la apariencia de un camino.
Cómo se forma este “adoquinado natural”
La hialoclastita se produce en erupciones submarinas de gran energía. Cada fragmento vítreo acumulado en el fondo marino puede transformarse en roca sólida, y cuando estas masas son sometidas a cambios térmicos extremos, aparecen fisuras uniformes similares a las grietas de una costra reseca.
En este caso, el patrón generó un tramo que parecía una superficie artificial seca al tacto, un efecto óptico que desconcertó al equipo. Mediante el brazo robótico del Nautilus se recogieron muestras recubiertas de costras ferromanganésicas, ricas en hierro y manganeso, materiales de gran interés científico e industrial.
La importancia del descubrimiento
Más allá de la curiosidad visual, este hallazgo forma parte de la primera exploración sistemática de los montes submarinos de la zona. Su estudio es clave para comprender cómo interactúan los sistemas magmáticos con el agua en condiciones extremas y cómo estos procesos contribuyen a la evolución tectónica de la región.
La expedición también documentó fenómenos biológicos singulares, como organismos poco conocidos en aguas profundas, reforzando la idea de que el océano aún guarda escenarios inexplorados con un enorme valor científico.
El “camino” de Nootka Seamount no es una construcción humana, sino un testimonio natural de la fuerza volcánica oculta bajo los océanos. Cada fisura y cada bloque cuentan la historia de un entorno extremo, recordándonos que en las profundidades marinas aún se esconden respuestas esenciales para comprender nuestro planeta.