En la búsqueda constante de alimentos más saludables, muchas personas están cayendo en la trampa de añadir suplementos sin evaluar su verdadero impacto. Uno de los nuevos “superalimentos” estrella ha llegado hasta el café, prometiendo energía, vitaminas y bienestar. Pero tras ese color llamativo y el aura saludable, se esconde un sabor cuestionable y varias advertencias que conviene conocer.
Cuando lo saludable se convierte en obsesión: ¿de verdad necesitamos más suplementos en el café?
En los últimos años, se ha instalado una tendencia muy clara: todo debe tener proteínas o algún suplemento. Yogures, quesos, helados, y ahora también el café. Lo que comenzó con la moda de añadir proteína en polvo para potenciar el desayuno, ha evolucionado hacia una nueva práctica aún más llamativa: mezclar café con espirulina.
La espirulina es una microalga en forma de espiral que, al secarse y pulverizarse, se transforma en un polvo verde intenso. Se ha ganado la etiqueta de “superalimento” gracias a su alta densidad nutricional. Contiene más de 50 gramos de proteínas por cada 100, así como una variedad impresionante de vitaminas, minerales y antioxidantes. Desde vitamina A y B12 hasta calcio, potasio y folatos, esta alga parece tenerlo todo.

Muchos nutricionistas coinciden en que, cuando se consume en cantidades razonables y dentro de una dieta equilibrada, puede ser un complemento interesante. Incluso aporta beneficios como el efecto antiinflamatorio, el control de la glucosa o la mejora de la salud intestinal. En teoría, añadir espirulina al café no parece una mala idea… pero en la práctica, hay mucho más que considerar.
No todo lo verde es oro: sabor desagradable, riesgos ocultos y azúcar encubierta
A pesar de su potencial, la espirulina tiene algunos puntos débiles. El primero es su sabor: muchas personas lo describen como “terroso”, “a charco” o directamente “desagradable”. En bebidas como el café, su intensidad puede dominar todo el perfil de sabor, arruinando la experiencia.
El segundo problema es su origen. Al ser un producto marino, puede estar contaminado con metales pesados si no proviene de fuentes controladas. Además, no es recomendable para personas con trastornos tiroideos. Por eso, es fundamental saber de dónde proviene y si está libre de contaminantes.
Pero quizá el mayor engaño no esté en el ingrediente en sí, sino en cómo se usa comercialmente. Algunas cadenas han lanzado cafés con espirulina como productos saludables, cuando en realidad contienen más azúcar que una gaseosa. Una taza puede incluir casi 20 gramos de azúcar, lo que neutraliza cualquier beneficio del alga. Así, la espirulina se convierte en una excusa más para vender productos “naturales” que enmascaran una composición poco saludable.

La conclusión es clara: no hay que dejarse seducir por el marketing de los superalimentos. Antes de sumarse a una tendencia, hay que mirar más allá del color o el nombre. Porque incluso algo tan saludable como la espirulina puede dejar un mal sabor… en más de un sentido.
Fuente: Xataka.