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El país que vive en otro tiempo: donde el año no tiene 12 meses y el calendario marca 2016

Existe un país que no solo mide el tiempo con 13 meses al año, sino que también vive siete años por detrás del resto del mundo. Y su historia es aún más sorprendente.

Mientras la mayoría del planeta organiza su vida en torno a un calendario de 12 meses y da por sentado que estamos en 2025, hay una nación que sigue su propio compás temporal. Con raíces profundamente culturales, espirituales e históricas, este país vive según un sistema completamente diferente, que lo ubica, literalmente, en otra época. Descubrir su historia es viajar a un lugar donde el tiempo tiene otras reglas.

Un calendario que desafía al resto del mundo

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© Minoli – shutterstock

En medio del siglo XXI, existe un país que se rige por un calendario que marca el año 2016 y que no está dividido en los tradicionales 12 meses, sino en 13. Este sistema de medición del tiempo, único en su tipo, no es una excentricidad reciente, sino una práctica milenaria que sigue en vigor.

Este lugar es Etiopía. Ubicada en el Cuerno de África, esta nación mantiene un calendario propio derivado del antiguo calendario alejandrino. La diferencia con el calendario gregoriano que rige en la mayoría de los países se remonta a una discrepancia religiosa: la Iglesia ortodoxa etíope no adoptó las modificaciones introducidas por la Iglesia católica en el siglo VI para corregir la fecha del nacimiento de Cristo. Como resultado, su calendario lleva aproximadamente siete años y ocho meses de atraso respecto al occidental.

Además, el calendario etíope distribuye el año en 12 meses de exactamente 30 días, y un mes adicional —conocido como Pagumē— de cinco o seis días, dependiendo de si el año es bisiesto. Su año nuevo comienza entre el 11 y el 12 de septiembre y, curiosamente, el día se divide también de forma diferente: los etíopes cuentan las horas a partir de las 6:00 a.m., por lo que para ellos las 7:00 son la “primera hora del día”.

Un caso único en el continente africano

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© Framalicious – shutterstock

Pero la singularidad de Etiopía no termina con su forma de contar el tiempo. A diferencia del resto del continente africano, esta nación se enorgullece de no haber sido colonizada formalmente por ninguna potencia europea. En 1895, cuando Italia intentó someterla, fue derrotada en la célebre Batalla de Adwa un año después. Esta victoria no solo preservó su soberanía, sino que reforzó un profundo sentido de identidad nacional.

Años más tarde, Etiopía volvió a ocupar un rol clave en la historia africana: el emperador Haile Selassie fue uno de los impulsores de la Organización de la Unidad Africana, precursora de la actual Unión Africana. Su liderazgo simbolizó una resistencia activa contra la colonización, en un momento en que gran parte del continente seguía bajo dominio extranjero.

Una tierra con historia, cultura y café

Etiopía no solo sorprende por su independencia y su original calendario. También es considerada por muchos científicos como la cuna de la humanidad. En su territorio se encontraron restos fósiles de homínidos que permiten rastrear los orígenes de nuestra especie. El más famoso de estos descubrimientos es el de “Lucy”, una hembra de Australopithecus afarensis hallada en 1974, que vivió hace más de tres millones de años.

Lucy: el fósil que reescribió la historia de la evolución humana
© YouTube – Larepublica.pe

Y si eso no fuera suficiente para destacar su aporte al mundo, también se le atribuye el nacimiento de una de las bebidas más consumidas del planeta: el café. Según la leyenda, fue un pastor llamado Kaldi quien notó que sus cabras se volvían más activas tras comer ciertos frutos. Intrigado, los probó y descubrió su efecto energizante. Así comenzó una tradición que, siglos más tarde, conquistaría cafeterías en cada rincón del planeta.

Donde el tiempo se vive de otra forma

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© shutterstock

Etiopía es una prueba viva de que el tiempo no es una verdad universal, sino una convención cultural. En un mundo cada vez más globalizado, donde los relojes digitales marcan el ritmo de nuestras vidas, este país africano nos recuerda que existen otras formas de medir y vivir el tiempo, profundamente arraigadas en la historia, la espiritualidad y la identidad de un pueblo.

Etiopía no solo vive en 2016. También vive a su manera.

[Fuente: DiarioUNO]

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