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Ciencia

El reactor nuclear británico que divide a Europa: ¿salvación energética o un monstruo imposible?

El Reino Unido apuesta todo a Sizewell C, un gigantesco proyecto nuclear que promete electricidad limpia para seis millones de hogares durante seis décadas. Sus defensores lo presentan como soberanía energética y empleo; sus detractores lo tildan de “monstruo” caro e inviable. Con Francia, China y Alemania tomando caminos distintos, el debate sobre el futuro nuclear europeo está más abierto que nunca.
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El gobierno británico ha lanzado la mayor apuesta nuclear de su historia con la construcción de Sizewell C, una central dotada de dos reactores EPR (Reactor Presurizado Europeo). Mientras Downing Street lo describe como un motor de independencia energética, voces críticas lo señalan como un error descomunal por su complejidad técnica y su coste astronómico. El dilema es claro: ¿estamos ante la salvación energética británica o frente a un monstruo destinado al fracaso?

La joya nuclear de Downing Street

Con un presupuesto de 38.000 millones de libras y una vida útil proyectada de 60 años, Sizewell C pretende duplicar la capacidad nuclear británica hacia 2050. Alimentará seis millones de hogares y dará empleo a miles de trabajadores. El precedente no es halagüeño: Hinkley Point C acumula más de una década de retrasos y sobrecostes que triplican las estimaciones iniciales.

Un diseño tan seguro como complejo

Los reactores EPR son considerados de tercera generación avanzada: pueden generar hasta 1.770 MW, consumen menos combustible y ofrecen medidas de seguridad reforzadas, desde sistemas redundantes de enfriamiento hasta estructuras capaces de soportar impactos y terremotos. Pero esta complejidad técnica ha resultado ser también su talón de Aquiles: en Francia, el EPR de Flamanville tardó 12 años más de lo previsto y cuadruplicó su presupuesto.

Coste para el bolsillo de los británicos

El modelo financiero elegido —“base de activos regulada”— implica que los hogares comenzarán a pagar un recargo en sus facturas antes de que la planta esté en marcha. Así, el riesgo de los sobrecostes recaerá en los contribuyentes, mientras los inversores, como Centrica o La Caisse canadiense, aseguran retornos de más del 10%. Greenpeace advierte que el proyecto puede convertirse en un pozo sin fondo.

Europa dividida ante la energía nuclear

El Reino Unido apuesta fuerte, pero Europa está lejos de un consenso. Alemania cerró su última central en 2023 y España planea clausurar las suyas en 2027. Francia, en cambio, mantiene el 70% de su electricidad en manos nucleares y prepara reactores EPR2 más simples y baratos. Bélgica y Países Bajos reevalúan su estrategia, mientras que los reactores modulares pequeños (SMR) siguen siendo promesas demasiado costosas.

¿Un hito o un error histórico?

Los defensores de Sizewell C creen que, tras la crisis del gas ruso, es imprescindible apostar por la nuclear como garantía de soberanía energética. Sus críticos temen que acabe siendo un monumento a los sobrecostes. La pregunta sigue abierta: ¿será la joya que devuelva a Reino Unido un papel protagonista en el mapa energético o un monstruo de hormigón y varillas que devore el dinero público?

Fuente: Xataka.

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