Saltar al contenido
Ciencia

El riesgoso problema que enfrentan los humanos porque los roedores han mutado y desarrollaron resistencia a los venenos

Unos investigadores descubrieron que hay grupos de roedores con mutaciones genéticas vinculadas a la resistencia contra el veneno.
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

En la Universidad Rutgers de Nueva Jersey los entomólogos e investigadores de control de plagas se encontraban ante un misterio: a lo largo de varios años diversos equipos de control de plagas les habían hablado de historias de terror en que persistían las infestaciones de roedores, a pesar de sus esfuerzos por eliminarlos.

“Los profesionales en control de plagas nos decían que se les hacía cada vez más difícil exterminar a los roedores aunque aplicaran venenos efectivos”, explicó en conferencia de prensa Jin-Jia Yu, del postdoctorado en entomología de la facultad.

Yu y sus colegas lograron entender el por qué. Con análisis genómicos detallados del ADN de 147 ratones domésticos (Mus musculus domesticus) tomados en áreas urbanas de Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania y Washington, D. C. descubrieron que el 84% de los ratones tenían una mutación que les ayuda a resistir a los rodenticidas anticoagulantes. Y más de un tercio (35%) de los 1443 especímenes de rata noruega (Rattus norvegicus) tomadas en las mismas ciudades del noreste, también tenían esas mutaciones, alteraciones polimórficas del gen Vkorc1.

Los anticoagulantes se cuentan entre los compuestos más utilizados para el control de roedores en EE.UU., en parte porque son venenos de acción lenta que disminuyen la posibilidad de que las poblaciones de ratas y ratones relacionen las trampas con el peligro y aprendan a evitarlas.

Estas especies de roedores evolucionan, y son “más que una molestia”, según Changlu Wang, especialista en plagas urbanas, que supervisa el laboratorio de Rutgers donde trabaja Yu. “A medida que la resistencia se hace más común, crece la importancia de usar estrategias basadas en la ciencia para proteger al medio ambiente y la salud pública”.

Miedo y huída

Wang y Yu también estudiaron la divergencia entre la mayor resistencia de los ratones caseros a estos venenos y la alarmante presencia de estas mutaciones en las ratas noruegas. Una de las diferencias, indica su teoría, fue la elevada paranoia en la alimentación.

“Aparte de las diferencias de hábitat, los ratones caseros suelen caracterizarse como neofílicos (les atrae la novedad), en tanto que las ratas tienden a ser neofóbicas (evitan lo novedoso)”, escribieron los investigadores en su trabajo publicado en Pest Management Science.

“En algunos casos las ratas han evolucionado hacia conductas neofóbicas acentuadas en respuesta a los intensivos esfuerzos por el control de su población, como al evitar los contenedores con cebos”. Por eso, y en oposición a lo que uno podría recordar de la película de Pixar Ratatouille, los ratones caseros son una especie más aventurera culinariamente si se los compara con las ratas urbanas.

Yu cree que la selección natural que aprendemos en los libros de texto sobre los ratones, más curiosos y dispuestos a probar los cebos, ha ayudado a acelerar la resistencia a los venenos anticoagulantes en el gen Vkorc1 de los ratones. También hallaron que el 69% de estos ratones tenían una de dos mutaciones específicas, L238S o Y139C, que ya se habían documentado como genes de resistencia al veneno.

Sin embargo, muchas de las otras mutaciones en estas dos especies de roedores eran nuevas, lo que significa que los investigadores tienen que seguir estudiando el impacto preciso de esta alteración en el ADN.

“Encontramos que la resistencia parece ser más generalizada en los ratones caseros de lo que muchos creen, pero la ciencia todavía no sabe si la mayoría de esas mutaciones también afecta la susceptibilidad ante los rodenticidas en las ratas noruegas”.

La vida siempre encuentra cómo

Según Wang (uno de los expertos del país en conducta, ecología y control de plagas urbanas) el nuevo estudio debería servir como advertencia a los profesionales de planificación urbana y control de plagas.

“Esta clase de estudios nos permite entender cómo están cambiando las poblaciones de roedores, y cómo tienen que evolucionar nuestras estrategias de control”, dijo Wang.

En particular, espera que los que tienen a su cargo el control de plagas intenten reducir la dependencia de los rodenticidas químicos, junto al uso más atento de sellar los espacios que usan los roedores para ingresar, mejorando las prácticas de eliminación de residuos, junto al uso de trampas y alterando sus hábitats. Los investigadores dicen que este cambio podría reducir los riesgos que representan los roedores transmisores de enfermedades y los riesgos ambientales del uso aumentado de químicos que pueden filtrarse a las napas de agua, afectando a las personas y la vida silvestre.

“En última instancia lo que queremos es ayudar a las comunidades a mantener un control efectivo de las plagas reduciendo el uso innecesario de pesticidas y protegiendo la salud pública”, expresó Yu.

Compartir esta historia

Artículos relacionados