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Ciencia

Antes de los dinosaurios y de los primeros grandes bosques, una planta ya sabía cerrar sus heridas. China ha conservado en carbón el ámbar más antiguo conocido

Los investigadores recuperaron 241 fragmentos microscópicos de resina fosilizada en una formación del noroeste de China. El hallazgo demuestra que plantas anteriores a la expansión de las especies con semillas ya fabricaban complejas sustancias para sellar heridas y defenderse.
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Mucho antes de que los dinosaurios caminaran sobre la Tierra, antes de que existieran flores y cuando los bosques apenas comenzaban a transformar los continentes, una planta sufrió algún tipo de daño. Quizá fue atacada por un hongo, alcanzada por el fuego o simplemente quebrada por las condiciones de un mundo todavía hostil. Para protegerse, expulsó una diminuta cantidad de resina sobre la herida.

Aquella sustancia viscosa acabó enterrada, comprimida dentro de sedimentos ricos en materia vegetal y preservada durante aproximadamente 385 millones de años. Ahora, un equipo internacional la ha identificado como el ámbar químicamente confirmado más antiguo conocido.

El hallazgo procede de la formación Hujiersite, en el extremo noroccidental de China, y desplaza unos 65 millones de años hacia el pasado el registro seguro de la producción de ámbar. Según indica el estudio publicado en Science Advances, la importancia no reside únicamente en la edad: demuestra que una planta vascular anterior a la diversificación de las plantas con semillas ya poseía una maquinaria química sorprendentemente sofisticada.

No encontraron una joya, sino 241 puntos que brillaban bajo luz ultravioleta

Antes de los dinosaurios y de los primeros grandes bosques, una planta ya sabía cerrar sus heridas. China ha conservado en carbón el ámbar más antiguo conocido
© Luo et al., Sci. Adv., 2026.

El ámbar suele imaginarse como una piedra dorada y translúcida, en ocasiones con insectos, hojas o plumas atrapados en su interior. Nada de eso ocurrió aquí. Los fragmentos encontrados son tan pequeños que el mayor mide solo 1,5 milímetros, mientras que los más diminutos apenas alcanzan una décima de milímetro.

Los investigadores examinaron unos diez kilogramos de carbón procedente de la formación Hujiersite y recuperaron 241 partículas. A simple vista podían confundirse con cualquier otro resto orgánico oscuro incrustado en la roca. La clave fue iluminarlas con radiación ultravioleta: las diminutas inclusiones comenzaron a emitir fluorescencia y destacaron sobre el carbón que las rodeaba.

Sin embargo, que algo brille bajo luz ultravioleta no significa automáticamente que sea ámbar. Una identificación de semejante antigüedad exigía descartar betunes, restos vegetales alterados y otros compuestos orgánicos capaces de imitar su apariencia.

El equipo utilizó microscopía, espectroscopia infrarroja y análisis mediante cromatografía y espectrometría de masas. Los resultados revelaron una estructura molecular rica en compuestos terpenoides y características químicas compatibles con resinas vegetales fosilizadas.

Solo después de combinar todas esas pruebas los científicos concluyeron que estaban ante ámbar auténtico. La composición presentaba semejanzas con resinas asociadas a coníferas posteriores, aunque la planta responsable no era una conífera moderna y su identidad exacta continúa siendo desconocida.

Una defensa vegetal apareció antes de las plantas con semillas

Antes de los dinosaurios y de los primeros grandes bosques, una planta ya sabía cerrar sus heridas. China ha conservado en carbón el ámbar más antiguo conocido
© Luo et al., Sci. Adv., 2026.

Hasta este descubrimiento, el ámbar químicamente confirmado más antiguo procedía del Carbonífero tardío y tenía unos 320 millones de años. Se consideraba probable que hubiera sido producido por plantas con semillas, un grupo que ya contaba con estructuras relativamente avanzadas.

Los nuevos fragmentos pertenecen al Devónico medio, cuando esas plantas todavía no se habían expandido. Esto obliga a buscar al productor entre linajes vasculares más primitivos que no generaban semillas y que hoy, en su mayoría, han desaparecido.

La resina no es simplemente savia endurecida. Fabricarla exige sintetizar complejas moléculas orgánicas (principalmente terpenoides), transportarlas por tejidos especializados y expulsarlas hacia la zona dañada. Una vez en el exterior, la sustancia puede sellar una abertura, reducir la pérdida de agua y dificultar la entrada de microorganismos.

Que una planta devónica ya dominara ese proceso significa que una de las defensas más características de los árboles modernos apareció mucho antes de lo supuesto. El hallazgo se suma a otras innovaciones que estaban cambiando la vegetación en aquel momento, como el desarrollo de tallos más altos, madera, hojas más complejas y sistemas de raíces profundas.

La comparación con una “cura” vegetal no es del todo exagerada. La resina funciona de manera parecida a una costra: cubre la lesión, aísla los tejidos interiores y crea una barrera química frente a amenazas externas. No regenera por sí sola la parte dañada, pero evita que la herida se convierta en una puerta abierta.

El primer ámbar nació en un mundo sin dinosaurios ni bosques modernos

Antes de los dinosaurios y de los primeros grandes bosques, una planta ya sabía cerrar sus heridas. China ha conservado en carbón el ámbar más antiguo conocido
© Luo et al., Sci. Adv., 2026.

Hace 385 millones de años, los continentes tenían una apariencia difícil de reconocer. Todavía faltaban unos 150 millones de años para la aparición de los primeros dinosaurios. No existían flores, aves ni mamíferos, y los ecosistemas terrestres eran mucho más simples que los actuales.

La formación Hujiersite conserva el rastro de un ambiente húmedo y rico en materia orgánica, probablemente compuesto por áreas pantanosas y agrupaciones discontinuas de vegetación vascular. La acumulación y enterramiento de aquellos restos vegetales acabaría formando las vetas de carbón donde quedaron atrapadas las partículas de resina.

Los artrópodos terrestres y los hongos ya estaban presentes, pero los insectos todavía no habían desarrollado la enorme diversidad de relaciones herbívoras que tendrían después. Por eso, los investigadores consideran que la resina no tuvo que surgir originalmente para detener a escarabajos u orugas.

Los incendios, las roturas físicas y los hongos parásitos pudieron ejercer una presión suficiente. Una planta capaz de cerrar rápidamente sus heridas habría tenido más posibilidades de sobrevivir, crecer y reproducirse en aquellos primeros ecosistemas.

Puede haber ámbar todavía más antiguo esperando dentro de otras rocas

Antes de los dinosaurios y de los primeros grandes bosques, una planta ya sabía cerrar sus heridas. China ha conservado en carbón el ámbar más antiguo conocido
© Luo et al., Sci. Adv., 2026.

Los fragmentos no contienen insectos ni ofrecen una ventana detallada a un ecosistema perdido. Su valor es diferente: conservan directamente una innovación metabólica que difícilmente deja huella en los fósiles convencionales.

Los estudios genéticos sugieren que las rutas necesarias para producir terpenos pueden ser anteriores al Devónico medio. Por tanto, el ejemplar de Hujiersite no tiene por qué representar el momento exacto en el que apareció la resina. Es únicamente la prueba física más antigua que ha sobrevivido y ha sido identificada correctamente.

Los autores creen que podrían existir muestras aún más remotas en carbones, lutitas ricas en materia orgánica y sedimentos del Devónico temprano. El problema es que probablemente sean microscópicas, estén muy dispersas y se confundan con otros restos oscuros. Encontrarlas requerirá repetir la misma combinación de luz ultravioleta, extracción minuciosa y análisis químicos.

El ámbar de China no guarda un mosquito ni el ADN perdido de un dinosaurio. Conserva algo más antiguo: el instante evolutivo en el que las plantas comenzaban a equiparse para conquistar definitivamente la tierra firme. Una defensa que todavía vemos salir de los árboles actuales ya estaba funcionando cuando los bosques eran apenas un experimento de la naturaleza.

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