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Mundo

El rincón de Sudamérica que fue llamado la octava maravilla y sigue deslumbrando al mundo

En una región remota y poco transitada de Sudamérica se esconde un paisaje que dejó sin palabras a uno de los grandes naturalistas de la historia. Cascadas furiosas, rocas milenarias y una biodiversidad única convierten a este lugar en un tesoro natural que aún hoy sorprende a quienes logran llegar.
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Lejos de los circuitos turísticos tradicionales y del ruido de las grandes ciudades, existe un escenario natural que parece detenido en el tiempo. Selva, sabana y agua en estado puro se combinan para formar un espectáculo que cautivó a exploradores hace más de dos siglos. Su fama no nació en redes sociales ni en guías modernas, sino en la mirada asombrada de un científico que lo comparó con las grandes maravillas del mundo.

El paisaje que impresionó a un naturalista legendario

En el corazón de la Orinoquía colombiana se encuentra el Raudal de Maipures, un conjunto de rápidos y formaciones rocosas sobre el poderoso Río Orinoco. Este sitio adquirió fama internacional a comienzos del siglo XIX, cuando el naturalista alemán Alexander von Humboldt lo visitó durante sus expediciones por América del Sur.

Impactado por la fuerza del agua y la monumentalidad del entorno, Humboldt lo bautizó en 1800 como “la octava maravilla del mundo”. No se trató de una exageración poética: el científico veía en ese paisaje una síntesis perfecta entre poder natural, antigüedad geológica y biodiversidad.

Hasta hoy, el Raudal de Maipures conserva ese carácter indómito. No es un lugar diseñado para el turismo masivo, sino un espacio donde la naturaleza se manifiesta con una intensidad poco común.

Una maravilla natural forjada por el tiempo

El principal atractivo del Raudal es el choque del Orinoco contra enormes bloques de roca del Escudo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas del planeta. Sus tonos oscuros, pulidos por el agua durante millones de años, contrastan con la espuma blanca de los rápidos.

Entre las curiosidades más llamativas se encuentra el llamado “balancín”: una enorme roca que parece mantenerse suspendida sobre otra, desafiando la fuerza constante del río. Esta imagen se convirtió en un símbolo del lugar y en una muestra visual de la tensión permanente entre agua y piedra.

Más allá de su impacto visual, el sitio representa un reservorio clave de biodiversidad. La combinación de selva, sabana y cursos de agua crea hábitats únicos para numerosas especies animales y vegetales propias de la región.

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©YouTube

El parque que protege un tesoro continental

El Raudal de Maipures se encuentra dentro del Parque Nacional Natural El Tuparro, un área protegida creada en 1970 y declarada Monumento Nacional en 1982. Con más de 548.000 hectáreas, el parque es uno de los espacios naturales más extensos y menos intervenidos de Colombia.

Su importancia fue reconocida a nivel internacional cuando la UNESCO lo designó Reserva de la Biosfera. Allí conviven selvas húmedas, sabanas tropicales, ríos caudalosos y cerros aislados que rompen la horizontalidad del paisaje.

Dentro del parque es posible recorrer senderos naturales, observar fauna silvestre y ascender a elevaciones emblemáticas como los Cerros de Mavecure, desde donde se obtienen vistas panorámicas que revelan la inmensidad del territorio.

Qué experiencias ofrece este destino remoto

Visitar esta región implica aventura y paciencia. El acceso al Raudal de Maipures se realiza principalmente en lancha, combinado con caminatas que pueden durar desde media hora hasta un par de horas. La infraestructura es básica, pensada para viajeros que priorizan la experiencia natural por sobre la comodidad.

Además del raudal, el entorno ofrece otros puntos de interés cercanos, como los cerros Pajarito y Mono, o la llamada Estrella Fluvial del Sur, donde confluyen ríos fundamentales de la cuenca amazónica y orinocense.

Cada recorrido permite apreciar un paisaje distinto, marcado por la interacción constante entre el agua, la roca y la vegetación.

Cuando viajar y por qué sigue siendo un secreto

La mejor época para visitar el Raudal de Maipures es durante la temporada seca, entre diciembre y marzo. En esos meses, el nivel del río desciende y aparecen playas naturales que facilitan el desplazamiento y revelan nuevas formas del relieve.

Durante la temporada de lluvias, la sabana se inunda y el paisaje se transforma por completo. Aunque el acceso puede ser más complejo, el entorno adquiere un aspecto aún más salvaje y verde, con un encanto diferente pero igualmente impactante.

A pesar de su historia y de haber sido llamado “octava maravilla del mundo”, este rincón de Sudamérica sigue siendo un destino poco conocido. Tal vez ahí resida su mayor valor: ofrecer una experiencia auténtica, lejos del turismo masivo, en uno de los paisajes más imponentes del continente.

 

[Fuente: El Cronista]

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