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El secreto en una cucharada: la terapia que está cambiando el destino del cáncer infantile

Un tratamiento experimental creado en un hospital público madrileño ha logrado algo impensado: salvar la vida de ocho jóvenes sin alternativas frente a una leucemia agresiva. Esta terapia celular, diminuta pero poderosa, podría cambiar el futuro de la medicina y desafiar los límites entre la ciencia y el milagro.

En una sala del Hospital La Paz de Madrid, un puñado de células ha hecho historia. No provienen de una farmacéutica multinacional, sino del trabajo de un equipo público que decidió intentar lo imposible. Su creación —un medicamento vivo que cabe en una cuchara— ha devuelto la vida a pacientes para los que la esperanza ya había terminado.

Una revolución nacida de la desesperación

La leucemia linfoblástica aguda tipo B es el cáncer infantil más común, y cuando las terapias convencionales fallan, las opciones se agotan. Pero un grupo de médicos españoles decidió no rendirse. Extrajeron células defensivas de los propios pacientes, las modificaron en laboratorio y las devolvieron convertidas en asesinas de tumores.

El pediatra Antonio Pérez, líder del equipo, presentó los resultados: un 70% de supervivencia tras más de año y medio de seguimiento en once pacientes sin alternativas. Ocho jóvenes siguen vivos gracias a este tratamiento experimental, que la ciencia denomina CAR-T tándem, una evolución de la terapia celular que ya cambió la historia de la oncología.

Entre ellos está Lucía Álvarez, una adolescente gaditana de 15 años que acompañó a médicos y familiares en el anuncio. Diagnosticada con leucemia cuando tenía apenas 17 meses, superó varias recaídas y vio fracasar cada tratamiento hasta que este “medicamento viviente” la salvó. Hoy asiste al colegio y sueña con estudiar biología.

Cómo funciona el medicamento que piensa y ataca

El nuevo CAR-T tándem es un avance dentro de las terapias que emplean los propios glóbulos blancos del paciente. A estas células se les instala un “radar” capaz de detectar proteínas específicas en los tumores. En la versión tradicional, el radar solo reconocía la proteína CD19, pero el cáncer aprendía a esconderla.
El equipo de La Paz rediseñó el sistema para que pudiera identificar dos señales distintas (CD19 y CD22). Este doble anclaje reduce la posibilidad de escape y multiplica la potencia del ataque. En apenas un mes, ocho de los once pacientes vieron desaparecer por completo los rastros del cáncer.

El tratamiento dura poco tiempo y suele consolidarse con un trasplante de médula ósea. Cinco jóvenes pudieron recibirlo, completando un proceso que combina ingeniería genética, inmunología y una precisión casi quirúrgica. Los resultados preliminares, publicados en eBioMedicine, superan ampliamente las expectativas para pacientes sin salida.

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©Karola G

Historias que dan rostro a la ciencia

Lucía no es la única. También está Mathías, un niño de siete años que había pasado media vida hospitalizado. Tras recibir la terapia CAR-T tándem, su tumor desapareció en menos de un mes. Casos así confirman lo que el inmunólogo estadounidense Carl June, creador del primer CAR-T, describió como “resurrecciones de Lázaro”.

Hasta hoy, solo existen ocho tratamientos CAR-T aprobados en la Unión Europea. Siete provienen de farmacéuticas privadas y uno —el ARI-0001, desarrollado en Barcelona— nació también en un hospital público. A diferencia de los precios industriales que superan los 300.000 euros por paciente, los tratamientos académicos como el de La Paz cuestan menos de una tercera parte.

Estos avances demuestran que la innovación médica no depende solo del dinero, sino de la voluntad científica y del apoyo social. La Fundación CRIS Contra el Cáncer ha financiado más de 10 millones de euros para impulsar la investigación, permitiendo que estos ensayos existan fuera del ámbito comercial.

La nueva frontera: editar la vida para salvarla

El doctor Pérez y su equipo no se detienen. En su Unidad CRIS de Terapias Avanzadas ya trabajan con editores genéticos de ADN, una herramienta que permite modificar células donadas para crear tratamientos universales. Esto podría salvar vidas cuando los pacientes no tienen tiempo o sus propias células están demasiado dañadas.

La inspiración le vino durante su estancia en el hospital londinense Great Ormond Street, donde conoció el caso de Alyssa, la primera paciente tratada con células ajenas reescritas genéticamente. Esa experiencia reforzó su convicción de que los hospitales públicos deben liderar la investigación en cáncer infantil, un terreno que ofrece pocos incentivos a la industria farmacéutica.

Cada año, unos 400.000 niños y adolescentes son diagnosticados con cáncer en el mundo. En España son unos 1.500, con una supervivencia del 80%. Pero aún hay dos de cada diez a los que la ciencia no logra salvar. Por ellos, Pérez insiste en que la investigación pública debe continuar.

Una cucharada de esperanza

Cuando Lucía dijo ante la prensa “estoy muy contenta de estar aquí”, su frase resonó con doble sentido. No era solo gratitud, sino una prueba viviente de lo que la ciencia puede lograr.

Este “medicamento viviente” no es una metáfora: son células reprogramadas que viajan dentro del cuerpo para combatir lo incurable. Y aunque caben en una cuchara, contienen algo inmenso: la posibilidad de que el futuro de la medicina se escriba con vida.

 

[Fuente: El País]

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