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Ciencia

El secreto guardado por los fósiles: descubren una especie de dinosaurio tras 100 años de olvido

Un grupo de paleontólogos revisó huesos mal catalogados durante más de un siglo en una colección de Nuevo México y descubrió una nueva especie de dinosaurio gigante. El hallazgo cambia la historia evolutiva de los “picos de pato” en América del Norte.
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Un gigante que dormía en los estantes del museo

Durante más de un siglo, los restos de un dinosaurio herbívoro de nueve toneladas descansaron en silencio en una colección científica de Nuevo México. Eran piezas conocidas, clasificadas hace décadas como parte de otra especie. Pero una nueva mirada, apoyada en tecnología moderna y rigor comparativo, reveló la verdad: se trataba de un animal completamente distinto.

El estudio, publicado en el Boletín Científico del Museo de Historia Natural de Nuevo México y citado por Muy Interesante, identifica al nuevo dinosaurio como Ahshislesaurus wimani, un hadrosáurido de cabeza plana y pico ancho que habitó el suroeste de Laramidia —la porción occidental de América del Norte— hace unos 75 millones de años.

Este hallazgo no solo amplía el catálogo de especies conocidas, sino que también reescribe parte de la historia evolutiva de los hadrosaurios, uno de los grupos más exitosos del Cretácico superior.


La revisita que cambió la historia

Todo comenzó con la revisión de fósiles recolectados en 1916 por el geólogo John B. Reeside Jr. en la zona de Ah-shi-sle-pah Wilderness, en el condado de San Juan, Nuevo México. Durante décadas, los huesos fueron atribuidos al conocido Kritosaurus navajovius, pero la reevaluación de sus rasgos morfológicos —liderada por el paleontólogo Sebastian Dalman y su equipo— demostró que pertenecían a una especie diferente.

El nombre Ahshislesaurus wimani rinde homenaje al lugar del hallazgo y al investigador sueco Carl Wiman, quien fue el primero en estudiar esos restos en la década de 1930.

“Lo más fascinante es que esta especie estaba literalmente frente a nosotros desde hacía más de cien años”, explicó Dalman. “Solo hacía falta mirar de nuevo con otras preguntas y nuevas herramientas”.


Rasgos únicos de un herbívoro colosal

Los fósiles recuperados —un cráneo parcial, vértebras y fragmentos mandibulares— permitieron estimar que el animal medía más de 10 metros de largo y pesaba alrededor de nueve toneladas.

Su cráneo era plano y sin ornamentaciones, a diferencia de otros hadrosaurios con crestas prominentes, y su mandíbula formaba un amplio pico de pato, ideal para triturar plantas blandas y pastos de las llanuras pantanosas que cubrían la región durante el Cretácico.

Estas características lo sitúan dentro de los saurolofinos, un grupo muy diverso de hadrosáuridos que dominaron los ecosistemas de América del Norte antes de la extinción masiva hace 66 millones de años.


El valor de revisar el pasado

El hallazgo de Ahshislesaurus demuestra que las colecciones históricas aún pueden guardar sorpresas científicas. Muchos fósiles recolectados en las primeras expediciones del siglo XX fueron descritos con técnicas limitadas y sin el contexto evolutivo que hoy manejan los paleontólogos.

La región de Ah-shi-sle-pah, cuyo nombre significa “sal, es gris” en lengua navajo, es una formación de areniscas y arcillas con abundantes restos fósiles. Allí coexistieron hadrosaurios, anquilosaurios, ceratópsidos y depredadores como el temido Bisti Beast.

Revisar esos materiales con tecnología moderna —desde escaneos 3D hasta análisis comparativos digitales— permite reescribir capítulos enteros de la historia natural del continente.


Un nuevo mosaico evolutivo

El estudio propone que Ahshislesaurus wimani y Naashoibitosaurus ostromi conforman un clado de hadrosáuridos de cabeza plana distinto al linaje de Kritosaurus. Esto refuerza la hipótesis de que existieron faunas diferenciadas por latitud en América del Norte, con especies adaptadas a ecosistemas particulares del antiguo continente de Laramidia.

El hallazgo también ayuda a reconstruir la biogeografía del Cretácico: los investigadores creen que estas especies habitaban zonas costeras y pantanosas, donde alternaban migraciones estacionales en grandes manadas.


Mirar atrás para descubrir lo nuevo

Para el equipo del Museo de Nuevo México, este hallazgo es solo el comienzo. Otros huesos de la misma región —fémures, húmeros y vértebras dispersas— podrían pertenecer también a Ahshislesaurus, lo que permitiría conocer mejor su anatomía, edad y variabilidad.

“Cada cajón de museo puede esconder una nueva especie”, resume Dalman. “La paleontología no siempre avanza excavando, a veces lo hace mirando de nuevo lo que ya teníamos”.

El caso de Ahshislesaurus wimani recuerda que la historia de la vida en la Tierra aún guarda secretos y que, incluso después de millones de años, un hueso olvidado puede devolver la voz a un gigante perdido en el tiempo.

Fuente: Infobae.

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