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Tecnología

El sol prometía salvación… pero el calor extremo tenía otros planes

España apostó fuerte por la energía solar, soñando con un futuro limpio gracias a su generoso sol. Pero la implacable ola de calor del verano está revelando fisuras ocultas en el sistema eléctrico. ¿Qué ocurre cuando el remedio se convierte también en parte del problema?
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La energía solar siempre se vio como una de las grandes bazas de España frente al cambio climático. Horas y horas de sol al año, una red de renovables en expansión y el respaldo de una ciudadanía concienciada. Sin embargo, este verano extremo está desvelando un escenario menos optimista: bajo temperaturas récord, incluso las tecnologías más limpias muestran sus límites.

Una demanda que no duerme ni de noche

España atraviesa una de las olas de calor más intensas jamás registradas. Junio batió récords históricos, y todo apunta a que julio seguirá la misma senda. Las consecuencias no se notan solo en los termómetros: también están afectando a la red eléctrica. Cuando millones de personas encienden el aire acondicionado o el ventilador en busca de alivio, el sistema eléctrico entra en zona crítica.

El sol prometía salvación… pero el calor extremo tenía otros planes
© Hoan Ngọc – Pexels

El precio del megavatio hora llegó a alcanzar los 167 euros en horario nocturno, una cifra fuera de lo habitual. ¿La razón? A esa hora la producción solar se ha esfumado, pero el calor en las ciudades persiste gracias al efecto “isla de calor”: el asfalto y el hormigón retienen el calor del día, impidiendo que la demanda energética disminuya tras la puesta de sol.

El sol no siempre basta: las renovables también sufren

Aunque la lógica sugiere que más sol significa más electricidad, la realidad es más compleja. Los paneles solares pierden eficiencia con temperaturas elevadas, llegando a reducir su rendimiento hasta un 25 %. Por cada grado extra, se calcula una merma del 0,5 %. Además, las olas de calor suelen traer consigo una atmósfera estable, sin viento: otro golpe para la eólica.

El 1 de julio, las renovables generaron más de la mitad de la electricidad nacional. Pero esa cifra es engañosa si no se observa por franjas horarias: al caer la noche, la solar desaparece del mix y el sistema debe recurrir a los ciclos combinados de gas, mucho más caros y contaminantes.

El sol prometía salvación… pero el calor extremo tenía otros planes
© Zuper_Dragon- Pexels

Un sistema que camina por el filo

El temor a los apagones no es solo paranoia. España ya sufrió un aviso el 28 de abril. Aquel episodio obligó a activar mecanismos de emergencia para evitar el colapso, pero a costa de encarecer la factura regulada. Desde entonces, Red Eléctrica Española mantiene centrales de respaldo listas aunque no se usen, lo que incrementa de forma estructural los costes del sistema.

El estrés al que se enfrenta la red este verano evidencia un problema de fondo: sin almacenamiento suficiente, sin microrredes y sin herramientas de respuesta rápida ante crisis, incluso las mejores intenciones energéticas pueden tambalearse. Las renovables son clave, pero necesitan una infraestructura más sólida que las respalde.

Fuente: Xataka.

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