Actualmente, las miradas apuntan ahora al Sol. No por romanticismo ni por energía limpia, sino por una razón más inquietante: nuestra estrella madre se encuentra a punto de alcanzar su fase más intensa en más de una década, y eso podría tener consecuencias tangibles aquí en la Tierra.
Una tormenta que viene del espacio

Julio de 2025 será testigo de un fenómeno tan esperado como temido: el Sol alcanzará el pico de su actual ciclo de actividad con alrededor de 115 manchas solares. Este número no es arbitrario. Las manchas solares son indicadores de una mayor inestabilidad magnética, que puede desencadenar llamaradas solares y eyecciones de masa coronal, capaces de impactar directamente sobre nuestro planeta.
Este ciclo, que se repite cada 11 años, no es nuevo para los científicos. Sin embargo, en esta ocasión se presenta con una intensidad que ha llamado la atención de la comunidad astronómica internacional. Se trata de una fase crítica conocida como “zona de combate”, en la que campos magnéticos opuestos se enfrentan, generando perturbaciones violentas en la superficie solar.
El riesgo es real, advierten los expertos

Para Scott W. McIntosh, físico solar y director del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de EE.UU., lo que se avecina no debe subestimarse. El experto denomina a este punto del ciclo como “evento terminator”, una etapa en la que el potencial de tormentas geomagnéticas “importantes y peligrosas” es más alto que nunca.
Estas tormentas pueden afectar sistemas clave como satélites, redes eléctricas, GPS y comunicaciones globales. Y aunque no todas las erupciones solares generan impactos directos, algunas sí pueden causar apagones o interferencias en infraestructuras sensibles. El reciente incidente energético en España —aunque oficialmente desligado de causas solares— ha encendido las alertas en un contexto global de vulnerabilidad.
Energía solar en el centro del debate
España batió su récord histórico de producción solar en 2024 con más de 44.500 GWh generados, un 18,9 % más que el año anterior. El día del apagón, más del 70 % de la energía del país dependía del Sol. Esto, aunque admirable en términos de sostenibilidad, también genera preguntas sobre cómo proteger sistemas eléctricos cada vez más descentralizados ante posibles alteraciones solares.
Mientras tanto, la Aemet descartó fenómenos meteorológicos terrestres como causa del apagón, y la Red Eléctrica negó cualquier vínculo con el uso de renovables. Aun así, el contexto no podría ser más sensible: en medio de un ciclo solar extraordinario, cualquier variación inesperada en la magnetosfera terrestre podría desatar efectos en cadena.