Dicen los libros de historia que cuando
Léo Major era un crío, su padre lo acusaba constantemente de ser un cobarde que
jamás tendría éxito en la vida. El chico se tomó las palabras como un reto y
se probó hasta el extremo, liberando una ciudad entera de los nazis sin ayuda
de nadie. Ah, y con un solo ojo.
El que se iba a convertir en una leyenda
de la historia bélica nació el 23 de enero de 1921, en New Bedford,
Massachusetts, de padres francocanadienses. Ese mismo año, el contrato de
trabajo de su padre se terminó, así que regresaron a Montreal, Québec.
Con 14 años, Major se fue de casa harto
de los abusos físicos y psicológicos de su padre con una idea en la cabeza:
demostrarle que estaba equivocado y que podía estar orgullosos de él. Así fue
como se unió al ejército canadiense en 1940. Tenía tan solo 19 años.
Comenzó con el Royal 22nd Regiment. Sin
embargo, el chico quería ir a Europa de inmediato, por lo que se transfirió al
Régiment de la Chaudière, espacio donde se hizo amigo del cabo Willy Arsenault.
En el conocido como día D en Normandía, los canadienses desembarcaron en Juno Beach. Mientras los
alemanes inmovilizaban al resto en la orilla, Major y otros cinco se lanzaron a
través de una lluvia de balas, bombardeando un búnker y tomando prisioneros a
12 alemanes supervivientes.
Durante el combate fue herido por una
granada, ocasionándole la pérdida de la visión en su ojo izquierdo. Sin
embargo, se negó a regresar a casa, argumentando que solo necesitaba “un ojo para
ver en un rifle”. De esta forma, el soldado se puso un parche y pasó a formar
parte del pelotón de exploración, espacio donde se hizo un experto con el uso del
rifle, ganándose la reputación de sus compañeros como un excelente
francotirador.
El primer gran evento de esta figura
legendaria ocurrió unos meses después, en la denominada como la Batalla de
Scheldt, justo al sur de la frontera holandesa. Cincuenta reclutas británicos
habían desaparecido, y Major partió solo para encontrarlos. A la mañana
siguiente, se encontró con un contingente esparcido fuera de una casa del pueblo, por lo que entró silenciosamente.
Dentro había un oficial alemán dormido.
Mirando por la ventana, vio a más alemanes durmiendo en zanjas. Estaba claro
que los británicos habían sido tomados como prisioneros en otro lado. Apuntó
con su arma al oficial, lo despertó y le dijo que reuniera a sus hombres. Había
cientos de soldados, pero cuando su comandante les ordenó que se rindieran y
siguieran a Major, todos obedecieron. Ese día, un único soldado consiguió traer
de vuelta a 93 prisioneros de guerra, todos vivos.
El 27 de febrero de 1945, Léo se
encontraba fuera de la ciudad alemana de Keppeln. Se había sacado un tanque
Tiger de encima y estaba ayudando al capellán del regimiento a cargar cadáveres
en un camión. Ambos se dirigieron a una mina, matando tanto al capellán como al
conductor.
Major fue llevado a un hospital de
campaña con un tobillo torcido, cuatro costillas rotas y la espalda destrozada en
tres zonas diferentes. De nuevo, se negó a regresar a Inglaterra.
Después de una semana, el hombre se fugó y encontró refugio en una familia
holandesa con la que había entablado amistad.
En abril de 1945, el regimiento de Major
se acercaba a la ciudad de Zwolle. Sus comandantes pidieron que dos voluntarios
realizaran un reconocimiento e informaran sobre el número de tropas alemanas
que patrullaban la ciudad. Si era posible, también pidió a los voluntarios que
se pusieran en contacto con la resistencia holandesa, ya que el regimiento
debía comenzar a bombardear la ciudad al día siguiente.
Hablamos de un momento de la historia en
que Zwolle tenía una población de alrededor de 50.000 personas, dicho de otra
forma, era bastante probable que un gran número de civiles inocentes figuraran
entre las víctimas.
Junto a su amigo Willy Arseneault, Léo comenzó
a deslizarse hacia la ciudad. Willy fue asesinado por soldados alemanes
alrededor de la medianoche, poco después de que la pareja se encontrara con una
barricada. Sin embargo, y antes de su muerte, el cabo fue capaz de matar a su
atacante.
Enfurecido, Major tomó la ametralladora
de su amigo y corrió hacia el enemigo como si se tratara de un John Rambo del
pasado, matando a dos de los soldados alemanes restantes mientras el resto huía
en un vehículo. El soldado continuó su paso hasta dar con un coche alemán. El
conductor fue capturado y lo tomó como cebo: aceptó llevarlo con su comandante, quien se
encontraba en una taberna cercana.
En el establecimiento, se informó al
oficial que las fuerzas canadienses comenzarían a disparar artillería pesada
contra la ciudad en pocas horas, lo que provocaría la muerte de muchos soldados
alemanes y civiles. El oficial no era fanático de Hitler y parecía entender el
razonamiento. Después, Major le devolvió el arma al conductor (en un gesto de buena
voluntad) y comenzó a correr por las calles disparando una ametralladora y
lanzando granadas.
Las granadas hicieron mucho ruido, pero
se aseguró de colocarlas donde no causarían mucho daño ni a la ciudad ni a sus
ciudadanos. La idea era hacer creer al enemigo que las tropas aliadas estaban
muy cerca.
Lo cierto es que su “campaña de terror”
durante la noche surtió efecto. Los soldados alemanes comenzaron a entrar en
pánico, pensando que un gran cuerpo de fuerzas canadienses los estaban atacando. Sobre las 4 de la mañana la mayor parte de los alemanes habían desaparecido. Toda una
guarnición había sido derrotada por tan solo un hombre tuerto.
En las primeras horas de la mañana tropezó con un grupo de ocho soldados. Aunque le apuntaron con un arma, mató a cuatro e hizo huir al resto. El propio Major escapó de la confrontación sin lesiones y con un solo lamento: más tarde declaró que sentía que debía haberlos matado a todos.
La ciudad de Zwolle había sido liberada
sin la necesidad de la muerte de civiles o de muchos de los soldados a ambos
lados de las líneas que habrían tomado parte de la batalla.
Por cierto, Major solicitó la ayuda de varios civiles holandeses
para recuperar el cuerpo de su amigo Willy. Solo después de que el cuerpo de su
compañero fue recuperado, informó al comandante que no había “ningún
enemigo” en la ciudad. Entonces sí, el ejército canadiense entró en Zwolle libre de enemigos alemanes. Por sus acciones, Major recibió una Medalla a la Conducta y, suponemos, dejó de pensar en aquellas palabras de su padre cuando era un crío. [Wikipedia, WarHistory]