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Ciencia

El volcán que “respira” tras 700.000 años: Taftan se eleva 9 cm y enciende las alarmas silenciosas

Un estratovolcán remoto del sureste de Irán, Taftan, ha crecido 9 centímetros en 10 meses. El patrón de deformación detectado por radar satelital (InSAR) apunta a gases presurizados en su sistema hidrotermal, posiblemente impulsados por un aporte magmático. No hay erupción inminente, pero sí riesgo de explosiones freáticas y necesidad de vigilancia.
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Durante siglos, Taftan fue poco más que una silueta de 3.940 metros perdida en el sureste iraní. Sin registros de erupciones recientes, muchos lo daban por “extinto”. Ahora, una señal milimétrica pero inequívoca —9 centímetros de elevación en 10 meses, concentrada en la cumbre— cambia el guion. La explicación científica mira hacia dentro: gases acumulados, fluidos calientes y un sistema hidrotermal que podría estar respondiendo a un nuevo pulso de magma. Empieza la fase de preguntas (y de preparativos).

¿Qué ha pasado exactamente?

Entre julio de 2023 y mayo de 2024, datos InSAR revelaron un abombamiento localizado cerca de la cima de Taftan. Este patrón de deformación sugiere incremento de presión interna y encaja con un sistema hidrotermal alimentado por gases. Las lluvias o sismos intensos han sido descartados como causas principales; el motor más probable es un aporte de magma en profundidad que “empuja” el sistema.

Un “extinto” que nunca estuvo dormido del todo

Taftan es un estratovolcán de lava y ceniza con emisión regular de gases. Su aparente silencio eruptivo en los últimos 10.000 años alimentó la etiqueta social de “extinto”, pero la desgasificación sostenida indica actividad interna. En volcanología, la ausencia de erupciones recientes no equivale a muerte geológica: la historia está llena de reactivaciones tras largas pausas.

¿Hay erupción a la vista?

No hay señales que apunten a una erupción magmática inminente. El escenario más plausible a corto plazo son explosiones freáticas: estallidos repentinos cuando el agua o fluidos calientes se vaporizan cerca de la superficie. Pueden expulsar gas y fragmentos, generar columnas de vapor y dispersar compuestos irritantes.

Riesgos inmediatos y alcance

El riesgo prioritario es local: proyecciones de material, gases irritantes y episodios de olor a azufre en función del viento. La ciudad de Khash, a ~50 km, podría notar episodios esporádicos. En estos contextos, la información clara y la preparación comunitaria reducen la incertidumbre y evitan sobrerreacciones.

Qué recomiendan los científicos

  • Vigilancia instrumental básica: red sísmica y GPS para registrar microtemblores y deformación.
  • Química de gases: seguimiento continuo de SO₂, CO₂ y vapor en fumarolas y laderas para detectar cambios de presión.
  • Monitoreo satelital InSAR: series temporales para captar deformaciones milimétricas.
  • Gestión del riesgo: mapas de peligros, rutas de evacuación e instrucciones sencillas para aldeas cercanas.

Lección de fondo: dormir no es estar muerto

Los volcanes “silenciosos” pueden reactivarse con señales sutiles: abombamientos, cambios en gases, sismicidad débil. Taftan ilustra el valor de la teledetección y de pasar de la etiqueta “extinto” a la categoría operativa que importa: ¿qué hace hoy el sistema? La respuesta, por ahora, es clara: respira. Y conviene escucharlo.

 

 

Fuente: Infobae.

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