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Ciencia

El yacimiento chileno que obligó a reescribir la llegada de los humanos a América podría haber estado mal fechado. Nuevas dataciones reducen miles de años su antigüedad y reabren el debate sobre el origen del poblamiento del continente

Monte Verde cambió la historia al desafiar el modelo Clovis. Ahora, un nuevo estudio cuestiona sus fechas clave y devuelve el debate al punto de partida.
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Durante décadas, el nombre de Monte Verde fue casi sinónimo de revolución científica. Este yacimiento del sur de Chile rompió el consenso dominante al sugerir que los humanos habían llegado a América miles de años antes de lo que indicaba la cultura Clovis. No era un detalle menor: obligó a replantear rutas migratorias, tiempos y hasta la forma en que entendemos la expansión humana.

Ahora, ese mismo sitio vuelve a sacudir el tablero. Pero en dirección contraria.

El yacimiento que lo cambió todo… podría no ser lo que creíamos

El yacimiento chileno que obligó a reescribir la llegada de los humanos a América podría haber estado mal fechado. Nuevas dataciones reducen miles de años su antigüedad y reabren el debate sobre el origen del poblamiento del continente
© US Geological Service.

Un nuevo estudio liderado por el arqueólogo Todd Surovell propone que Monte Verde no tiene 14.500 años de antigüedad, como se aceptó durante décadas, sino que su ocupación humana estaría entre los 8.200 y 4.200 años antes del presente. La diferencia no es pequeña. Son miles de años menos.

Y eso es suficiente para que el yacimiento deje de ser una prueba sólida contra el modelo tradicional de poblamiento, que situaba la llegada de los primeros humanos a América a través de Beringia hace unos 14.000 años.

El problema no era el sitio, sino cómo se interpretó

La clave del estudio no está solo en las nuevas fechas, sino en la explicación de por qué las anteriores podían estar equivocadas. Los investigadores identificaron un fenómeno conocido como “redeposición”: materiales mucho más antiguos —como madera de la Edad de Hielo— habrían sido arrastrados y mezclados con capas más recientes del yacimiento. Esto habría generado dataciones engañosamente antiguas.

Dicho de forma sencilla: no todo lo que se estaba fechando pertenecía realmente al momento en que vivieron los humanos en el sitio.

Una capa de ceniza que lo cambia todo

Uno de los argumentos más sólidos del nuevo análisis es la presencia de una capa de ceniza volcánica datada en unos 11.000 años.

Si Monte Verde hubiera estado ocupado hace 14.500 años, esa capa debería encontrarse por encima de los restos humanos. Pero no es así. La disposición geológica indica que la superficie donde se asentaron los humanos ni siquiera existía en esa época. Es un detalle técnico, sí, pero también devastador para la cronología anterior.

El efecto dominó: vuelve el debate sobre cómo llegamos a América

Durante años, Monte Verde fue la gran evidencia a favor de la hipótesis costera: la idea de que los primeros humanos llegaron bordeando el Pacífico, mucho antes de que se abriera el corredor libre de hielo en Norteamérica. Si su antigüedad se reduce, ese argumento pierde fuerza.

Eso no significa que la migración costera sea falsa, pero sí que deja de tener uno de sus pilares más sólidos. Y, al mismo tiempo, devuelve credibilidad a otras teorías que habían quedado en segundo plano, como la entrada por el interior del continente.

No es una corrección menor, es una llamada de atención

El yacimiento chileno que obligó a reescribir la llegada de los humanos a América podría haber estado mal fechado. Nuevas dataciones reducen miles de años su antigüedad y reabren el debate sobre el origen del poblamiento del continente
© T. A. Surovell et al. 2026.

El estudio también deja algo más incómodo sobre la mesa: la posibilidad de que otros yacimientos “tempranos” en América estén afectados por problemas similares.

De hecho, investigaciones previas ya habían señalado que muchos sitios del sur presentan mezclas de materiales de distintas épocas, lo que complica su interpretación. En contraste, los yacimientos del norte (especialmente en Alaska) muestran una integridad mucho mayor. Eso abre una pregunta inevitable: ¿cuánto de lo que creemos saber sobre los primeros americanos está realmente bien fechado?

La historia no se rompe, pero vuelve a moverse

Lejos de cerrar el debate, este trabajo lo reabre con más fuerza. No niega la posibilidad de una llegada temprana a América, pero sí obliga a revisar las pruebas con más cautela. Porque en arqueología, como en tantas otras disciplinas, una fecha no es solo un número: es el punto de apoyo de toda una narrativa.

Y cuando ese punto cambia, todo lo demás empieza a moverse otra vez.

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