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Elden Ring tiene un modo fácil

Todo depende de hasta qué punto estés dispuesto a esforzarte por activarlo.

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El modo fácil no funciona con osos. Nada funciona con los malditos osos.
El modo fácil no funciona con osos. Nada funciona con los malditos osos.
Imagen: FROM Software

Si has llegado hasta aquí buscando un truco secreto para pasarte a Radhan o a Margit lamento comunicarte que has venido al lugar equivocado. Lo que viene a continuación es un airado artículo de opinión escrito por un mal jugador que está harto de que otros malos jugadores se quejen de que Elden Ring es muy difícil. Eso sí, si prestas atención quizá descubras que en el fondo sí hay un truco para pasarse a cualquier boss.

Establecido este primer aviso a navegantes vayamos muy rápido a resumir el tema que nos ocupa. Atiende, que diría el gañán:

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Es una aseveración doblemente dura porque además lo digo convencido de que perdería ese duelo contra cualquiera que lo aceptara. Amo los videojuegos, pero no soy especialmente hábil jugando a nada. Mi coordinación mano-ojo es, cuanto menos, precaria. Podría decirse incluso que soy lo que popularmente se conoce como un “manco”.

Ha habido bosses de Bloodborne que me mataron 37 veces (contadas) antes de poder vencerlos, y he perdido la cuenta de las ocasiones que he tratado de huir de un enemigo haciendo la croqueta solo para caerme por un precipicio. En Elden Ring a menudo me pongo nervioso y me equivoco con los botones en pleno combate y salto del caballo en vez de galopar (con catastróficos e hilarantes resultados). Otras veces empiezo a conjurar un encantamiento solo para que el jefe de turno se abalance sobre mi, interrumpa mi hechizo y me mate de tres guantazos consecutivos (probablemente con una mueca de desprecio debajo del yelmo). Este fantástico vídeo de Carbot Animations define muy bien mi experiencia (y la de mucha gente) con el nuevo juego de FROM Software.

Pero ser un manco no me ha impedido terminar Bloodborne dos veces y haber acabado ya con decenas de bosses en Elden Ring, algunos de ellos con fama de ser especialmente complicados. ¿Margit, el profeta caído? Dos asaltos. Godrick cayó en tres intentos. El lobo rojo de Radagon no pasó del primero. Rennala sucumbió en tres, y porque en el primer asalto no sabía lo que había que hacer y en el segundo no sabía que había dos fases. No, no estoy presumiendo. Como acabo de decirte, soy un manco, sí...

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...pero no soy un vago.

Hay dos tipos de jugadores de Elden Ring: los deportistas y los administradores. Los primeros son esos seres bendecidos con unos reflejos y una coordinación sobrehumanos por el cruel dios de la genética. Son esos jugadores capaces de pasarse a Malenia en calzoncillos y con un palo, los Ronaldos y Messis del streaming. Esa gente que no solo juega bien, sino que lo hace bonito. Llegan a un poblado infestado de enemigos, saltan del caballo y despachan al primer guardia con un elegante mandoble volador solo para darse la vuelta, fulminar a otro con un conjuro y parar al tercero de forma impecable antes de abrirle en canal con una finta giratoria. Huelga decir que envidio profundamente a esa gente tanto como disfruto viendo su manera de jugar porque es espectacular.

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Me encantaría poder jugar así, pero las armas que me ha dado la vida son otras menos nobles.
Gif: FROM Software

Los administradores somos los que no atinamos tanto con los botones, pero tenemos el don de saber cómo optimizar recursos hasta extremos altamente letales. Somos esos jugadores que descubrimos que combinando ese talismán con aquel casco y ese hechizo y subiendo esa habilidad podemos convertir el palo normal y corriente del deportista en una máquina de matar bosses de uno o dos golpes. Nuestro juego no es bonito, ni espectacular. De hecho a menudo cae en lo que un sabio definió en su día como “acción miserable”.

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Los administradores somos esos jugadores que atraen a un caballero maullando desde la espesura solo para apuñalarlo vilmente por la espalda. Nos escondemos debajo de una piedra y lanzamos cuatro flechas al jefe que le van bajando la salud hasta matarlo mientras intenta alcanzarnos inútilmente. No estoy hablando en sentido figurado. En Elden Ring maté a mi primer dragón a base de flechas de las que desangran lentamente mientras me parapetaba debajo de una ruina con alegre desparpajo y cobardía. Eso fue antes de descubrir mi arma secreta favorita, que es un aliento de dragón que vomita podredumbre y enfermedad. Básicamente les disparo a los jefes una nube de caca superpotenciada y luego me pongo fuera de su alcance mientras veo como mueren lentamente de asco. No es bonito. No es elegante, pero funciona.

La gran diferencia de Elden Ring respecto a los anteriores juegos de FROM Software es que la nueva creación de Miyazaki me permite ser todo lo tramposo que quiera y retorcer las estadísticas en mi favor. En BloodBorne o en los Dark Souls, cuando te atascabas con un enemigo no podías hacer nada más que intentarlo una y otra vez, quizá cambiar de arma, y seguir dándote de cabezazos contra el mismo muro hasta romperlo o desistir. En Elden Ring puedes recorrer todo el mapa y subir de nivel todo lo que quieras antes de cualquier combate. ¿No puedes con un enemigo? Pues ¡Corre! Corre como alma que lleva el diablo y ya volverás a esa cueva otro día porque correr es el arma secreta de Elden Ring. Corriendo puedes llegar a todas partes. Puedes probar todas tus armas y afinar tus conjuros hasta dar con un combo que sea letal a pesar de tus no-tan-buenas habilidades a la hora de pulsar botones en la décima de segundo precisa.

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Miyazaki ha integrado todos los ingredientes de un modo fácil en su última creación solo que, en la mejor tradición del maestro japonés, eres tú el que debe cocinar esos ingredientes para que el modo fácil se haga realidad para ti, y solo para ti. Resulta que activar el modo fácil no era para nada sencillo, y encima depende de cada jugador, de su personalidad y de sus habilidades. A mi me funcionan los conjuros de magia de dragón, pero quizá a ti te funcione la destreza con las armas de asta o los conjuros de sangre. Quizá haya un arquero oculto en ti. La búsqueda del modo fácil implica pasar incontables horas conociéndote a ti mismo, tu manera de jugar, y trabajando tu personaje. Al parecer hay gente a la que no le gusta eso de obtener resultados esforzándose.

Si no te has detenido a admirar este paisaje aunque sea por un instante no mereces seguir jugando.
Si no te has detenido a admirar este paisaje aunque sea por un instante no mereces seguir jugando.
Imagen: FROM Software
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Incluso administrando tu personaje hasta la perfección, Elden Ring no es para nada un juego fácil. Tener nivel 200 no te convierte en un semidios, y hay bosses que pueden seguir liquidándote de dos guantadas. No me cabe ninguna duda de que más adelante Miyazaki me obsequiará con un enemigo inmune a mi nube de caca y tendré que buscar otra estrategia para seguir adelante, pero hasta eso se puede hacer. En FROM Software han querido poner las cosas tan fáciles con Elden Ring que hasta hay un objeto que te permite resetear todas tus habilidades y volver a asignar los puntos que ganaste desde que empezaste a subir de nivel. Me dicen que puedo hacer eso en BloodBorne y lloro de alegría.

Solo hay un enemigo imbatible en Elden Ring, y son las prisas. Ser un buen administrador implica tener cuantiosas dosis de paciencia, pero hasta eso es positivo, porque si hay algo que Elden Ring puede enseñarte es a tener santa paciencia. No debería de importarte que haya jugadores capaces de terminar el juego en media hora. De hecho, terminar esta obra maestra en media hora me parece una obscenidad, una falta de respeto a un equipo de desarrollo que ha sido capaz de dejar un cadáver señalando sutilmente a un muro ilusorio que oculta un tesoro que no es necesario para acabar el juego. Ojalá Elden Ring me dure tantos años como me duró Skyrim solo para poder apreciar sus maravillosos paisajes y reunir todas las fascinantes piezas de su historia.