Es el planeta más caliente del sistema solar. Venus es un mundo hostil con una presión atmosférica aplastante y temperaturas en su superficie tan altas como para derretir el plomo. Debido a su implacable entorno, se creía que Venus destruiría cualquier nave espacial que se enviara a su superficie sin dejar rastro de éstas. Pero en un trabajo de investigación reciente se sugiere que tal vez haya algunos artefactos que todavía no se destruyeron del todo.
Un equipo de arqueólogos espaciales se propuso entender hasta dónde podía quedar preservado el material que queda en la superficie de Venus. Analizaron 15 misiones que visitaron el planeta entre 1965 y 1985, y sospechan que al menos siete han soportado los embates de Venus y quedaron como reliquias del legado espacial en la superficie del planeta.
Sus hallazgos, publicados en Geoarchaeology, sugieren que a pesar del extremo calor y la corrosiva atmósfera de Venus, los lentos procesos geológicos y su estabilidad climática tendrían un alto potencial para preservar los artefactos espaciales a largo plazo.
Un viaje al infierno
Venus se ganó el título de gemelo malvado de la Tierra debido a sus temperaturas extremas y su atmósfera tóxica. A pesar de que los planetas son idénticos en masa, tamaño y composición, Venus tiene una densa atmósfera que atrapa el calor por efecto invernadero y su superficie llega a los 467 °C según la NASA. La presión atmosférica en Venus también es increíblemente alta, unas 93 veces mayor que la de la Tierra a nivel del mar.
Basándose en lo que se conoce de Venus, los investigadores suponían que las naves espaciales no sobrevivirían durante mucho tiempo al tocar su superficie. Y para poder entender mejor el potencial de Venus para preservar los restos de sus visitantes, quienes llevaron a cabo el nuevo estudio recrearon el duro entorno de Venus en el laboratorio Glenn Extreme Environments Rig (GEER) de la NASA.
Encabezado por Luca Forassiepi, arqueólogo espacial e investigador independiente, el equipo llevó a cabo un estudio de la Sonda Pioneer de la NASA, lanzada en 1978. Su objetivo era recoger datos sobre la atmósfera de Venus, descendiendo hacia la superficie del planeta.
Lo sorprendente fue que la pequeña sonda sobrevivió al fuerte impacto y transmitió datos desde la superficie durante 67 minutos y 37 segundos antes de que la vencieran las altas temperaturas, las presiones atmosféricas, y el agotamiento de la energía. Pero la simulación de laboratorio mostró que algunas partes de la sonda podrían haber sobrevivido durante mucho tiempo después de la última transmisión de la misión.
Artefactos espaciales
La sonda Pioneer estaba mayormente fabricada con titanio con estantes de berilio y cajas de equipamiento de aluminio en el interior. Las pruebas en el entorno venusiano simulado del GEER mostraron que el titanio tiene una excelente resistencia a las condiciones de la superficie de Venus, por lo que la sonda podría haber conservado su forma, según este estudio.
El equipamiento de aluminio también se habría mantenido casi intacto, ya que la resistencia de este metal es similar a la del titanio. Las arandelas y sellos para mantener la presurización en la sonda probablemente ya no existan debido a la prolongada exposición al entorno del planeta.
El estudio mostró que, tras el descenso hacia la superficie, la sonda habría sufrido daños, pero no se habría destruido del todo. Las nubes de Venus son de ácido sulfúrico de alta concentración, lo que probablemente haya agrietado y deformado la sonda cuando descendía. Pero los autores del estudio creen que algún día una nave espacial con una gran capacidad de tomar imágenes podrá tomar fotos de la sonda Pioneer deformada en el sitio donde tocó la superficie, después de tantos años.
Basándose en sus hallazgos, el equipo de investigadores cree que al menos siete de las sondas que visitaron Venus han sido lo suficientemente resistentes como para perdurar en su superficie, y tal vez sigan estando allí. Son naves espaciales que no solo representan parte de la historia de la exploración espacial, sino que además podrían brindar información para futuras misiones a otros mundos igual de infernales e inhóspitos.
Hay varias misiones planificadas para explorar Venus en los próximos años, como la DAVINCI de la NASA (de investigación de la atmósfera profunda, gases, química e imágenes) y la VERITAS. La fecha tentativa para estas misiones sería 2030 y 2031 respectivamente.