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Ciencia

Está bien que les grites a las gaviotas

Un nuevo estudio sugiere que las molestas aves son sensibles a la forma en que les digamos algo
Por Margherita Bassi Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Les sucede a muchos de los que van a las playas: te sientas sobre la toalla y abres el envoltorio de tu sándwich preparándote para disfrutar de tu almuerzo viendo el mar y con los pies en la arena. Cuando miras hacia arriba, las ves. Son las gaviotas que sobrevuelan y van acercándose cada vez más, dispuestas a robarte tu comida. Si tu primera reacción es instintiva y les gritas, un nuevo estudio indica que no te equivocas. 

En un trabajo publicado hoy en Biology Letters, los investigadores probaron diferentes formas de ahuyentar a las gaviotas de un contenedor cerrado que contenía comida y estaba sobre el suelo (avisamos que no hubo humanos perjudicados ni lesionados en este estudio). Sus resultados confirman lo que muchos suponíamos: los gritos son una buena forma de mantener a las gaviotas alejadas de tu almuerzo.

“Al tratar de ahuyentar a una gaviota que intenta robarte la comida, es probable que con hablarles sea suficiente, pero lo más efectivo para que se alejen volando será gritarles”, dijo en declaraciones Neeltje Boogert, investigadora del Centro de Ecología y Conservación de la Universidad de Exeter y coautora del estudio.

¡Esa es mi comida!

El estudio probó tres formas de ahuyentar a las gaviotas. Cuando una se acercaba a la comida, hacían sonar una grabación de la voz de un hombre que gritaba: “No, aléjate. ¡Esa es mi comida!”; otra grabación con la misma voz decía lo mismo pero en tono normal, sin gritar; y otra sonaba con el canto “neutral” de un petirrojo. Al finalizar el trabajo, probaron esos métodos con 61 gaviotas de nueve ciudades costeras de Cornwall. Decidieron utilizar grabaciones de cinco hombres “ya que la mayoría de los delitos contra la vida silvestre los cometen hombres”, según las declaraciones.

Documentaron que casi la mitad de las gaviotas que oían los gritos se alejaban volando en menos de un minuto. El 15% de las que oían la voz en tono normal se fueron volando y el resto caminando al percibir el peligro. En cuanto al canto del ave, el 70% de las gaviotas permanecía cerca de la comida mientras duró el experimento.

“Encontramos que las gaviotas urbanas se mantenían más alerta, vigilando, y picoteaban menos el contenedor de la comida cuando oían la voz masculina, ya sea con gritos o en tono normal”, explicó Boogert. “Pero la diferencia estaba en que había más probabilidades de que se alejaran volando con los gritos, y caminando si la voz hablaba en tono normal”.

Lo interesante es que la diferencia en la reacción no tenía que ver con el volumen de la voz masculina porque tanto los gritos como el tono normal se emitieron al mismo volumen. Eso indica que las gaviotas son sensibles a las diferencias en las propiedades acústicas de las voces humanas.

“Parece que las gaviotas prestan atención al modo en que les decimos las cosas, algo que no creemos que se haya visto antes en ninguna otra especie silvestre sino solo en las domesticadas que durante generaciones han criado los humanos, como los perros, los cerdos y los caballos”, explicó Boogert.

Palabras sí, manos no

Aunque podrían interpretarse los resultados de este estudio como arma en la perpetua defensa de nuestros picnics, la intención de los investigadores en realidad es demostrar que no hace falta recurrir a la violencia física. A pesar de lo que puedan sugerir muchos de los que fueron lesionados por gaviotas, “la mayoría de las gaviotas no son tan valientes como para robarle comida a una persona, y creo que más que todo les han hecho mala fama”, dijo Boogert.  “No queremos que la gente las lastime. Son una especie con precaución de conservación, y este experimento muestra que hay formas pacíficas de disuadirlas, que no tienen que ver con el contacto físico”.

Eso significa que con las gaviotas no hay que llegar a las manos, como sí suele suceder cuando la pelea es entre hermanos.

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