Esta es toda la porquería que sale de un puerto Lightning si no lo limpias durante años

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Foto: Justin Westbrook (Gizmodo)

Hace seis meses, comencé a temer que iba a tener que comprar un nuevo smartphone. El iPhone 7 que llevaba usando desde hacía tres años comenzó a tener problemas graves de carga hasta el punto de que el conector Lightning dejó de funcionar cuando le intentaba conectar los auriculares.

No tenía ningunas ganas de gastarme mil dólares en un nuevo iPhone. No me gusta el tamaño de los iPhones recientes más grandes y aún hoy me sigue sin gustar el puerto Lightning como única toma disponible para auriculares.

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Todo el problema parecía provenir del puerto Lightning y la cosa se puso tan ma que mi relación con el teléfono comenzó a ser bastante tóxica. El colmo llegó durante un vuelo largo entre California y Nueva York. Mi laptop se había quedado sin batería y no había películas gratis en el sistema de entretenimiento a bordo, así que mi plan pasó a escuchar música con el iPhone el resto del viaje. Cuál no fue mi sorpresa cuando la canción One, Two Step de Ciara comenzó a sonar a todo volumen por los altavoces del teléfono (con las consecuentes miradas molestas del resto de pasajeros) a pesar de que los auriculares Lightning estaban supuestamente conectados.

Tras forcejear con el teléfono 10 minutos, me di por vencido y traté de dormir, pero fue la peor siesta que recuerdo en mucho tiempo. No solo acabé teniéndole manía a esa canción, sino que además acabé invirtiendo en unos Airpod para no tener el mismo problema en el futuro.

Entonces fue cuando comenzaron los problemas de carga. Conectaba el cable y en el iPhone aparecía el icono de carga. En cuanto apagaba la pantalla, el teléfono dejaba de cargar. Muy irritante

Con el paso de los meses acabé con la manía de tocar el botón de encendido cada dos por tres para mantener el iPhone cargando, o peor aún, cargar una batería portátil primero, y después usarla para cargar el smartphone, truco que aparentemente sí funcionaba. Era un parche chapucero, pero al menos me evitaba tener que gastarme un dineral en un móvil nuevo.

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Eso me llevó a una mañana en la que me desperté a las 5:30 pese a que la alarma estaba puesta a las 7. Soy de los que creen que intentar volver a dormirte cuando ya te has despertado y no tiene sueño es contraproducente. El universo me había despertado por alguna razón, así que eché mano al iPhone en la mesita de noche a ver qué pasaba en el mundo. El maldito no había estaba cargando durante la noche y apenas le quedaba un soplo de batería.

No es la mejor forma de empezar el día, pero me motivó para investigar qué demonios le pasaba al terminal de una vez por todas. Al fin y al cabo, tenía aún una hora libre antes de salir hacia el trabajo.

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Al principio pensaba que el problema era que los pequeños contactos internos del puerto Lightning se habían dañado tras años de uso y no sujetaban el cable correctamente. En su día incluso llegué a enredar en el puerto con un clip pensando que quizá había un objeto extraño ahí metido, pero no encontré nada.

Esa mañana me senté frente a la ventana y comencé a examinar detenidamente el maldito puerto. Tras un buen rato vislumbré algo de color en el interior. “Ahí está!”, pensé. Hay algo raro ahí dentro. En mi modorra matutina eché mano del objeto puntiagudo y fino que tenía más a mano para tratar de extraer aquellas hebras de color: un maldito clavo. Esto es lo que saqué:

Foto: Justin Westbrook (Gizmodo)
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A estas alturas ya supondrás que no me siento precisamente un genio. Podía haber diagnosticado que el puerto estaba lleno a rebosar de pelusas muchos meses antes y me habría ahorrado muchos disgustos. En su lugar estuve a punto de comprar un móvil nuevo. La experiencia ha sido bastante humillante, pero al menos he aprendido algo extensible a cualquier propietario de un iPhone: limpia tu puerto de vez en cuando.

Mi método fue bastante rústico y hubo un par de momentos en los que el metal del clavo chirrió alarmantemente contra las paredes internas del puerto, pero funcionó. Poco a poco extraje cada hebra de pelusa hasta completar tres años de porquería acumulada.

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Un consejo: si después de leer esto sufres un repentino ataque de higiene y decides limpiar el puerto Lightning de tu iPhone, no uses un clavo. No lo intentes en absoluto. Yo tuve suerte, pero meter objetos extraños en el puerto es la mejor manera de romperlo. Si tu móvil tiene problemas de carga acude a un centro autorizado por Apple donde lo limpiarán con un cepillo especial que usan precisamente ara sacar toda la porquería sin dañar el puerto. Si pese a todo quieres hacerlo tú mismo, usar una pieza de plástico como la de un gancho de higiene dental probablemente sea mejor opción que un clavo.

Foto: Justin Westbrok (Gizmodo)
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Después de todos estos disgustos, de darme cuenta de que no soy tan higiénico como creía, y de la extraña satisfacción de desalojar pelusas de su cara vivienda la historia cierra con final feliz. Conecté un cable lightning y escuché un característico “clic” que hacía años que no escuchaba.

En cuanto a la pelusa, no tiene nada de raro que se haya acumulado tanta. Siempre llevo el móvil en el bolsillo y los bolsillos de los pantalones son un imán de pelusa y pequeñas hebras de tejido que se van soltando de las prendas. El dormitorio tampoco es el lugar más libre de pelusas o polvo del mundo, y yo siempre lo cargaba ahí.

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Si un día de estos pasas por un centro comercial y da la casualidad de que ves una tienda Apple no tengas verguenza en pasarte un minuto a que revisen el puerto Lightning. Tu iPhone te lo agradecerá.

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