El USS Zumwalt nació para transformar la guerra naval. Su casco furtivo, su sistema de propulsión eléctrica y sus dos enormes cañones de 155 milímetros prometían convertirlo en una plataforma capaz de atacar objetivos terrestres desde el mar.
Sin embargo, el programa terminó siendo muy distinto de lo proyectado. El aumento de los costos obligó a la Armada de Estados Unidos a reducir la clase de 32 destructores previstos a solo tres. Sus municiones especiales resultaron demasiado caras y la flota quedó atada a sistemas exclusivos, difíciles de reparar y sostener.
Ahora, el Pentágono intenta darle una nueva utilidad mediante uno de sus proyectos armamentísticos más ambiciosos: los misiles hipersónicos Conventional Prompt Strike, conocidos como CPS.
Los cañones fueron reemplazados por cuatro tubos gigantes
El USS Zumwalt ingresó al astillero de Pascagoula, Mississippi, en agosto de 2023. Durante la transformación, sus dos sistemas Advanced Gun System fueron retirados y el espacio interno se adaptó para instalar grandes tubos verticales de lanzamiento.
La nueva configuración incluye cuatro tubos, cada uno con capacidad para alojar tres armas CPS. En teoría, el destructor podría transportar hasta 12 misiles hipersónicos, aunque la Armada decidirá cuántos llevará realmente durante cada operación.
El astillero HII completó las primeras pruebas de navegación en enero de 2026. La Armada espera finalizar la modernización durante el último trimestre del año fiscal 2026, que termina en septiembre. No obstante, el lanzamiento de un misil desde el propio barco no se realizaría hasta 2027. Por eso, el Zumwalt está preparado físicamente para el nuevo armamento, pero todavía no posee una capacidad hipersónica completamente probada en el mar.

Un arma para alcanzar objetivos fuertemente protegidos
El CPS no funciona como un misil de crucero convencional. Un cohete de dos etapas eleva un vehículo planeador hasta las capas superiores de la atmósfera. Después de separarse, ese vehículo desciende a velocidades superiores a Mach 5 mientras modifica su trayectoria hacia el objetivo.
La combinación de velocidad y maniobrabilidad complica su detección e interceptación. Su misión será atacar desde grandes distancias instalaciones de alto valor y fuertemente defendidas utilizando una carga convencional, no nuclear.
El Zumwalt fue elegido porque dispone de espacio y de un sistema eléctrico capaz de generar aproximadamente 78 megavatios. Esa arquitectura distribuye energía entre la propulsión, los sensores y los sistemas de combate, ofreciendo margen para incorporar tecnologías futuras.
La transformación también expuso sus problemas internos
La modernización no avanzó según lo previsto. La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos, GAO, calcula que el programa de los tres destructores acumula 24 meses de retraso.
Durante los trabajos del primer buque se retiró más cableado del esperado y fue necesario instalar nuevas conexiones. La Armada añadió 230.000 horas de trabajo no planificado, valoradas en 20 millones de dólares. También aparecieron fallos al apagar y reiniciar por primera vez algunos componentes de su compleja red eléctrica.
El costo previsto para modernizar los tres barcos aumentó de 1.800 millones a por lo menos 2.000 millones de dólares. Además, la clase todavía presenta problemas de fiabilidad, escasez de repuestos y dependencia de componentes que no comparte con el resto de la flota.
Los misiles son tan escasos como costosos
La otra limitación está fuera del barco. En abril de 2026, cada misil CPS tenía un costo medio estimado de 67 millones de dólares. La fábrica puede producir actualmente entre seis y siete unidades al año, muy por debajo de las 12 necesarias para estabilizar la fabricación.
También se detectaron problemas con revestimientos térmicos, piezas incompletas, instrucciones de montaje demasiado complejas y una elevada rotación de trabajadores. En conjunto, el Ejército y la Armada proyectan invertir más de 50.000 millones de dólares en desarrollar y desplegar esta tecnología en barcos, submarinos y plataformas terrestres.
Los misiles hipersónicos pueden darle al USS Zumwalt una misión mucho más clara, pero no borran los errores de su historia. Estados Unidos ha encontrado una utilidad estratégica para su destructor futurista; lo que aún debe demostrar es que puede fabricar suficientes armas, mantener operativos tres barcos únicos y hacerlo sin que los costos vuelvan a escapar de control.