Nanga Parbat. Wikimedia Commons

En el a√Īo 2013, una carta firmada por Zhang Jingchuan se publicaba en Internet. La misma comenzaba as√≠: ‚ÄúEs muy dif√≠cil encontrar las palabras para describir lo que nos sucedi√≥. Pero creo que el asunto es tan serio que necesito y debo hablar sobre √©l abiertamente‚ÄĚ. La escalofriante historia comenz√≥ unos meses atr√°s.

El nombre de Nanga Parbat puede que no te diga mucho, pero para un reducido n√ļmero de personas es casi un mito, una leyenda, y un espacio donde mucha gente se ha dejado la vida. Situada en la cordillera del Karak√≥rum (Pakist√°n), se trata de la novena monta√Īa m√°s alta del mundo, con 8.125 metros.

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Nanga Parbat. Wikimedia Commons

Su historia, como la de los grandes ochomiles del planeta, est√° plagada de relatos de superaci√≥n, pero tambi√©n de grandes desastres. Fue en 1895 cuando se inici√≥ oficialmente el primer intento por hacer cima. El legendario Albert Mummery gui√≥ una expedici√≥n al pico, y alcanz√≥ casi 7.000 metros en la cara Diamir (Oeste), aunque Mummery y dos compa√Īeros Gurkha murieron m√°s tarde reconociendo la cara Rakhiot.

A la expedici√≥n de Mummery le siguieron muchas m√°s, logr√°ndose la primera ascensi√≥n el 3 de julio de 1953 por el austriaco Hermann Buhl. Para entonces, 31 personas hab√≠an muerto ya en la monta√Īa.

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Hermann Buhl. Wikimedia Commons

Hoy, y tras el m√≠tico Annapurna, el Nanga Parbat acumula la segunda mayor siniestralidad de todos los ochomiles en la historia del alpinismo. Han sido innumerables los accidentes y fallecimientos producidos en la monta√Īa, fundamentalmente debido al mal tiempo caracter√≠stico de la zona y a los constantes aludes que barren sus inmensas paredes.

Sin embargo, nunca, en todo la historia del alpinismo, se había dado una masacre como la ocurrida el 23 de junio de 2013.

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Ataque en Himalaya

Campo base donde ocurrió todo. Wikimedia Commons

En realidad, todo comenz√≥ un poco antes de la medianoche del 22 de junio. Por aquellas fechas se acababa de dar el pistoletazo de salida de la temporada de escalada de tres meses en la remota provincia de Gilgit-Baltistan, en el norte de Pakist√°n, una regi√≥n monta√Īosa donde los ataques a los extranjeros han sido muy escasos, m√°s bien m√≠nimos.

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Unos 50 escaladores, un grupo selecto con varios ochomiles a sus espaldas, habían subido hasta Nanga Parbat. La mayoría de ellos estaban por encima del campamento base preparándose para la cumbre, dejando a una docena en el campamento base, a unos 4 mil metros. Esos escaladores, un chino-estadounidense, tres ucranianos, tres chinos, dos eslovacos, un nepalí, un lituano y un pakistaní, junto con un cocinero pakistaní, comenzaban la pesadilla cuando vieron acercarse a un grupo.

Jingchuan (derecha). GoKunming

Se trataba de 16 hombres con uniformes paramilitares. Los tipos comenzaron a correr gritando hacia la zona del campamento base. Ten√≠an cuchillos y Kalashnikovs rusos, sacaron a los 12 escaladores de sus tiendas, los obligaron a arrodillarse sobre la hierba congelada por el fr√≠o, y les ataron las mu√Īecas con una cuerda mientras les dec√≠an claramente: ‚ÄúAl Qaeda!‚ÄĚ.

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En un primer momento, todos pensaron que se trataba de un robo. Los intrusos, al descubrir a un escalador paquistan√≠ que hablaba el dialecto local, el urdu, lo instruyeron a preguntar a los dem√°s si ten√≠an dinero en sus tiendas, agregando que aquellos que mintieran ser√≠an castigados. ‚ÄúSi encontramos dinero, y lo est√°s escondiendo, te matamos‚ÄĚ.

Uno de los escaladores era Zhang Jingchuan, quien tuvo bastante claro cuando vio a los tipos armados romper los port√°tiles y los tel√©fonos, que estaba a punto de morir. Los hombres que lo amenazaban no eran ladrones normales. Jingchuan, de 42 a√Īos, fue uno de los que m√°s sufri√≥, ya que lo sacaron de la tienda de campa√Īa en ropa interior t√©rmica y con los pies descalzos, le ataron las manos como al resto y le ordenaron arrodillarse. Sus dos compa√Īeros, los monta√Īistas chinos Yang Chunfeng y Rao Jianfeng, ya estaban afuera bajo el fr√≠o glacial con el ca√Ī√≥n de un Kalashnikov apuntando a sus cabezas.

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Lo cierto es que Zhang ten√≠a algo que no ten√≠an ninguno de sus compa√Īeros: experiencia en este tipo de situaciones. Ex soldado veterano del ej√©rcito chino, el alpinista tuvo una extra√Īa sensaci√≥n sobre la forma deliberada en que los atacantes recogieron sus pasaportes y tomaron fotos de todos. En lugar de hacerse con los aparatos electr√≥nicos, los estaban rompiendo con piedras.

ista de la arista donde se intersectan las paredes Diamir y Rupal. Wikimedia Commons

Unas horas despu√©s, el hombre decide jug√°rsela. Cuando los escaladores fueron conducidos a un prado al borde del campamento, not√≥ que los talibanes separaban al escalador pakistan√≠ del resto del grupo. ‚ÄúDe repente, hubo disparos‚ÄĚ, le cont√≥ Zhang a los medios. Estaban matando uno a uno a todos los escaladores, y Zhang aprovech√≥ el momento para dejarse caer al suelo e intentar liberar sus mu√Īecas de la cuerda.

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Una bala roz√≥ su cuero cabelludo, lo que le caus√≥ una peque√Īa brecha de sangre que comenz√≥ correr sobre su cara. Luego record√≥ o√≠r gritos mientras los atacantes caminaban lentamente hacia la siguiente v√≠ctima, disparando a los escaladores con una sola bala en la cabeza.

A 4.100 metros, cerca del campamento base Rakhiot. Wikimedia Commons

El alpinista se levant√≥ de un salto en posici√≥n vertical y derrib√≥ al atacante m√°s cercano, luego corri√≥ descalzo en medio de la noche mientras escuchaba los gritos y s√ļplicas de sus compa√Īeros junto con el sonido de los disparos de los terroristas. Zigzagueando como lo hab√≠an entrenado en el pasado, avanz√≥ unos 30 metros antes de saltar a un acantilado, cayendo sobre una pendiente y rodando hacia las sombras de un barranco.

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All√≠ permaneci√≥ oculto durante 40 minutos, quiz√°s m√°s, tiritando de fr√≠o medio desnudo y descalzo mientras los pistoleros lo persegu√≠an al grito de: ‚Äú¬°Allahu Akbar!‚ÄĚ ‚Äú¬°Osama bin Laden Zindabad!‚ÄĚ.

Al cabo de un tiempo, Jingchuan dej√≥ de escuchar el ruido de los terroristas, se hizo el silencio en la monta√Īa. Descalzo como estaba y en ropa interior t√©rmica, Zhang se escondi√≥ detr√°s de un bloque de hielo, luchando contra la hipotermia. Una hora despu√©s, decidi√≥ regresar al campamento, si ten√≠a que morir, lo har√≠a luchando por su supervivencia.

Nanga Parbat. Wikimedia Commons

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Al llegar a la zona, una tenue luz brillaba en el lado m√°s alejado de las tiendas: los atacantes segu√≠an all√≠. Jingchuan mantuvo las distancias, se arrastr√≥ hasta su tienda, se puso su chaqueta y sus botas, y encontr√≥ un tel√©fono satelital que no estaba da√Īado. El hombre sali√≥ sigilosamente y escal√≥ por encima del campamento base, llam√≥ a una l√≠nea de emergencia local y esper√≥ a que la suerte estuviera de su lado.

Cuando sali√≥ el sol, lleg√≥ un helic√≥ptero militar paquistan√≠ y Zhang descendi√≥ al campamento base. Los atacantes se hab√≠an ido. El hombre hab√≠a salvado la vida, pero el resto de sus compa√Īeros hab√≠an muerto asesinados.

Aquel día se produjo el peor ataque terrorista del país contra extranjeros en una década. Acostumbrados a todo tipo de riesgos que amenazan la vida, los escaladores han afrontado la inestabilidad política de Pakistán desde hace mucho tiempo para escalar sus picos de clase mundial. Sin embargo, nadie estaba preparado para un ataque así.

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Al parecer, y seg√ļn afirm√≥ la polic√≠a d√≠as despu√©s, los talibanes se estaban vengando por el asesinato de Osama Bin Laden. Cuatro d√≠as despu√©s del ataque, Zhang baj√≥ de un avi√≥n en Urumqi, China, y abraz√≥ a su mujer y su hijo. Hab√≠a sido el √ļnico superviviente en el conocido como ‚Äúataque al Himalaya‚ÄĚ.[Wikipedia, The Guardian, Wikipedia, Climbing]