En un mundo donde el ritmo acelerado muchas veces empuja la cena a horas tardías, nuevas investigaciones sugieren que esta práctica cotidiana podría tener consecuencias mayores de las que imaginamos. Comer en sincronía con los ritmos naturales del cuerpo no solo mejora la digestión, sino que también puede protegernos de afecciones metabólicas graves. Aquí te contamos por qué es hora de repensar cuándo y cómo cenamos.

Comer con el reloj biológico, no contra él
Investigadores han demostrado que el cuerpo humano está mejor preparado para procesar alimentos durante la mañana. En esas primeras horas, órganos como el páncreas y el hígado trabajan de forma más eficiente, lo que favorece la regulación del azúcar en sangre y la absorción de nutrientes. Por la noche, en cambio, su capacidad disminuye, lo que complica el manejo de comidas copiosas.
Según la doctora Marta Garaulet, priorizar el desayuno y el almuerzo en lugar de concentrar las calorías en la cena puede reducir la inflamación y mejorar la sensibilidad a la insulina. El Instituto Nacional de Salud (NIH) respalda esta perspectiva al señalar que desfasar las comidas con respecto al ritmo circadiano puede incrementar el riesgo de enfermedades crónicas.
Beneficios de comer temprano y liviano
Una investigación de la Universidad de Aberdeen, liderada por la profesora Alexandra Johnstone, encontró que quienes desayunan más fuerte tienden a sentir menos hambre a lo largo del día. Esto facilita el control de peso y reduce el riesgo de comer en exceso por la noche. Además, se ha observado que quienes distribuyen sus comidas en porciones pequeñas a lo largo del día logran un índice de masa corporal más bajo y una mejor calidad nutricional.
No obstante, el NIH advierte que comer demasiadas veces al día sin cuidar la calidad de los alimentos también puede ser contraproducente.

Consejos prácticos y advertencias nocturnas
El doctor Frank Scheer, del Brigham and Women’s Hospital de Boston, señala que la melatonina —hormona del sueño— aumenta antes de acostarse y reduce la secreción de insulina, lo que dificulta procesar correctamente una cena pesada. Además, alterar los horarios de comida afecta la microbiota intestinal, lo que puede impactar negativamente en la salud metabólica y cardiovascular.
Los expertos recomiendan empezar el día con un desayuno rico en proteínas (como yogur, huevos o legumbres), almorzar de forma equilibrada y evitar cenas abundantes. Si el hambre aparece por la noche, lo ideal es optar por snacks saludables y ligeros, como frutas, vegetales o proteínas magras.
Fuente: Infobae.