Solemos imaginar las órbitas como caminos fijos alrededor de una estrella. Pero en realidad pueden cambiar de orientación con el tiempo. TOI-1355 b ofrece ahora un ejemplo especialmente claro de ese fenómeno.
Un equipo liderado por Noriharu Watanabe, de la Universidad de Tokio, comparó observaciones realizadas entre 2019 y 2024 con el telescopio espacial TESS y varios instrumentos terrestres. Descubrieron que el planeta no cruza siempre por la misma zona del disco de su estrella.
Un Júpiter caliente que pasa cada 2,17 días
TOI-1355 b es un gigante gaseoso con unas 5,84 masas de Júpiter y un radio 1,42 veces mayor, y completa una órbita en apenas 2,17 días. Su estrella está a unos 806 años luz, en la constelación de Cefeo, y tiene aproximadamente dos masas solares.
El planeta también posee una órbita relativamente excéntrica para un Júpiter caliente, con un valor cercano a 0,22.

Su tránsito se está desplazando hacia el borde
Los astrónomos utilizan una medida llamada parámetro de impacto para describir a qué distancia del centro de la estrella pasa un planeta desde nuestra perspectiva.
En TOI-1355 b, ese valor pasó de 0,853 en 2019 a 0,928 en 2024. El cambio equivale a un incremento aproximado de 0,016 por año. En las observaciones más recientes, el tránsito ya era prácticamente rasante.
Si la evolución continúa, llegará un momento en que el planeta pase completamente por fuera del disco visible de la estrella.
La responsable es la precesión nodal
El fenómeno se denomina precesión nodal.
Puede imaginarse como una peonza cuyo eje cambia lentamente de inclinación mientras sigue girando. En este caso, el planeta continúa orbitando normalmente, pero el plano de su órbita se va reorientando.
La rápida rotación de la estrella, de unos 80,8 kilómetros por segundo, podría contribuir al fenómeno al generar un campo gravitatorio que no es perfectamente simétrico.
En 2033 dejaríamos de verlo transitar
Si la tendencia actual se mantiene, los investigadores calculan que los tránsitos desaparecerán hacia mediados de 2033. TOI-1355 b seguirá orbitando su estrella exactamente igual, pero desde la Tierra ya no veremos su silueta cruzar por delante de ella.
Eso supone perder una herramienta científica muy valiosa.
Durante un tránsito, parte de la luz de la estrella atraviesa la atmósfera del planeta, permitiendo estudiar su composición mediante espectroscopia. Los próximos años ofrecen, por tanto, una ventana limitada para investigar su atmósfera antes de que esa alineación desaparezca.
TOI-1355 b recuerda algo fundamental: las órbitas no son vías rígidas dibujadas en el espacio. Son estructuras dinámicas que pueden deformarse, inclinarse y evolucionar.
Y en este caso, los astrónomos están viendo ese cambio prácticamente en tiempo real.