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Ciencia

La contaminación de un planeta podría ser la pista más clara de que allí existe una civilización alienígena

Los astrónomos estudian gases industriales como CFC, dióxido de nitrógeno y compuestos fluorados porque algunos podrían actuar como “tecnofirmas” y revelar actividad tecnológica a decenas de años luz.
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Durante décadas, la búsqueda de inteligencia extraterrestre se ha asociado sobre todo con radiotelescopios esperando captar una señal artificial. Pero existe otra posibilidad mucho menos elegante: que una civilización alienígena no tenga que enviarnos ningún mensaje porque su propia contaminación la delate.

La idea forma parte de la búsqueda de tecnofirmas, señales observables que podrían ser producidas por una civilización tecnológica. Entre ellas se incluyen emisiones de radio, láseres, grandes estructuras artificiales e incluso alteraciones químicas en la atmósfera de un planeta. NASA considera desde hace años que ciertos contaminantes industriales podrían formar parte de esa lista.

El razonamiento es sencillo: una sociedad capaz de desarrollar industria, producir energía o modificar el clima de su planeta podría dejar compuestos químicos que serían difíciles de explicar mediante procesos naturales.

Podemos analizar una atmósfera sin viajar hasta ella

La clave está en la espectroscopia.

Cuando un exoplaneta pasa por delante de su estrella, una pequeña parte de la luz estelar atraviesa su atmósfera antes de llegar hasta nosotros. Las moléculas presentes absorben determinadas longitudes de onda y dejan un patrón característico en el espectro.

Así es posible inferir la presencia de gases situados a decenas o incluso cientos de años luz.

El problema es que hacerlo con planetas rocosos pequeños resulta extremadamente difícil. NASA señala que la cantidad de luz bloqueada por la atmósfera de un mundo similar a la Tierra puede ser inferior al 0,02 % de la luz de su estrella.

Aun así, algunos contaminantes podrían resultar especialmente interesantes.

La contaminación de un planeta podría ser la pista más clara de que allí existe una civilización alienígena
© Facts And Stuff By D – Youtube.

El dióxido de nitrógeno podría delatar una industria

Uno de los candidatos es el dióxido de nitrógeno, NO₂.

En la Tierra se genera en procesos naturales como los rayos, pero una gran parte de sus emisiones también está relacionada con la combustión de combustibles fósiles.

Un estudio apoyado por NASA propuso que concentraciones anormalmente altas de NO₂ podrían actuar como tecnofirma en determinados exoplanetas. Sin embargo, no sería una prueba automática de inteligencia porque existen fuentes naturales que también pueden producirlo.

Eso obliga a estudiar todo el contexto del planeta antes de concluir que hay fábricas alienígenas funcionando allí.

Los CFC serían una pista mucho más extraña

Más interesantes todavía son los clorofluorocarbonos, conocidos como CFC.

En la Tierra fueron utilizados ampliamente como refrigerantes y propelentes antes de ser restringidos por su impacto sobre la capa de ozono.

Hasta donde sabemos, no existen procesos biológicos capaces de producir grandes cantidades de estos compuestos. Por eso, detectar determinados CFC en una atmósfera extraterrestre sería una señal mucho más difícil de explicar mediante procesos naturales.

Incluso podrían no ser contaminación accidental. Una civilización avanzada podría utilizar gases artificiales deliberadamente para calentar un planeta frío y modificar su clima.

Hay gases artificiales que podrían verse con James Webb

Investigaciones más recientes han estudiado compuestos como hexafluoruro de azufre (SF₆), tetrafluorometano (CF₄), hexafluoroetano (C₂F₆) y octafluoropropano (C₃F₈).

Estos gases tienen una característica muy interesante: absorben fuertemente radiación infrarroja y algunos permanecen durante largos periodos en una atmósfera.

Un estudio de 2024 analizó si el James Webb podría detectarlos en TRAPPIST-1 f, un planeta situado a unos 40 años luz. Las simulaciones indican que mezclas relativamente abundantes de algunos de estos gases podrían llegar a detectarse después de observar varios tránsitos. En determinados escenarios, concentraciones elevadas podrían requerir entre 5 y 25 tránsitos. arXiv

Eso no significa que Webb esté actualmente detectando contaminación alienígena. Se trata de simulaciones sobre qué señales podrían ser observables bajo determinadas condiciones.

Todavía estamos en el límite de lo que podemos medir

JWST ya ha demostrado que puede estudiar algunos planetas rocosos del sistema TRAPPIST-1, pero incluso determinar si poseen atmósfera sigue siendo complicado.

Por ejemplo, observaciones recientes de TRAPPIST-1 d no encontraron señales claras de moléculas comunes como agua, metano o dióxido de carbono, aunque todavía existen varias explicaciones posibles para esos resultados.

La próxima generación de telescopios podría mejorar enormemente esta situación. El futuro Habitable Worlds Observatory de NASA está siendo diseñado para obtener espectros de planetas potencialmente habitables alrededor de estrellas cercanas, lo que podría ampliar también la búsqueda de tecnofirmas.

Una civilización podría delatarse durante muy poco tiempo

Existe además un problema curioso: una civilización industrial contaminante podría ser relativamente difícil de encontrar precisamente porque esa fase quizá dure poco.

En la Tierra, la industrialización masiva tiene apenas unos siglos. Una sociedad tecnológica más avanzada podría reducir rápidamente sus emisiones o sustituir sus procesos contaminantes por otros más limpios.

Eso significa que encontrar grandes cantidades de contaminantes podría implicar observar una civilización durante una etapa muy concreta de su desarrollo.

También existe otra posibilidad todavía más extraña: que esos gases no sean residuos, sino herramientas. Una civilización suficientemente avanzada podría utilizarlos para modificar deliberadamente la temperatura de otro planeta.

La primera evidencia de inteligencia extraterrestre, por tanto, quizá no llegue como una señal de radio perfectamente diseñada.

Podría llegar como algo mucho más familiar: la huella química de una civilización que está alterando la atmósfera de su propio mundo.

 

 

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.

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