El mundo enfrenta una silenciosa crisis de natalidad. Las políticas para fomentar la maternidad no siempre dan resultados, y en muchas economías desarrolladas los nacimientos se estancan. Pero en Suecia, algo peculiar está ocurriendo: los datos muestran un giro inesperado. Las mujeres con más ingresos no solo no evitan la maternidad… sino que están liderando un renacimiento demográfico.
El giro sueco: más ingresos, más hijos

El demógrafo Martin Kolk, de la Universidad de Estocolmo, analizó décadas de datos fiscales y de fertilidad de ciudadanos suecos para resolver una pregunta esencial: ¿qué relación real existe entre los ingresos y la cantidad de hijos? Su hallazgo, publicado en Population Studies, revela una transformación social: en Suecia, las mujeres con mayor renta acumulada están teniendo más hijos que las de menores ingresos, una inversión clara respecto a generaciones anteriores.
Kolk descubrió que mientras las mujeres nacidas en los años 40 y 50 con menos ingresos eran las que más hijos tenían, entre las nacidas en los 60 y 70 la tendencia se invirtió. Aunque el número exacto de hijos no se dispara entre las más acomodadas, sí tienen más probabilidades de tener dos o tres descendientes frente a quienes cuentan con menos recursos.
Políticas públicas que cambian vidas

¿Qué explica este cambio? Según Kolk, la clave está en el entorno laboral y en las políticas familiares del Estado sueco. La sociedad dejó atrás un modelo donde las mujeres debían elegir entre hijos o carrera. Hoy, gracias a licencias de maternidad pagas, subsidios infantiles y estructuras de conciliación laboral, tener hijos ya no implica renunciar a una trayectoria profesional. Es un modelo donde el respaldo estatal amortigua los costos de la maternidad, especialmente para quienes tienen más que perder en términos de salario.
El patrón se repite también entre los hombres: los más ricos tienden a tener más hijos, y cada vez es más frecuente que aquellos con ingresos bajos decidan no tener ninguno. Una señal clara de cómo la economía personal influye directamente en las decisiones reproductivas.
Una lección para el mundo
Como cuenta Xataka, el caso sueco contrasta con otros países ricos, como Estados Unidos, donde los hogares más pobres siguen teniendo tasas de natalidad más altas. En 2021, en EE.UU., las familias con ingresos inferiores a 10.000 dólares registraron 62,7 nacimientos por cada mil mujeres, frente a los 47,5 entre quienes ganaban más de 200.000. Pero mientras la pobreza empuja a la maternidad en algunos contextos, en otros como Suecia ocurre lo contrario: si no hay una red de apoyo real, quienes menos tienen prefieren no asumir los enormes costos de criar a un hijo.
El giro sueco sugiere que el modelo tradicional de relación entre ingresos y maternidad está cambiando, al menos donde las políticas lo permiten. En palabras del propio Kolk: “Las mujeres ya no tienen que elegir entre tener hijos o tener una carrera. Y eso lo cambia todo”.