La madrugada del 23 de diciembre dejó una escena cargada de simbolismo para el programa espacial chino. Un nuevo lanzador alcanzó la órbita como estaba previsto, pero su regreso a tierra no terminó como se esperaba. Lejos de ser un revés aislado, el evento revela una estrategia más amplia: aprender, ajustar y avanzar en uno de los desafíos más complejos de la astronáutica moderna.
Un estreno exitoso… con final abrupto
A las 02:00 UTC del 23 de diciembre de 2025, el Larga Marcha 12A Y1 despegó desde unas instalaciones prácticamente nuevas en la zona de pruebas aeroespaciales de Dongfeng, junto al centro espacial de Jiuquan, en la Región Autónoma de Mongolia Interior. El lanzamiento, gestionado por la Academia de Tecnología de Vuelo Espacial de Shanghái (SAST), cumplió sin problemas su objetivo principal: colocar en órbita una carga útil inerte.
Sin embargo, el momento más esperado llegó después. Tras separarse a unos 50 kilómetros de altitud, la primera etapa inició su maniobra de retorno, pero no logró completar el aterrizaje controlado. Terminó estrellándose a unos 4,5 kilómetros de la zona prevista, en la provincia de Gansú, a más de 250 kilómetros del punto de lanzamiento. Las causas exactas del fallo aún no han sido confirmadas, aunque las imágenes del descenso muestran posibles daños en la zona de los motores y llamas en la parte superior de la etapa.
Un nuevo actor en la reutilización china
El CZ-12A se convirtió así en el segundo cohete chino con una primera etapa diseñada para ser reutilizable, después del Zhuque 3 de la empresa privada LandSpace. La coincidencia temporal es llamativa: el debut del CZ-12A se produjo apenas semanas después del primer vuelo del Zhuque 3, que también logró el éxito orbital, pero falló en la recuperación.
Con este lanzamiento, China suma un nuevo lanzador de metano operativo, una tecnología considerada clave para el futuro por su mayor eficiencia y menor impacto ambiental. De hecho, el CZ-12A es el quinto cohete de metano en alcanzar la órbita a nivel mundial, junto a modelos como el Vulcan de ULA y el New Glenn de Blue Origin.

Un cohete pensado para evolucionar
El Larga Marcha 12A es un vector de dos etapas que utiliza metano y oxígeno líquidos. Mide 70,4 metros de altura, tiene un diámetro de 3,8 metros y una masa al lanzamiento de 437 toneladas. En su configuración inicial puede colocar al menos 9 toneladas en órbita baja, aunque esa cifra baja si se intenta recuperar la primera etapa.
Desde SAST reconocen que estas prestaciones son modestas para su tamaño, pero explican que se deben al peso adicional de los sistemas de reutilización. La idea es clara: sacrificar capacidad hoy para ganar experiencia y fiabilidad mañana. En el futuro, se espera mejorar significativamente su rendimiento y ampliar las opciones de carga, incluyendo cofias de mayor diámetro.
Motores privados en un cohete estatal
Uno de los aspectos más llamativos del CZ-12A es su primera etapa, equipada con siete motores de metano LY-70+ Longyun. Cada uno genera unas 75 toneladas de empuje y ha sido desarrollado por la empresa privada JZYJ, lo que convierte a este lanzador en el primer cohete orbital gubernamental chino que integra motores diseñados fuera del ámbito estatal.
Durante el despegue, el conjunto alcanza más de 5.200 kilonewton de empuje. La segunda etapa, por su parte, utiliza un motor YF-209V fabricado por la Sexta Academia. Para el regreso, la primera etapa combina rejillas aerodinámicas, control por motores y aletas trapezoidales, en un enfoque que recuerda a sistemas ya probados por SpaceX, aunque con soluciones propias.
Una familia pensada para competir
El CZ-12A no está solo. Forma parte de una familia más amplia que incluye variantes futuras como el CZ-12C, con mayor diámetro y nueve motores, y el CZ-12B, una versión de queroseno más potente. Con estos desarrollos, SAST busca competir tanto dentro de la corporación estatal CASC como en el dinámico mercado chino de lanzadores comerciales.
Esta competencia interna enfrenta a SAST con la CALT, responsable de otros grandes proyectos como el futuro lanzador lunar. Mientras CALT apuesta por incrementar la cadencia de modelos existentes, SAST se posiciona con una familia flexible, pensada para evolucionar hacia la reutilización plena.
Aprender fallando para avanzar
El CZ-12A es, en esencia, una plataforma experimental y operativa al mismo tiempo. Antes de este lanzamiento, SAST probó sus tecnologías con varios prototipos de despegue y aterrizaje vertical, algunos exitosos y otros no tanto. Esos ensayos explican por qué, pese al fallo en el aterrizaje, el balance general es positivo.
Aunque puede despegar desde Hainán, el primer vuelo se realizó desde Jiuquan debido a la falta de una plataforma marina para la recuperación. La nueva rampa, construida en apenas seis meses, demuestra la rapidez con la que China está adaptando su infraestructura. Con una cadencia prevista de hasta 25 lanzamientos anuales por rampa, el mensaje es claro: el CZ-12A no es un experimento aislado, sino el inicio de una nueva etapa.
[Fuente: Eureka]