El domingo, Manila fue escenario de protestas masivas contra un escándalo de corrupción que involucra a legisladores, funcionarios y empresarios. Según la policía, alrededor de 18.000 personas participaron en distintas concentraciones en la capital, donde exigieron el enjuiciamiento inmediato de los responsables.
Aunque la mayoría de las manifestaciones fueron pacíficas, un grupo de 17 personas fue detenido tras incendiar neumáticos y enfrentarse a la policía cerca del palacio presidencial. El incidente provocó un refuerzo de la seguridad en Malacañán y nuevas detenciones horas después, cuando manifestantes pintaron grafitis y ondearon banderas en carreteras cercanas.
La corrupción en proyectos de control de inundaciones
El origen de la indignación está en los 9.855 proyectos de control de inundaciones valorados en más de 9.500 millones de dólares. Muchos de ellos resultaron ser insuficientes o inexistentes, según denuncias oficiales. La magnitud del escándalo quedó al descubierto cuando una pareja de empresarios, Sarah y Pacifico Discaya, reveló en el Senado que habían pagado sobornos a al menos 17 legisladores y funcionarios de obras públicas para obtener contratos.
El testimonio desató aún más protestas al exhibirse su lujosa colección de coches importados, símbolo de las fortunas amasadas con dinero público en un país vulnerable a desastres naturales.
Repercusiones políticas y sociales
El presidente Ferdinand Marcos Jr. reconoció la gravedad del caso en su discurso anual y formó una comisión independiente. Ya aceptó la renuncia de su secretario de Obras Públicas y ordenó la congelación de bienes de ingenieros y funcionarios implicados.
La presión pública también alcanzó al Congreso: el presidente del Senado, Francis Escudero, y el presidente de la Cámara, Martin Romualdez, renunciaron tras la ola de acusaciones. Mientras tanto, líderes religiosos como el cardenal Pablo Virgilio David pidieron mantener las protestas en paz y canalizar la indignación hacia el fortalecimiento de la democracia.
[Fuente: AP]