En una región alejada de los focos mediáticos del sector espacial, el Parque Científico y Tecnológico de Guadalajara acoge una instalación de gran relevancia para la exploración del cosmos. Se trata del CaLMa (Castilla-La Mancha Neutron Monitor), una estructura de 40 toneladas destinada a detectar partículas de alta energía que bombardean la Tierra desde el espacio.
Desde 2011, este detector es el único de su tipo en España y forma parte de una red mundial que monitoriza en tiempo real los flujos de neutrones. Lo que comenzó como un proyecto complementario a una misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha evolucionado hasta convertirse en una pieza clave para entender fenómenos como la meteorología espacial o la actividad solar.
La instalación es resultado de la experiencia adquirida por investigadores de la Universidad de Alcalá en el desarrollo del Detector de Partículas Energéticas para la sonda Solar Orbiter. Tras aquel proyecto, surgió la idea de crear una versión terrestre que permitiese continuar con el trabajo desde nuestro planeta. Así nació CaLMa, que desde entonces no ha dejado de crecer.
Una red de detectores desde Castilla-La Mancha hasta la Antártida

El CaLMa forma parte de un sistema distribuido de monitores de neutrones con presencia en puntos estratégicos del planeta. Entre sus nodos se encuentra ORCA, un detector gemelo instalado en la base antártica Juan Carlos I, situada en la isla Livingston. Este enclave, con características magnéticas muy peculiares, permite recoger datos difíciles de obtener en otras latitudes.
A este despliegue se suma mini-CaLMa, una versión portátil del detector que ha viajado a bordo del buque Hespérides para estudiar los rayos cósmicos durante su travesía hacia la Antártida. El nodo más reciente, llamado ICaRO, se encuentra en el Observatorio Atmosférico de Izaña (Tenerife), donde monitoriza la actividad solar desde una altitud de 2.000 metros.
Gracias a esta red, el equipo científico no solo puede obtener datos complementarios desde distintos puntos del planeta, sino también mejorar la precisión en la interpretación de los fenómenos solares y galácticos.
Qué mide exactamente el CaLMa
Los rayos cósmicos son partículas extremadamente energéticas que proceden de fuentes muy distantes, como supernovas o galaxias activas. Cuando alcanzan la atmósfera terrestre, producen una cascada de partículas secundarias, entre ellas los neutrones, que sí pueden llegar hasta la superficie.
El Sol, mediante su campo magnético, actúa como un escudo natural que modula cuántos de estos rayos cósmicos alcanzan la Tierra. Por tanto, al medir el flujo de neutrones, el CaLMa permite inferir cuánta protección solar estamos teniendo en cada momento. Además, también puede detectar eventos solares en tiempo real, como las partículas energéticas emitidas durante una erupción solar.
Esta capacidad de vigilancia constante es esencial para anticiparse a posibles alteraciones en el entorno espacial terrestre, que pueden tener efectos tanto sobre las telecomunicaciones como sobre la salud de los astronautas.
Tecnología sofisticada para una tarea compleja
El CaLMa se basa en una arquitectura robusta y precisa. Su estructura se compone de tubos llenos de gas rodeados por capas alternas de plomo y polietileno. Esta combinación permite filtrar las partículas de baja energía y concentrarse en los neutrones procedentes del espacio, reduciendo su velocidad para analizarlos de forma más eficaz.
Actualmente, cuenta con 12 de sus 15 tubos activos, lo que convierte a esta mole de 40 toneladas en un filtro de partículas extremadamente preciso. Su diseño está optimizado para rechazar las interferencias del entorno y centrarse únicamente en los datos relevantes para los investigadores.
Este sistema no solo ha demostrado su utilidad para la ciencia pura, sino también para la protección de infraestructuras críticas y personas.
Aplicaciones prácticas: del clima espacial a los viajes a Marte
Uno de los campos donde el CaLMa resulta más útil es en la meteorología espacial. Las tormentas solares y las eyecciones de masa coronal no solo generan bellas auroras, sino que también representan un riesgo para redes eléctricas, comunicaciones por satélite y sistemas de navegación.
Gracias a los datos proporcionados por el CaLMa, los operadores eléctricos pueden anticiparse a las perturbaciones y tomar medidas preventivas. Las aerolíneas, por su parte, ajustan sus rutas para evitar exposiciones prolongadas a radiación en vuelos de gran altitud.
Pero su aplicación más ambiciosa apunta al futuro: los viajes interplanetarios. Tras haber recogido datos durante un ciclo solar completo de 11 años, CaLMa puede ayudar a determinar las ventanas más seguras para misiones tripuladas a Marte. Saber cuándo los niveles de radiación serán más bajos puede marcar la diferencia entre una misión segura y un riesgo innecesario para la tripulación.
Como señala el investigador Juan José Blanco, “pensamos inicialmente en un instrumento de apoyo, y ha acabado convirtiéndose en una herramienta imprescindible para el estudio de la actividad solar y su impacto en la Tierra y más allá”.
[Fuente: OkDiario]