El lenguaje como escudo contra el paso del tiempo
Hablar más de un idioma no solo abre puertas culturales y laborales: también podría ralentizar el envejecimiento biológico.
Así lo demuestra un nuevo estudio publicado en Nature Aging que analizó datos de más de 86.000 adultos de 27 países europeos, mostrando que las personas multilingües presentan mejores indicadores de salud física, mental y cerebral.
El trabajo fue liderado por el neurocientífico argentino Agustín Ibañez, director del Instituto BrainLat y del Programa Internacional de Investigación en Salud Cerebral del Trinity College de Dublín, junto a investigadores de América Latina, Europa y Estados Unidos.
Qué descubrieron los científicos
Los resultados fueron claros: hablar más de una lengua se asocia con un envejecimiento más lento.
Esto no significa que el proceso se detenga, pero sí que quienes dominan varios idiomas muestran mejores signos de salud física y cognitiva que las personas monolingües.
“El efecto protector del multilingüismo podría explicarse por múltiples niveles: biológicos, cognitivos y sociales”, explicó Ibañez.
Según el investigador, usar más de un idioma reduce el estrés crónico y la inflamación, mejora la función cardiovascular y fortalece la regulación inmune.
A nivel cerebral, el cambio constante entre lenguas actúa como un entrenamiento para la memoria, la atención y la flexibilidad mental, reforzando redes neuronales que favorecen la reserva cognitiva, un factor que protege frente a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Cómo se midió el envejecimiento
El equipo internacional examinó datos de 86.149 personas mayores de 50 años que participaron en encuestas europeas sobre envejecimiento y salud.
Utilizaron una métrica llamada brecha de edad bioconductual (BAG), que compara la edad cronológica de una persona con la que refleja su estado físico y mental.
Si la BAG es negativa, el envejecimiento avanza lentamente; si es positiva, ocurre más rápido.
El hallazgo principal: quienes utilizan varios idiomas tienen una BAG más favorable, es decir, envejecen con mayor lentitud.
Además, el efecto es acumulativo: cada idioma adicional mejora los indicadores de salud cerebral.
Hablar una sola lengua duplica el riesgo de envejecimiento acelerado en comparación con quienes dominan tres.
Cuánto influye el uso diario
El beneficio no depende tanto del idioma en sí como de la frecuencia y la complejidad del uso.
“Las combinaciones de lenguas muy distintas, o el aprendizaje activo en la adultez, pueden generar ganancias cognitivas y neuroprotectoras”, señaló Ibañez.
La clave, según los expertos, es mantener una práctica sostenida: usar las lenguas en contextos reales, no solo estudiarlas.
Por eso, los científicos proponen incluir el aprendizaje de idiomas en las estrategias de salud pública, al mismo nivel que la actividad física o la alimentación saludable.

Una nueva herramienta para envejecer mejor
El estudio, en el que participaron investigadores del CONICET, la Universidad de San Andrés, el Trinity College, la Universidad de Bergen y otras instituciones, ofrece una visión esperanzadora: la mente también puede entrenarse para resistir el paso del tiempo.
“El multilingüismo amplía las redes sociales, reduce el aislamiento y refuerza la plasticidad cerebral”, afirmó Ibañez.
El neurólogo argentino Raúl Arizaga coincide: “Favorece la reserva cognitiva y puede ayudar a prevenir enfermedades neurodegenerativas. Un cerebro activo mejora el cuerpo, y un cuerpo sano refuerza al cerebro”.
Lo que viene
Los investigadores planean extender el estudio a otras regiones del mundo y evaluar si los programas de aprendizaje de idiomas pueden retrasar de forma directa los signos de envejecimiento cerebral.
Mientras tanto, el mensaje es claro: hablar, leer o pensar en más de una lengua es mucho más que una habilidad cultural —es una inversión en salud mental y longevidad—.
Fuente: Infobae.