¿Alguna vez se te cayó el teléfono celular en el WC, justo cuando querías ingresar una fecha importante en tu agenda o un recordatorio crucial? Bueno, no eres el único. Algo parecido parece haberle sucedido a un residente aparentemente acaudalado en la ciudad de Paderborn, en la Alemania medieval.
Unos arqueólogos trabajaban en coordinación con los obreros de una construcción, al preparar un edificio administrativo de la Paderborn de hoy en día. Y descubrieron “una libreta excepcionalmente bien preservada”, en una letrina de hace 700 a 800 años. Junto al librito había retazos rectangulares de seda que los investigadores creen que habrían utilizado para limpiarse después de hacer las necesidades.
La libreta de la Edad Media tiene solo diez páginas, y mide 10 x 7,5 centímetros. Está forrada en cuero y tiene una tapa de madera de 8,6 x 5,5 cm). Ingeniada para ser reutilizable, sus 18 carillas estaban revestidas con una cera en la que podía grabarse la escritura para luego borrarla y dejar la página en blanco una vez más.
“Solo hubo que limpiar la parte externa de la libreta porque las páginas estaban tan bien apretadas unas con otras que ni siquiera estaban sucias”, dijo la conservadora arqueológica Susanne Bretzel de la Asociación Regional Westfalia-Llippe (LWL en alemán por Landschaftsverbandes Westfalen-Lippe). “La madera no estaba hinchada ni afectada por la humedad, por lo que la cera quedó intacta y lo que está escrito es legible”.
“Pudimos entender lo que era este objeto al limpiarlo en nuestro taller de restauración en Münster. Y por cierto, tras tantos siglos de estar en el suelo la libreta hallada en la letrina seguía oliendo bastante mal”, dijo Bretzel.
La libreta

Según Sveva Gai, también arqueóloga de LWL, las capas de texto grabado en la cera parecen haber sido escritas por la misma persona, aunque las anotaciones eran intermitentes y en dos direcciones diferentes. “Eso sugiere que se utilizaba espontáneamente para anotaciones del momento”, dijo Gai.
De manera similar a la del famoso Hombre de Tollund de Dinamarca (y otros cuerpos hallados en terrenos que favorecieron la preservación), el suelo húmedo y hermético que rodeó a la libreta la preservó a lo largo de los siglos, evitando su corrosión y descomposición, a pesar del olor desagradable que conserva.
Todavía no se ha encontrado en la letrina el instrumento con el que se efectuaron las anotaciones, pero Bretzel dice que bien podría parecerse a los lápices para pantallas táctiles que se usan hoy, hechos de metal, de hueso o marfil, con “una punta afilada que permitiera rascar la cera para grabar las letras”
“El extremo opuesto sería plano o en forma de espátula, para borrar lo grabado y alisar la cera de modo que se pudiera usar la página una vez más”, explicó Bretzel.
En latín
El equipo de investigación informó que las capas superpuestas de texto grabado en la libreta parecen estar en latín “lo que indica que perteneció a una persona de la clase social alta”, según Gai. Incluso sin la datación por radiocarbono, el estilo de la escritura cursiva del autor ubicaría el contenido del libro entre los siglos 13 y fines del 14 de la era cristiana (otros objetos hallados en el lugar, como un cuchillo y algunas cerámicas, parecen corroborar las fechas).
Los arqueólogos del LWL dicen que habrá que escanear la libreta con métodos que todavía no han especificado, para poder descifrar con precisión las densas capas de escritura en latín. En los últimos años los académicos especializados en libros antiguos recurren a métodos de escaneo no invasivo que incluyen la tomografía microcomputarizada por rayos X para analizar tomos de la Europa medieval.
Incluso sin conocer el contenido de la libreta, Gai sospecha que perteneció a alguien de una clase social privilegiada.
“La superficie del cuero de la encuadernación está decorada con un patrón grabado de flores en hileras regulares”, señaló Gai, un motivo floral que representaba la pureza, el poder real y el favor divino en la Edad Media.
“Las primeras suposiciones apuntan a que perteneció a un mercader de Paderborn que anotaría transacciones de negocios y registraba lo que pensaba”, opinó Gai.
Aunque aparte de la teoría más obvia, incluso la mejor traducción no logrará explicar cómo fue que la libreta apareció en una letrina. “Tal vez haya caído allí por accidente”, dijo Gai.