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Ciencia

Hay más de un millón de especies de insectos y casi ninguna vive en el mar. La ciencia todavía intenta explicar por qué

Lo más curioso es que los insectos descienden de crustáceos acuáticos. Salieron del agua hace cientos de millones de años y no volvieron
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Los insectos están en todas partes. Viven en selvas y desiertos, en cuevas y montañas, en lagos, ríos y charcos, e incluso dentro de otros animales. Se conocen más de un millón de especies y se estima que podrían existir varios millones más. Pero hay un lugar que, curiosamente, casi no conquistaron: el océano, que cubre más del 70% del planeta.

Esa paradoja es la que destaca el biólogo evolutivo español Jesús Lozano, investigador de la Universidad de Barcelona especializado en la evolución de los artrópodos, en una entrevista reciente con National Geographic. Y no es una pregunta menor: ninguno de los grandes grupos de animales terrestres está tan ausente del mar como los insectos.

Los insectos son, en el fondo, crustáceos

Escarabajo
© Stephen Hocking – Unsplash

Lo que vuelve el misterio todavía más intrigante es el origen de los insectos. Los estudios genéticos de las últimas décadas mostraron que los insectos no son un grupo aparte: forman parte del mismo gran linaje que los crustáceos, como los cangrejos, las langostas o los camarones. Dicho de otra forma, los insectos descienden de antepasados acuáticos emparentados con los crustáceos.

Sus ancestros salieron del agua hace unos 480 millones de años y, una vez en tierra firme, se diversificaron como ningún otro grupo animal. Pero, salvo excepciones, nunca regresaron al mar.

Las pocas excepciones

Halobates
© Tomasus123 – Shutterstock

El caso más famoso es el de Halobates, un género de chinches patinadoras emparentado con los zapateros de los estanques. Algunas de sus especies son los únicos insectos conocidos que viven en mar abierto: pasan toda su vida sobre la superficie del océano, a cientos de kilómetros de la costa, sostenidas por pelos finísimos en las patas que repelen el agua. Hay también algunos mosquitos y otros insectos que viven en la franja costera, en charcas de marea o en la zona entre mareas, pero son muy pocos.

Una pista en la química del caparazón

Una de las hipótesis más llamativas apunta a la forma en que los insectos endurecen su cutícula, la cubierta externa del cuerpo. En 2023, un equipo de Japón y Estados Unidos encabezado por Tsunaki Asano, de la Universidad Metropolitana de Tokio, propuso en la revista Physiological Entomology que la clave está en una enzima llamada multicobre oxidasa 2 (MCO2).

Esa enzima usa oxígeno del aire para endurecer la cutícula, creando una cubierta liviana, dura y seca, ideal para la vida en tierra y para el vuelo. Los crustáceos, en cambio, endurecen su caparazón con calcio, un recurso abundante en el agua de mar. En el océano, donde el oxígeno es más escaso y el calcio sobra, la estrategia de los insectos perdería su ventaja. «Sin MCO2, no hay insectos», resumieron los autores.

Un océano ya ocupado

Otra explicación frecuente es la competencia. Cuando los insectos se diversificaron, el mar ya estaba lleno de crustáceos y otros artrópodos perfectamente adaptados a ese ambiente. Para un insecto, volver al océano habría significado competir con primos que llevaban cientos de millones de años de ventaja.

Además, muchas de las grandes innovaciones de los insectos, como las alas, la respiración mediante tubos llamados tráqueas o las metamorfosis con fases terrestres y aéreas, están pensadas para la vida fuera del agua. Ninguna hipótesis explica el misterio por completo, y probablemente la respuesta combine varios factores. Pero la pregunta sigue abierta, y es una de las más curiosas de la biología evolutiva.

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