Están debajo de las piedras, entre las hojas, dentro del suelo, sobre el agua y volando a cientos de metros de altura. Los insectos han conseguido colonizar prácticamente todos los ambientes terrestres del planeta.
Actualmente representan el grupo animal con mayor número de especies conocidas. Pero su éxito no apareció de golpe.
Los primeros insectos ni siquiera tenían alas.
Antes de conquistar el cielo
Entre los representantes actuales de algunos de los linajes más antiguos están los arqueognatos y los zigentomos, grupo al que pertenecen los conocidos pececillos de plata.
Estos animales son primitivamente ápteros: sus antepasados nunca desarrollaron alas.
Otros insectos que actualmente tampoco pueden volar, como pulgas, piojos o determinadas especies de escarabajos, presentan una historia diferente. Sus antepasados sí tuvieron alas, pero sus respectivos linajes las perdieron posteriormente. La aparición del vuelo transformó profundamente la evolución de los insectos.
Permitió escapar de depredadores, encontrar alimento, buscar pareja y desplazarse hacia nuevos territorios con una eficiencia que otros pequeños animales terrestres no tenían.

Las libélulas siguen siendo máquinas de cazar
Entre los insectos alados más antiguos que sobreviven actualmente se encuentran las efímeras y los odonatos, grupo que incluye libélulas y caballitos del diablo. Sus alas no pueden plegarse completamente sobre el abdomen como ocurre con muchos insectos modernos, pero eso no significa que vuelen mal.
Todo lo contrario.
Las libélulas son depredadores aéreos extraordinariamente eficaces. Experimentos han demostrado que pueden anticipar la trayectoria de sus presas y ajustar sus movimientos durante la persecución. Las efímeras tienen una estrategia completamente diferente.
Pasan gran parte de su vida como formas juveniles acuáticas y, cuando alcanzan la edad adulta, algunas especies disponen de apenas unas horas para reproducirse.
En Dolania americana el caso es todavía más extremo: las hembras adultas suelen vivir menos de cinco minutos.
Plegar las alas cambió las reglas
Posteriormente aparecieron los neópteros, capaces de plegar las alas sobre el abdomen. Esa innovación permitió protegerlas, entrar en espacios pequeños y explotar muchos más ambientes.
Más tarde apareció otra característica decisiva en algunos linajes: la metamorfosis completa. Escarabajos, mariposas, moscas, avispas, abejas y hormigas atraviesan una fase larvaria radicalmente diferente de su etapa adulta.
Esto permite que jóvenes y adultos de una misma especie utilicen recursos diferentes y reduzcan la competencia entre ellos.
Un planeta lleno de insectos
Escarabajos, mariposas y polillas, moscas, avispas, abejas, hormigas y chinches se encuentran entre los grupos más diversos.
Solo las especies de insectos conocidas rondan las 900.000, y los científicos consideran que todavía quedan muchísimas por describir. Incluso el océano, un ambiente donde los insectos tienen una presencia sorprendentemente pequeña, cuenta con excepciones como los zapateros marinos del género Halobates, capaces de vivir lejos de la costa.
Pequeños, adaptables, capaces de volar y con ciclos de vida extraordinariamente variados, los insectos encontraron soluciones evolutivas para explotar casi cualquier rincón disponible.
Los grandes mamíferos pueden protagonizar los documentales, pero si el éxito se mide por diversidad y capacidad para ocupar el planeta, los verdaderos protagonistas tienen seis patas.