Durante casi tres décadas, cinco de sus títulos más emblemáticos quedaron fuera de circulación, invisibles para el gran público y rodeados de un aura casi legendaria. Hoy se los conoce como los Hitchcock perdidos, y su historia es tan fascinante como perturbadora.
Un contrato tan peculiar como peligroso
Durante los años cuarenta y cincuenta, Hitchcock firmó un acuerdo poco habitual con Paramount Pictures: los derechos de explotación de varias de sus películas regresarían a sus manos ocho años después de su estreno. El estudio cumplió lo pactado, y el director recuperó el control total de esos filmes.
A partir de ese momento, las películas dejaron de proyectarse en cines, desaparecieron de la televisión y se volvieron prácticamente inaccesibles. No fue una decisión comercial: fue una elección personal del propio Hitchcock.

Los cinco Hitchcock perdidos
El grupo de películas afectadas está formado por auténticos pilares del cine clásico:
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La soga
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La ventana indiscreta
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Pero… ¿Quién mató a Harry?
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El hombre que sabía demasiado
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Vértigo
El caso de La ventana indiscreta es especialmente llamativo: estuvo completamente fuera de circulación entre 1968 y 1983. La soga, por su parte, tuvo una suerte algo distinta al haber pasado antes por manos del productor Sidney Bernstein, lo que permitió una presencia algo más discreta.
El intento de destruir las copias
Lo más inquietante es que Hitchcock no solo ocultó estas películas: intentó activamente que las copias existentes fueran destruidas. Esta decisión provocó que algunas proyecciones se realizaran de forma clandestina en cineclubes y círculos culturales, siempre al margen de los circuitos comerciales.
Ni siquiera grandes instituciones lograron doblegar su negativa. En 1982, una retrospectiva dedicada a James Stewart en el Festival de Berlín tuvo que prescindir de cuatro de estas películas, pese a que Stewart era su protagonista.

El regreso gracias a seis millones de dólares
Tras la muerte del director en 1980, los derechos pasaron a su hija Patricia Hitchcock, que tampoco impulsó su recuperación. Todo cambió en 1983, cuando Universal Pictures pagó 6 millones de dólares (unos 16,7 millones actuales) para hacerse con los derechos de distribución.
El acuerdo no fue sencillo: el estudio tardó tres años en convencer al agente del director, Herman Citron. Ese mismo año, el Festival de Londres tuvo el honor de proyectar oficialmente las cinco películas, devolviéndolas por fin al público.
Vértigo, la joya que casi se pierde
La más célebre de todas es Vértigo, hoy considerada una de las mejores películas de la historia del cine. Protagonizada por James Stewart y Kim Novak, adapta una novela de Boileau-Narcejac y narra la obsesión de un detective por una mujer marcada por un pasado inquietante.
Paradójicamente, Hitchcock quiso que esta obra maestra desapareciera. Solo un contrato millonario y la perseverancia de la industria evitaron que uno de los grandes pilares del cine moderno se perdiera para siempre. Una prueba más de que, a veces, incluso los genios necesitan ser salvados de sí mismos.
Fuente: SensaCine.