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Muere Béla Tarr, maestro de Sátántangó y figura clave del slow cinema, a los 70 años

El cineasta húngaro Béla Tarr, autor de Sátántangó y uno de los grandes referentes del slow cinema, ha fallecido a los 70 años tras una larga enfermedad. Su obra, radical y profundamente política, marcó a generaciones de cineastas y espectadores en todo el mundo.

El cine europeo despide a una de sus voces más singulares. Béla Tarr, director de Sátántangó y pionero del llamado slow cinema, ha muerto a los 70 años, según confirmó la European Film Academy. Su filmografía, marcada por planos interminables, blanco y negro hipnótico y una mirada implacable sobre la condición humana, deja una huella imborrable en la historia del cine.

Una carrera marcada por la radicalidad formal

Nacido en Hungría en 1955, Tarr comenzó a rodar películas con apenas 16 años, todavía como cineasta amateur. Su talento llamó pronto la atención del legendario estudio Béla Balázs, que le permitió profesionalizar su carrera. Su primer largometraje, Nido familiar (1979), ya mostraba un interés claro por el realismo social y los márgenes de la sociedad húngara.

Durante los primeros años de su trayectoria firmó títulos como El intruso (1981), Gente prefabricada (1982) y Almanaque de otoño (1984), obras en las que fue depurando un estilo cada vez más austero y exigente, alejado de cualquier concesión comercial. En 1988 dirigió La condena, considerada la primera película húngara verdaderamente independiente.

Sátántangó y el nacimiento del slow cinema

El reconocimiento internacional llegó con Sátántangó, un filme de más de siete horas de duración que retrata la descomposición moral de un pequeño pueblo húngaro tras la caída del comunismo. Estrenada en 1994, la película se convirtió en un acontecimiento cinematográfico y en la obra que definió para siempre la estética de Tarr.

Planos secuencia interminables, narración mínima, diálogos escasos y un tempo deliberadamente lento se transformaron en señas de identidad de un cine que más tarde sería etiquetado como slow cinema. Lejos de ser una provocación vacía, el estilo de Tarr buscaba obligar al espectador a convivir con el tiempo, el tedio y la desesperanza de sus personajes.

De Cannes a Berlín: una obra de culto

En los años siguientes, Tarr continuó explorando esa misma línea radical. El hombre de Londres (2007), protagonizada por Tilda Swinton, se presentó en el Festival de Cannes, consolidando su prestigio internacional. Su último largometraje, El caballo de Turín, fue exhibido en el Festival de Berlín, donde obtuvo el Gran Premio del Jurado.

Tras ese estreno, Tarr anunció que abandonaba la dirección cinematográfica. Consideraba que había dicho todo lo que necesitaba decir a través del cine.

Muere Béla Tarr, maestro de Sátántangó y figura clave del slow cinema, a los 70 años
© bernax16 – X

El legado: enseñar y formar nuevas miradas

Lejos de retirarse por completo del mundo audiovisual, Béla Tarr dedicó sus últimos años a la enseñanza. En 2012 fundó el programa Film.Factory en Sarajevo, un espacio de formación internacional para jóvenes cineastas, donde transmitió su concepción ética y estética del cine a nuevas generaciones.

En un comunicado, la Academia del Cine Europeo lo definió como “un director excepcional y una personalidad con una fuerte voz política, profundamente respetado por sus colegas y celebrado por el público mundial”. Su familia ha pedido respeto y privacidad en estos momentos.

Béla Tarr deja tras de sí una filmografía breve pero decisiva, que desafió las reglas del lenguaje cinematográfico y demostró que el cine podía ser, ante todo, una experiencia de tiempo, contemplación y verdad.

Fuente: SensaCine.

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