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Ciencia

Impactante: estudios con el telescopio James Webb indican haber encontrado vida extraterrestre en un exoplaneta

Está a unos 120 años luz de la Tierra.
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“No estoy gritando ‘¡hay extraterrestres!;”, dijo Nikole Lewis, científica especializada en exoplanetas de la Universidad de Cornell.

Buscar vida más allá de la Tierra ha hecho que la ciencia explore muchos misterios, desde penachos de metano en Marte hasta nubes de gas fosfina en Venus. Los habitantes de la Tierra parecen ser los únicos en el cosmos.

¿Dónde es que lo descubrieron?

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© Vadim Sadovski

Un equipo de investigadores encontró el indicio más sólido de vida extraterrestre, que se haya descubierto,  no en nuestro sistema solar sino en un planeta enorme, K2-18b, que orbita en torno a una estrella situada a 120 años luz de la Tierra. El análisis repetido de la atmósfera del exoplaneta sugiere que abunda una molécula que en la Tierra solo tiene un origen conocido: organismos vivos como las algas marinas.

“No vamos a afirmar prematuramente que hemos detectado vida”, dijo Nikku Madhusudhan, astrónomo de la Universidad de Cambridge y autor del nuevo trabajo de investigación, en conferencia de prensa este martes. Pero la mejor explicación de las observaciones de su grupo es que K2-18b está cubierto por un océano cálido, rebosante de vida.

“Es un momento revolucionario”, dijo Madhusudhan. “Es la primera vez que la humanidad observa posibles biofirmas en un planeta habitable”.

Surgen las dudas, pero continúa la espectativa

El estudio se publicó el miércoles en Astrophysical Journal Letters. Otros investigadores mostraron entusiasmo por lo hallado en K2-18b. Pero se mostraron reacios a sacar grandes conclusiones.

No es nada”, dijo Stephen Schmidt, científico planetario de la Universidad Johns Hopkins. “Es un indicio. Pero aún no podemos concluir que sea habitable”.

 “A menos que veamos a E.T. saludándonos, no va a ser algo irrefutable”, dijo Christopher Glein, científico planetario del Instituto de Investigación del Suroeste de San Antonio, Texas.

Un grupo de astrónomos canadienses descubrió al exoplaneta K2-18b en 2017, mientras observaban a través de telescopios terrestres de Chile. Estos planetas, conocidos como subneptunos, son mucho más grandes que los planetas rocosos de nuestro sistema solar interior, pero más pequeños que Neptuno y otros planetas dominados por el gas del sistema solar exterior.

En 2021, Madhusudhan y sus colegas presentaron la idea de que los subneptunos están cubiertos por océanos cálidos de agua y envueltos en atmósferas que contienen hidrógeno, metano y compuestos de carbono. Con las palabras “hidrógeno” y “océano”, formaron el término “hiocéano”.

El potente telescopio que reveló la información

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© Dima Zel

Con el telescopio espacial James Webb desde diciembre de 2021 los astrónomos pueden observar más de cerca a los subneptunos y otros planetas lejanos.

Cuando un exoplaneta pasa por delante de su estrella anfitriona, su atmósfera se ilumina. Sus gases cambian el color de la luz estelar que llega al telescopio Webb. Analizando estas longitudes de onda cambiantes se puede deducir la composición química de la atmósfera.

En 2023, Madhusudhan y sus colegas dijeron que habían detectado indicios de otra moléculaÑ sulfuro de dimetilo,  formado por azufre, carbono e hidrógeno.

En la Tierra, el único origen conocido de sulfuro de dimetilo son ciertas formas de algas que producen este compuesto, que se difunde en el aire y contribuye al olor característico del mar.

El año pasado, Madhusudhan y sus colegas tuvieron una segunda oportunidad de buscar sulfuro de dimetilo. Mientras K2-18b orbitaba frente a su estrella, utilizaron un instrumento diferente del telescopio Webb para analizar la luz estelar que atravesaba la atmósfera del planeta. Esta vez vieron una señal aún más fuerte de sulfuro de dimetilo, junto con una molécula similar llamada disulfuro de dimetilo.

Llegaron a la conclusión de que K2-18b podría albergar una enorme cantidad de sulfuro de dimetilo en su atmósfera, miles de veces superior al nivel encontrado en la Tierra. Otros académicos sostienen que K2-18b podría ser más bien un enorme trozo de roca con un océano de magma y una atmósfera de hidrógeno densa y abrasadora, poco propicia para la vida tal como la conocemos.

“Es importante recordar que apenas estamos empezando a comprender la naturaleza de estos mundos exóticos”, dijo Matthew Nixon, científico planetario de la Universidad de Maryland que no participó en el nuevo estudio.

 

[Fuente: TN]

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