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Ciencia

Júpiter no es exactamente el escudo de la Tierra que pensábamos: también puede enviarnos asteroides

Durante décadas se popularizó la idea de que Júpiter protege a la Tierra desviando asteroides y cometas peligrosos. Las simulaciones muestran una realidad mucho más compleja: su enorme gravedad puede expulsar objetos del Sistema Solar, pero también alterar sus órbitas y enviarlos hacia los planetas interiores.
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Júpiter es el planeta más grande del Sistema Solar y su gravedad tiene una enorme influencia sobre los objetos que se desplazan a su alrededor. Por eso, durante décadas se extendió una imagen bastante tranquilizadora: la del gigante gaseoso funcionando como un escudo que protege a la Tierra de asteroides y cometas.

El espectacular impacto del cometa Shoemaker-Levy 9 contra Júpiter en julio de 1994 reforzó esa percepción. Más de 20 fragmentos chocaron contra su atmósfera después de que la propia gravedad del planeta destrozara el cometa durante un acercamiento anterior. Fue la primera vez que se observó directamente una colisión de este tipo entre dos cuerpos del Sistema Solar.

Pero eso no significa que Júpiter simplemente “aspire” todo lo peligroso antes de que llegue hasta nosotros.

Júpiter no es exactamente el escudo de la Tierra que pensábamos: también puede enviarnos asteroides
© Javier Miranda – Unsplash.

Júpiter también puede enviarnos asteroides

Las simulaciones realizadas por los astrónomos Jonathan Horner y Barrie Jones cuestionaron precisamente la idea del “escudo Júpiter”.

Sus modelos mostraron que la presencia de un planeta gigante puede aumentar significativamente la cantidad de asteroides que terminan cruzando la órbita terrestre. La razón es que su gravedad no solo elimina objetos: también modifica sus trayectorias.

Júpiter puede perturbar asteroides originalmente relativamente estables y desplazarlos hacia resonancias gravitatorias que terminan enviándolos al Sistema Solar interior. 

Con los cometas de periodo corto ocurre algo parecido. Muchos proceden de poblaciones situadas más allá de Júpiter y pueden ser desviados hacia regiones próximas al Sol después de interactuar gravitatoriamente con los planetas gigantes.

Todo depende del tipo de objeto

El efecto de Júpiter cambia según la población estudiada.

Con los cometas procedentes de la Nube de Oort, un planeta masivo puede ayudar a expulsarlos rápidamente del Sistema Solar después de que entren en las regiones interiores. En otros casos, sin embargo, la misma gravedad que finalmente los expulsa puede facilitar que pasen previamente por zonas próximas a la Tierra.

Eso convierte a Júpiter en algo mucho más complejo que un escudo.

En las simulaciones de Horner y Jones, modificar la masa del planeta produjo cambios importantes en la frecuencia de impactos. Algunos gigantes de masa intermedia podían generar un flujo de impactos superior al provocado por un planeta tan masivo como Júpiter.

La órbita también importa

No solo importa cuánto pesa un gigante gaseoso.

Las simulaciones también muestran que su excentricidad e inclinación orbital pueden modificar significativamente el riesgo de impactos. Un “Júpiter” situado en una órbita más excéntrica generó, en los modelos, un mayor flujo de asteroides hacia la Tierra.

Una inclinación orbital elevada produjo efectos todavía mayores sobre el cinturón de asteroides, hasta el punto de poder desestabilizarlo rápidamente en algunos escenarios.

Esto tiene implicaciones importantes para el estudio de otros sistemas planetarios.

Encontrar un gigante gaseoso junto a un planeta rocoso situado en la zona habitable no significa automáticamente que ese gigante lo esté protegiendo. Su masa, distancia, inclinación y excentricidad pueden determinar si actúa principalmente como expulsor de objetos o como una gigantesca máquina gravitatoria capaz de enviarlos hacia los mundos interiores.

Júpiter sí ha cambiado profundamente la historia de impactos de la Tierra. Pero llamarlo simplemente nuestro “escudo” es quedarse con apenas la mitad de la historia.

 

 

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.

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