La Antártida no siempre fue el continente helado que conocemos hoy. Hace decenas de millones de años, la Tierra era mucho más cálida y los polos no estaban cubiertos por grandes masas de hielo. Sin embargo, algo cambió primero en el sur: la Antártida empezó a congelarse unos 34 millones de años atrás, mientras el Ártico tardó muchos millones más en formar una gran cubierta helada estable.
Durante mucho tiempo, la explicación parecía estar solo en el clima: la caída del dióxido de carbono, el enfriamiento global y los cambios en la circulación oceánica. Pero un nuevo estudio internacional publicado en Science añade una pieza más profunda y sorprendente: la Antártida se congeló antes porque su superficie se elevó lo suficiente como para permitir que la nieve sobreviviera todo el año.
El hielo empezó con un empujón desde el interior de la Tierra
El trabajo, liderado por científicos de la Universidad de Southampton junto a equipos de Alemania, Países Bajos e Italia, reconstruyó la evolución de la Antártida Oriental durante unos 100 millones de años mediante modelos computacionales. La conclusión es que el origen del hielo no estuvo solo en la atmósfera, sino también bajo la corteza terrestre.
Cuando África y la Antártida comenzaron a separarse durante el Jurásico, entre hace 201 y 143 millones de años, se activaron procesos profundos asociados a la ruptura continental. Esos procesos generaron “ondas del manto”: movimientos lentos de roca caliente bajo los continentes capaces de modificar el relieve durante millones de años.
Antártida se congeló con 5°C más de temperatura; el manto terrestre es la clave
Un estudio en Science revela que el congelamiento de la Antártida no fue solo por la caída de CO₂ atmosférico.https://t.co/1L5vUFxecA#antártida #congeló #temperatura pic.twitter.com/EpigDs1Ce5
— AmaneciendoMx (@AmaneciendoMx) July 4, 2026
Al desplazarse bajo la Antártida Oriental, estas ondas fueron elevando el terreno hasta formar una gran meseta y reforzar las montañas Gamburtsev, hoy enterradas bajo la capa de hielo. Según los modelos, hacia hace 45 millones de años buena parte del paisaje ya había superado los 2 kilómetros de altura, un umbral clave para que la nieve y los glaciares pudieran persistir incluso en un planeta más cálido que el actual.
La lógica es simple: cuanto más alto está un territorio, más frío es. Si la nieve no se derrite durante el verano, puede acumularse año tras año. Con el tiempo, esos glaciares de montaña se expandieron, se fusionaron y terminaron dando origen a la gran capa de hielo de la Antártida Oriental hace unos 34 millones de años.
Por qué el Ártico no se congeló al mismo tiempo
La comparación con el Ártico es lo que vuelve tan interesante el hallazgo. Si la caída del CO₂ hubiese sido la única explicación, ambos polos deberían haber respondido de forma más parecida. Pero la Antártida tenía una ventaja decisiva: tierra elevada donde el hielo podía empezar a instalarse. El Ártico, en cambio, está centrado sobre un océano, sin una gran masa continental elevada en el Polo Norte que ayudara a estabilizar hielo permanente.
Una vez que la Antártida empezó a cubrirse de blanco, se activaron retroalimentaciones climáticas. El hielo reflejaba más radiación solar hacia el espacio, lo que enfriaba aún más la región. Ese efecto, conocido como hielo-albedo, habría reducido la temperatura global alrededor de 1 ºC, aunque no lo suficiente como para generar grandes capas de hielo en el hemisferio norte en ese momento.
El estudio también señala otra retroalimentación: el aire más frío retiene menos vapor de agua, y como el vapor funciona como una especie de manta térmica natural, su reducción permitió un enfriamiento adicional. Así, una transformación iniciada por la tectónica terminó amplificando un cambio climático global.
La importancia del hallazgo está en que cambia la forma de mirar las edades de hielo. No basta con estudiar la atmósfera o los océanos: también hay que mirar el relieve y los procesos internos de la Tierra. En este caso, el interior del planeta preparó el escenario para que una transición climática fuera posible.
La Antártida se congeló antes que el Ártico no solo porque el mundo se estaba enfriando, sino porque tenía montañas y mesetas en el lugar adecuado. El hielo necesitaba una base donde empezar. Y esa base fue construida lentamente, durante millones de años, por fuerzas que venían desde las profundidades de la Tierra.