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Tecnología

La apuesta más arriesgada de la movilidad limpia insiste en el hidrógeno, y un gigante acaba de renovar su fe con millones

Mientras gran parte de la industria automotriz acelera hacia las baterías eléctricas, un fabricante sigue convencido de que el hidrógeno será clave en la movilidad cero emisiones. Su última jugada: una gigantesca inversión para construir su propia fábrica de pilas de combustible y reactivar una tecnología que muchos ya dan por muerta
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El coche de hidrógeno lleva más de una década presentado como el futuro del transporte limpio, la alternativa definitiva al eléctrico puro, el paso que permitiría recargar rápido, recorrer largas distancias y emitir sólo vapor de agua. La realidad, sin embargo, ha sido muy distinta: costes elevados, infraestructura insuficiente y promesas eternas sin resultados masivos. Pero mientras otros fabricantes se repliegan, una marca vuelve a mover ficha, convencida de que rendirse no es una opción.

Un plan para resucitar una tecnología que parece estancada

La Tecnologia Del Hidrogeno En Los Coches
© Possessed Photography – Unsplash

La compañía Hyundai ha iniciado la construcción de una nueva macroplanta dedicada a dos piezas clave de su estrategia energética: pilas de combustible para vehículos y electrolizadores para producir hidrógeno. La inversión supera los 560 millones de euros y la meta es ambiciosa: a partir de 2027, producir unas 30.000 unidades anuales para automóviles y vehículos pesados.

La fe en esta tecnología no es repentina. Su catálogo ya incluye uno de los pocos vehículos de hidrógeno disponibles en el mercado, un SUV que apenas tiene rivales directos. Incluso presentó un nuevo modelo conceptual que prometía llegar al mercado este año, aunque la realidad ha retrasado los planes.

El problema es conocido: mientras el coche eléctrico avanza a ritmo acelerado —especialmente impulsado por fabricantes asiáticos especializados en baterías—, el hidrógeno ha quedado atrapado entre costes industriales elevados y una red de suministro casi inexistente. La ecuación es delicada: coches caros, repostajes caros, pocas estaciones y mucha energía necesaria para producir combustible que luego será transformado de nuevo en electricidad.

Así, la gran revolución prometida parece siempre a un paso del futuro… pero sin terminar de acontecer.

Dónde se está gestando la apuesta y por qué pesa tanto

Fabrica De Hyundai Hidrogeno
© Hyundai Motor Group – Unsplash

La nueva fábrica de Hyundai está ubicada en una zona industrial estratégico-tecnológica de Corea del Sur, donde el fabricante concentra parte de su I+D en energías alternativas. Desde allí pretende escalar el suministro de pilas de combustible tanto para turismos como para flotas pesadas, un mercado que considera clave para que el hidrógeno despegue.

Esta elección no es casual: el transporte pesado tiene barreras que las baterías no siempre solucionan con facilidad. Un camión eléctrico requiere infraestructuras de carga enormes, energía constante y baterías gigantes. En cambio, los depósitos de hidrógeno —aunque grandes— ocupan proporcionalmente menos en un camión y se rellenan mucho más rápido.

Por eso el foco está cambiando. Aunque los coches particulares no parecen haber encontrado su lugar, la industria logística y los centros de distribución podrían convertirse en el primer ecosistema viable para el hidrógeno. Zonas portuarias, hubs industriales, rutas fijas… menos usuarios, pero cargas más grandes y un sistema de repostaje centralizado.

Las sombras siguen ahí: costes, eficiencia y un competidor eléctrico imparable

El gran talón de Aquiles del hidrógeno sigue intacto: su eficiencia. Para ponerlo en un coche es necesario producirlo —consumiendo grandes cantidades de energía—, transportarlo y almacenarlo. El resultado es que, hoy, llenar un vehículo cuesta tanto como llenar un depósito diésel en mercados como Alemania, donde ya se están desmantelando estaciones en lugar de construir nuevas.

A eso se suman retos técnicos complejos: enormes depósitos para almacenarlo en estado gaseoso o mantenerlo en líquido a muy bajas temperaturas; procesos internos que generan partículas contaminantes si se quema en motores convencionales; y una red de suministro aún insuficiente para sostener crecimiento real.

Pese a ello, fabricantes como BMW, Renault y Toyota siguen experimentando. El hidrógeno no está muerto… pero sí herido y en revisión.

Para esta compañía, sin embargo, retroceder no es una opción. Su estrategia es clara: fabricar sus propios sistemas, crear economía de escala y concentrarse en los vehículos donde esta tecnología puede ofrecer ventajas reales. El hidrógeno puede no haber conquistado la carretera… pero todavía espera su oportunidad en las autopistas de mercancías.

[Fuente: Xataka]

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