Debes tomar en cuenta lo siguiente: un trabajo de investigación que se dio a conocer ahora encontró que a menudo ingerimos más sal de lo que creemos al comprar comida rápida.
En el Reino Unido unos científicos analizaron las comidas que se compran en decenas de restaurantes – locales y de cadena – en su área. En todos los casos había una gran diferencia entre el contenido de sal indicado en el paquete y lo que en realidad hallaron. Los hallazgos sugieren que las etiquetas de los menús sólo deben entenderse como lineamientos generales para los niveles de sal y otros nutrientes, según los investigadores.
“Los consumidores tienen que saber que las etiquetas sólo son indicativas”, le dijo a Gizmodo Gunter Kuhnle, profesor de nutrición y ciencias de los alimentos de la Universidad de Reading.
Discrepancias en la dieta
Kuhnle y sus colegas han estado estudiando durante algún tiempo cómo medir con precisión los nutrientes que obtenemos de los alimentos que ingerimos.
Su trabajo anterior ilustró que incluso los compuestos naturales de los alimentos pueden tener importantes variaciones en su composición, y eso afecta la ingesta nutricional de la comida de cada día. Luego quisieron ver si se hallaba el mismo tipo de discrepancia en comidas ya más preestablecidas, como las que se compran en los restaurantes de comida rápida. Se centraron en la ingesta de sodio porque el exceso de sal ya es un factor de riesgo conocido como causa de enfermedades cardiovasculares, y que incluso una diferencia menor entre lo que indica la etiqueta y el contenido real podría tener importantes efectos posteriores.
Compraron 39 comidas para llevar en 23 restaurantes, incluyendo cadenas populares como McDonald’s y otros restaurantes locales en Reading, Berkshire, Inglaterra. Era comida común: pizza, hamburguesas, pasta y sándwiches. La comida se congeló, se secó en frío y se molió para poder analizarla en el laboratorio.
No todos los restaurantes etiquetaban los ítems de su menú, pero en los casos en los que sí lo hacían, muchas de las comidas no tenían el contenido que indicaba la etiqueta, sino un mayor contenido de sal que el que especificaban. Incluso había algunas comidas que en una única porción excedían la cantidad diaria recomendada por las autoridades de la salud. Eso sucedía en especial con las pastas (en el Reino Unido se recomiendan no más de 5 gramos de sal por día, y la OMS aconseja menos de 5 gramos al día).
Los hallazgos del equipo se publicaron el miércoles en PLOS One.
Qué hacer cuando la etiqueta no indica lo que en realidad contienen los alimentos
Kuhnle señala que no conoce las políticas alimentarias de EE.UU., ni si hay diferencias importantes en la forma de preparar los alimentos en los restaurantes.
Sin embargo, el estudio incluía comida de restaurantes de cadenas populares como Burger King, Domino’s, KFC y Subway. El trabajo ha mostrado que la variabilidad de los nutrientes en las comidas es un problema general y que no se da únicamente en un país en particular. Las pequeñas diferencias en los métodos de procesar los alimentos, la cantidad de ingredientes para cada comida en particular y el tamaño de las porciones son todos factores que pueden influir en el contenido nutricional de cada comida. Por eso, estos hallazgos muestran que nada de lo que indiquen las etiquetas se debe tomar al pie de la letra.
“La composición de los alimentos varía mucho y eso significa que las etiquetas y tablas de composición de los alimentos solo se pueden usar como guía, pero no para calcular la ingesta con precisión”, afirmó Kyhnle. Y no solo es un problema para los amantes de la comida rápida, sino también para los que investigan la nutrición. “Es información que no hay que tomar al pie de la letra y los consumidores – además de los científicos – deben aceptar que es información con limitaciones”.
Kuhnle y su equipo planean seguir estudiando este tema, esperando encontrar la forma de lograr que las etiquetas de los alimentos se condigan mejor con el mundo real. “La pregunta central es cómo incorporar esas variaciones, no solo en las etiquetas sino también en los trabajos de investigación”, señaló.
Mientras tanto, lo mejor que podemos hacer es reducir la ingesta de sal y sodio. Solamente en EE.UU. se calcula que el estadounidense promedio consume más de 3,300 miligramos de sodio al día, muy por encima de los 2,300 miligramos que recomiendan organizaciones como la Sociedad Cardiológica de EE.UU.
Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Romina Fabbretti. Aquí podrás encontrar la versión original.