El argumento de quienes quieren eliminar el flúor del agua potable y corriente se ha debilitado. Hoy se dio a conocer un estudio que muestra que no hay relación entre el flúor del agua y una reducción cognitiva en niños o adultos.
En EE.UU., unos investigadores analizaron los registros clínicos y de educación de un grupo numeroso y representativo de toda la nación. No encontraron evidencia de que el flúor en el agua corriente tuviera que ver con las bajas calificaciones en la escuela secundaria, ni con puntajes menores de nivel cognitivo en personas de mayor edad. Los hallazgos parecen descartar uno de los argumentos más comunes en contra del flúor añadido al agua potable, indican los investigadores.
“Si el flúor redujera tu coeficiente intelectual, tendríamos que ver calificaciones más bajas en los lugares donde se añade flúor al agua, y no es así”, le dijo a Gizmodo John Warren, autor principal del trabajo, sociólogo y demógrafo del Centro de Población de Minnesota, Universidad de Minnesota.
El cuco del flúor
Algunos grupos han culpado al flúor añadido al agua de causar una cantidad de problemas de salud.
Robert F. Kennedy Jr., cuyas ideas se oponen con frecuencia a la ciencia, argumentó que el flúor causa pérdida de coeficiente intelectual y más cantidad de casos de cáncer de huesos, por ejemplo. Y desde que asumió como Secretario de Salud y Servicios Humanos en el segundo gobierno de Trump, Kennedy afirmó que indicará a la CDC que ya no recomiende añadir flúor al agua en toda la nación.
Muchas de las afirmaciones más ruidosas en cuanto al flúor no tienen respaldo en los datos, incluyendo el supuesto riesgo de cáncer. Dicho esto, ha habido un debate científico de mayor sustancia en cuanto a si el flúor en el agua puede afectar el coeficiente intelectual en los niños. Una revisión que se publicó en enero a cargo de científicos del Instituto Nacional de Salud encontró un posible vínculo entre un menor coeficiente intelectual en niños y una mayor exposición al flúor, por ejemplo.
El investigador John Warren señala, al igual que otros, que la revisión se centró mayormente en estudios que analizaban niveles mucho más altos de exposición al flúor, y de mayor toxicidad potencial de lo que en general se observa en EE.UU. En general, ha habido investigaciones limitadas que estudiaron este posible vínculo en niños estadounidenses.
Warren afirmó: “Me parece que allí hubo un problema con ese metaanálisis”.
No hallaron daños
Warren y sus colegas creían tener acceso a datos que pudieran brindar una imagen más clara de la relación entre el flúor y el nivel cognitivo: el estudio de Escuelas Secundarias y estudios posteriores. El proyecto, iniciado en la década de 1980, recogió las calificaciones en lectura, matemáticas y vocabulario de más de 26.000 estudiantes de escuela secundaria de todo el país. A un grupo de estos participantes, gente de hasta 60 años, también los contactaron en su edad adulta y les pidieron que se sometieran a evaluaciones médicas que incluían pruebas de nivel cognitivo.
Muchas personas se quedan en los vecindarios o ciudades en donde asistieron a la escuela secundaria, en especial si estudiaron en la década de 1980, por lo que los investigadores cruzaron datos con información federal sobre niveles de flúor en el agua en lugares en los que había estudiantes. Luego utilizaron esos datos como parámetro para la exposición al flúor a lo largo de la niñez y juventud. Aunque para los inicios de esa década (1980) en muchas partes de EE.UU. se agregaba flúor al agua, había muchos otros que no tenían estándares locales, por lo que los investigadores pudieron comparar los distintos niveles de exposición al flúor en cada vecindario.
El equipo de Warren no encontró una relación negativa entre los niveles más altos de flúor en el agua potable de un lugar, y las calificaciones de los estudiantes secundarios. Los niños en EE.UU. que estuvieron expuestos al agua con flúor en realidad parecían tener calificaciones un poco más altas en promedio. La leve ventaja desaparecía para los que tenían ya 60 años, y no se encontró relación entre el deterioro de la cognición en adultos y su exposición al flúor cuando niños. También hallaron que pocos vecindarios superaban los niveles de flúor recomendados.
Los hallazgos del equipo se publicaron el miércoles en Science Advances.
El futuro del flúor en el agua
Warren señala que este estudio miró solamente la relación entre la cognición y el flúor, de modo que por sí solo no indica si añadir flúor al agua es algo positivo y sin otros efectos, aunque señaló que hay estudios que respaldan sus beneficios al mejorar la salud dental.
El equipo también está al tanto de que las calificaciones de los niños no son el indicador perfecto de su coeficiente intelectual. Ahora están llevando a cabo un estudio similar con niños de Wisconsin, donde tienen acceso a los registros de coeficiente intelectual.
Estos hallazgos obviamente descartan la idea de que hay que eliminar el flúor del agua potable. Aunque los investigadores planean seguir estudiando el tema, argumentan que se requerirá evidencia mucho más potente para justificar de forma razonable la eliminación basándose en hipotéticas preocupaciones por el coeficiente intelectual.
“Mostramos que esta historia del coeficiente intelectual no se sustenta en EE.UU. en una muestra representativa y con niveles de flúor que merezcan ser debatidos para modificar políticas”, dijo Warren.
Florida y Utah han legislado este año para eliminar el flúor añadido al agua, y pronto habrá más estados y ciudades que lo hagan también.
Tal vez el flúor no sea lo que reduce el coeficiente intelectual, pero sí pareciera estar haciéndolo el miedo.