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Ciencia

La desalinización ya consume un 70% menos de energía que hace una década y está convirtiendo los desiertos costeros en tierra agrícola: la ingeniería detrás del agua fabricada con energía renovable

La osmosis inversa moderna, combinada con dispositivos de recuperación de energía, bajó el consumo de desalinización de entre 7 y 10 kWh por metro cúbico a menos de 3 kWh/m³, una reducción del 70% que hace económicamente viable alimentar plantas desaladoras con energía solar y eólica. Los sistemas híbridos solar-eólico resuelven el problema de la intermitencia: el sol produce de día y el viento cubre la noche. El resultado es agua de riego producida con energía 100% renovable a costos comparables o menores que las alternativas convencionales en regiones costeras áridas
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El desierto tiene dos cosas en abundancia: sol y, si está en la costa, mar. Lo que históricamente no tenía era la tecnología para convertir esos dos recursos en agua dulce a un precio que tuviera sentido económico. Eso está cambiando. La ingeniería de desalinización de las últimas dos décadas redujo el consumo energético del proceso en un 70%, y esa reducción es exactamente lo que hace viable conectar una planta desaladora directamente a una instalación de energía renovable y producir agua de riego sin quema de combustible fósil.

El modelo está empezando a desplegarse en múltiples regiones áridas costeras del mundo. En el norte de África, Medio Oriente y las Canarias, proyectos que combinan plantas fotovoltaicas o eólicas con desaladoras de ósmosis inversa están convirtiendo tierra antes improductiva en suelo agrícola. La pregunta técnica que durante décadas lo impedía ya tiene respuesta.

Cómo funciona la ósmosis inversa y por qué era tan cara

Osmosis Inversa
© Por Osmose_inversée10.jpg: Fol09derivative work: Ortisa (talk) – Osmose_inversée10.jpg, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=11755777

La ósmosis inversa (RO) es el proceso de desalinización dominante en el mundo. El principio es físicamente elegante: se aplica presión al agua de mar para forzarla a atravesar una membrana semipermeable que retiene las moléculas de sal pero deja pasar las de agua. El resultado es agua dulce en un lado de la membrana y una salmuera concentrada en el otro.

El problema histórico era energético. Para forzar el agua a través de la membrana contra el gradiente osmótico natural, hacen falta presiones de entre 55 y 80 bares (entre 55 y 80 veces la presión atmosférica). Eso requiere bombas de alta potencia, y el resultado es un consumo de entre 7 y 10 kilovatios-hora por metro cúbico de agua producida. Con los precios de electricidad de hace dos décadas, ese costo hacía que el agua desalinizada fuera entre 5 y 10 veces más cara que el agua de acuíferos o ríos en la mayoría de los contextos.

Lo que cambió es la recuperación de energía. Cuando el agua de mar presurizada pasa por la membrana, el rechazo salino (la salmuera concentrada que no atraviesa la membrana) sale del sistema todavía a alta presión, casi tan alta como cuando entró. En los sistemas convencionales esa presión se disipaba como calor, desperdiciando la energía que costó introducirla. Los dispositivos modernos de recuperación de energía (isobaric energy recovery devices o ERDs) capturan esa presión residual y la usan para precomprimir la nueva agua de mar que entra al sistema, reduciendo el trabajo que tienen que hacer las bombas principales.

El resultado de esa innovación es un consumo de energía de entre 2,5 y 3,5 kWh/m³ en las plantas de ósmosis inversa modernas, una reducción del 65-70% respecto a los sistemas de hace veinte años. A ese nivel de consumo, alimentar la planta con energía solar o eólica deja de ser una curiosidad tecnológica y se convierte en la opción económicamente más sensata en regiones con buena irradiación o viento.

El problema de la intermitencia y la solución híbrida solar-eólica

Una planta desaladora no puede encenderse y apagarse sin consecuencias. Las membranas de ósmosis inversa necesitan presión constante para funcionar eficientemente, y los arranques y paradas frecuentes las degradan. Eso creaba un conflicto fundamental con las energías renovables: el sol solo brilla de día y el viento es variable.

La solución más efectiva, que se está desplegando en varias instalaciones costeras de regiones áridas, es la combinación de solar fotovoltaica con eólica en el mismo sistema. En zonas costeras áridas como el norte de África o el Golfo Pérsico, los patrones de viento y sol son a menudo complementarios: el sol produce energía máxima al mediodía, cuando el viento suele ser más débil, y el viento sopla con más regularidad durante la noche y las horas de baja insolación. Un sistema híbrido que combine ambas fuentes puede mantener un suministro eléctrico más constante que cualquiera de las dos por separado.

Cuando ni el sol ni el viento son suficientes, los sistemas más avanzados incorporan baterías de almacenamiento de ciclo corto (para cubrir variaciones de minutos a horas) o acuerdan contratos de respaldo con la red eléctrica local para los períodos de baja generación renovable. En el caso de Dajla, en la costa atlántica de la región del Sáhara, el proyecto planificado combina una planta desaladora con un parque eólico ubicado a 75 kilómetros, aprovechando los vientos alisios del Atlántico Norte que soplan con notable regularidad en esa latitud.

Calidad del agua y salinidad del suelo: los límites técnicos del riego con agua desalinizada

El agua producida por ósmosis inversa tiene una salinidad muy baja, por debajo de los 500 miligramos por litro en la mayoría de las instalaciones modernas, muy por debajo del límite de 1.000 mg/l que la Organización Mundial de la Salud establece para agua potable. Para la mayoría de los cultivos, esa baja salinidad es una ventaja directa: el agua de riego convencional de pozos o acuíferos en regiones áridas puede tener salinidades de entre 1.000 y 3.000 mg/l, niveles que reducen el rendimiento de cultivos sensibles al sal, como la lechuga, las fresas o los tomates cherry.

El límite práctico del riego con agua desalinizada no es la calidad del agua sino la acumulación de sal en el suelo. Cualquier agua de riego, incluso la muy poco salina, contiene algo de sal. En climas secos donde la evaporación es alta y las lluvias son escasas, esa sal se acumula en el perfil del suelo con el tiempo. Para evitar la salinización progresiva, los sistemas de riego con agua desalinizada en regiones áridas tienen que programar lavados periódicos del suelo con exceso de agua para arrastrar la sal acumulada hacia abajo del perfil radical, lo que añade un consumo adicional de agua y energía al sistema.

La gestión de la salmuera de rechazo es el otro desafío técnico sin resolver completamente. Una planta de ósmosis inversa convierte solo el 40-50% del agua de mar de entrada en agua dulce; el resto sale como salmuera concentrada entre 2 y 2,5 veces la salinidad del agua de mar original. Verter esa salmuera cerca de la costa afecta a los ecosistemas bentónicos. Las soluciones más avanzadas incluyen la dilución con agua de mar antes del vertido, el uso de difusores para dispersar la salmuera, o la evaporación en balsas para recuperar sales minerales comercializables. Como documenta la revisión publicada en Discover Water, la combinación de sistemas híbridos solar-eólicos con ósmosis inversa de nueva generación ya está convirtiendo las regiones costeras áridas en las zonas con mayor potencial de expansión agrícola del planeta, siempre que la gestión del rechazo salino se haga correctamente.

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