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Ciencia

La NASA mira el desierto de China desde el espacio y revela una nueva “muralla” de 400 kilómetros de largo y 5 de ancho. No está hecha de piedra ni de árboles: son paneles solares para alimentar Pekín

China está levantando en el desierto de Kubuqi una inmensa franja de plantas fotovoltaicas con capacidad para transformar el norte del país. El proyecto pretende producir más electricidad de la que consume Pekín y, al mismo tiempo, frenar el avance de las dunas.
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China tiene una Gran Muralla construida con piedra y ladrillos. También posee una denominada Gran Muralla Verde, formada por árboles y vegetación plantados durante décadas para contener el avance de los desiertos. Ahora, las imágenes tomadas desde el espacio muestran cómo está apareciendo una tercera barrera gigantesca en el norte del país.

Esta vez no hay fortificaciones, torres defensivas ni bosques artificiales. La estructura está formada por plantas fotovoltaicas instaladas sobre las dunas del desierto de Kubuqi, en Mongolia Interior. Cuando esté terminada, la llamada “Gran Muralla Solar” tendrá aproximadamente 400 kilómetros de longitud, una anchura media de 5 kilómetros y una capacidad máxima prevista de 100 gigavatios.

La NASA no acaba de descubrir una construcción desconocida, pero sí ha mostrado desde una perspectiva privilegiada la velocidad con la que está creciendo. Una comparación elaborada por su Observatorio de la Tierra enfrenta imágenes captadas por los satélites Landsat en diciembre de 2017 y diciembre de 2024. En apenas siete años, grandes extensiones de arena pasaron a estar cubiertas por rectángulos oscuros visibles desde la órbita terrestre.

Una muralla visible desde el espacio que no es completamente continua

La NASA mira el desierto de China desde el espacio y revela una nueva “muralla” de 400 kilómetros de largo y 5 de ancho. No está hecha de piedra ni de árboles: son paneles solares para alimentar Pekín
© NASA Earth Observatory.

El nombre puede llevar a imaginar una hilera ininterrumpida de paneles recorriendo el desierto, pero el proyecto funciona de otra manera. La Gran Muralla Solar es, en realidad, una sucesión de enormes complejos fotovoltaicos distribuidos a lo largo de una franja estrecha situada al sur del río Amarillo, entre las ciudades de Baotou y Bayannur.

El desierto de Kubuqi reúne varias condiciones especialmente favorables para este tipo de infraestructura: terreno relativamente plano, abundante radiación solar y cercanía con centros industriales capaces de consumir o transportar la electricidad generada. Según explica el Observatorio de la Tierra de la NASA, las instalaciones se están extendiendo sobre antiguas dunas que durante años hicieron que la región fuera conocida como un “mar de la muerte”.

China espera completar el corredor energético alrededor de 2030. Las autoridades de Ordos calculan que el conjunto podrá producir unos 180.000 millones de kWh anuales, una cifra superior a los 135.800 millones de kWh que consumió Pekín durante el año utilizado como referencia en sus estimaciones.

No toda esa electricidad viajará directamente hasta la capital. Una sección desarrollada en Dalad pretende enviar unos 48.000 millones de kWh anuales hacia la región formada por Pekín, Tianjin y Hebei mediante una línea de transmisión de ultra alta tensión que todavía se encuentra en construcción. Este tipo de infraestructura permite transportar electricidad desde los desiertos del interior hasta las grandes áreas urbanas y manufactureras situadas a cientos o miles de kilómetros.

Los paneles también están siendo utilizados para contener el desierto

El proyecto no tiene una finalidad exclusivamente energética. Las autoridades chinas pretenden que los propios paneles funcionen como barreras contra el viento y reduzcan el desplazamiento de la arena.

Las estructuras proyectan sombra, disminuyen la velocidad del viento cerca del suelo y ralentizan la evaporación de la humedad. Bajo determinadas condiciones, esto puede facilitar el crecimiento de pastos o cultivos en espacios que antes eran demasiado secos o inestables. Los planes para la sección de Dalad incluyen la plantación de cultivos comerciales bajo unas 2.400 hectáreas de paneles.

La NASA señala que proyectos fotovoltaicos similares han contribuido al reverdecimiento de otras zonas desérticas del país, aunque esto no significa que cubrir la arena con paneles produzca automáticamente un nuevo ecosistema. La instalación requiere gestionar problemas como la acumulación de polvo, las tormentas de arena, la disponibilidad de agua para limpiar las superficies y los posibles cambios locales provocados por la sombra.

En medio de esta franja se encuentra además una de las plantas solares más peculiares del mundo. La estación Junma dispone sus paneles con la forma de un caballo al galope y obtuvo un récord Guinness como la imagen más grande creada mediante paneles solares. Según los datos recogidos por la NASA, genera cerca de 2.000 millones de kWh al año, suficientes para cubrir el consumo anual de entre 300.000 y 400.000 personas.

Otra planta china almacena el Sol en sales fundidas para seguir funcionando de noche

La NASA mira el desierto de China desde el espacio y revela una nueva “muralla” de 400 kilómetros de largo y 5 de ancho. No está hecha de piedra ni de árboles: son paneles solares para alimentar Pekín
© WANG XIAOBO/FOR CHINA DAILY.

El despliegue energético de China en sus regiones desérticas no termina en Kubuqi. A más de 1.500 kilómetros, en Hami, Xinjiang, China Three Gorges Corporation ha conectado un complejo híbrido de un gigavatio que combina paneles fotovoltaicos convencionales con energía solar térmica.

Durante las horas de luz, la sección fotovoltaica produce electricidad directamente. Al mismo tiempo, unos 260.000 espejos móviles siguen la trayectoria del Sol y concentran su radiación para calentar sales fundidas hasta unos 550 °C. Ese calor se almacena y después se utiliza para producir vapor, mover una turbina y generar electricidad cuando los paneles dejan de funcionar al caer la noche.

La planta puede suministrar energía estable durante un máximo de ocho horas, aunque existe un matiz importante: esa producción nocturna procede del bloque termosolar de 100 MW, no de la totalidad del complejo de un gigavatio. Los otros 900 MW corresponden a la parte fotovoltaica y dependen de la radiación solar directa.

China Three Gorges estima que el conjunto generará una media de 2.067 millones de kWh al año, permitirá ahorrar unas 620.000 toneladas de carbón estándar y evitará más de 1,63 millones de toneladas de dióxido de carbono anuales.

China despliega renovables a una escala difícil de comparar

La Gran Muralla Solar resume la dimensión de la transición energética china: proyectos medidos en cientos de kilómetros, líneas eléctricas capaces de cruzar regiones enteras y centrales híbridas diseñadas para producir incluso después de la puesta de Sol.

El país ya concentraba en junio de 2024 alrededor del 51% de la capacidad mundial de grandes plantas solares en funcionamiento, según los datos de Global Energy Monitor recogidos por la NASA. Durante 2025 volvió a liderar el crecimiento mundial de la energía solar, aportando más de la mitad del incremento global tanto en capacidad instalada como en generación.

Ese avance convive con una contradicción: China continúa dependiendo en gran medida del carbón para sostener su enorme sistema eléctrico e industrial. Sin embargo, la generación china con carbón descendió en términos absolutos durante 2025, mientras la producción solar siguió creciendo con rapidez.

La nueva muralla observada desde el espacio no separa territorios ni pretende frenar ejércitos. Su función es capturar la radiación que cae sobre uno de los lugares más áridos del país y convertirla en electricidad para ciudades situadas a cientos de kilómetros. La Gran Muralla China fue levantada para proteger un imperio. Esta otra muralla está siendo construida para alimentar el sistema energético más grande del planeta.

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