Los flamencos, con su inconfundible plumaje rosado y su elegancia serena, son una imagen icónica de muchas lagunas y salinas. Pero lo que pocos saben es que, bajo esa fachada tranquila, se esconde una técnica depurada durante milenios. Un nuevo estudio ha revelado el fascinante sistema que emplean para alimentarse: una compleja coreografía de succión, remolinos y movimientos precisos que desafían lo que creíamos saber sobre estas aves.

Un espectáculo oculto bajo la superficie
En lugares como las lagunas de Santa Pola, los flamencos no solo aportan belleza visual. Cuando llega la época de cría, miles de ellos se concentran, creando un paisaje dinámico de tonos rosas, verdes y azules. Pero lo más impresionante ocurre donde el ojo no alcanza: en el fondo fangoso de estas lagunas, donde se esconde su alimento.
Durante años se pensó que simplemente filtraban el agua al caminar y hundir el pico, pero una investigación reciente ha descubierto que emplean una técnica mucho más compleja. Gracias a réplicas impresas en 3D de sus patas y picos, científicos de la Universidad de California y otras instituciones comprobaron que los flamencos crean remolinos que arrastran diminutos crustáceos hacia sus bocas.
Estos movimientos forman vórtices que no solo remueven el sedimento, sino que también concentran el alimento. “Son depredadores activos”, explica Víctor Ortega Jiménez, autor del estudio. “No esperan que la comida llegue a ellos, la arrastran con precisión matemática hacia sus picos”.
Parloteo, succión y remolinos: el arte de cazar con elegancia
El comportamiento alimenticio de los flamencos es aún más sofisticado. Además de los remolinos provocados con sus patas, los científicos descubrieron que emiten una especie de “parloteo” con el pico mientras se alimentan. Este movimiento vibratorio amplifica la capacidad de succión y multiplica por siete la captura de presas.
Para comprobarlo, los investigadores utilizaron un pico real modificado con piezas mecánicas y realizaron experimentos tanto en la Universidad de Maine como en Berkeley. Complementaron las pruebas físicas con simulaciones computacionales de dinámica de fluidos que confirmaron que, al mover la mandíbula inferior, se generan vórtices que recirculan partículas hacia el interior del pico. Así logran mantener constante el flujo de alimento.

Lejos de ser simples aves filtradoras, los flamencos se revelan como especialistas meticulosos. Todo su cuerpo –desde la forma de su cuello hasta la estructura de sus patas– está adaptado para optimizar la caza de minúsculas presas. Este descubrimiento añade una nueva capa de asombro a su imagen y plantea un futuro prometedor para seguir investigando.
Gracias a estos hallazgos, sabemos que en cada rincón donde habitan –desde Doñana hasta el Delta del Ebro– los flamencos no solo decoran el paisaje: también protagonizan una danza invisible de precisión y supervivencia.
Fuente: National Geographic.