En los laboratorios de Cambridge, un grupo de científicos pasó cuatro años reconstruyendo, pieza a pieza, el genoma de una bacteria. El resultado, Syn57, no es solo un organismo vivo: es la forma de vida más sintética creada hasta ahora. Con un código genético radicalmente reducido, promete aplicaciones que van desde la resistencia a virus hasta la producción de nuevos compuestos.
Cómo se construyó Syn57

La bacteria sintetizada es una versión de Escherichia coli con un genoma reescrito más de 100.000 veces. Cada modificación fue diseñada en fragmentos de ADN y ensamblada cuidadosamente hasta dar forma a un organismo funcional. El equipo liderado por Wesley Robertson en el Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido enfrentó momentos de incertidumbre, con ensayos que amenazaban con estancarse en un callejón sin salida.
Este trabajo culminó con un récord: reducir los 64 codones habituales a solo 57, eliminando los redundantes sin alterar la viabilidad de la bacteria. Un logro que confirma lo que durante décadas había sido solo teoría.
La importancia de reducir el código genético

En biología, los codones son las unidades de información que dirigen la producción de proteínas. Aunque bastarían poco más de 20 para codificar todos los aminoácidos necesarios, la naturaleza ha mantenido 64. La creación de Syn57 demuestra que este “exceso” puede eliminarse, liberando espacio para insertar nuevas instrucciones biológicas.
Entre las aplicaciones más prometedoras destaca la posibilidad de crear bacterias resistentes a infecciones virales, algo crucial para la producción de medicamentos y proteínas a gran escala. Además, este código genético “no canónico” actúa como barrera de seguridad: dificulta que los genes modificados se transfieran al ambiente natural.
Lo que viene después
Syn57 aún crece cuatro veces más lento que una E. coli convencional, pero los investigadores creen que la optimización resolverá esta limitación. Desde la creación de Syn61 en 2019, ya se usaron genomas simplificados para producir fármacos con mayor confiabilidad, lo que sugiere que Syn57 podría ampliar aún más esas capacidades.
Mientras tanto, otros grupos, como el de Akos Nyerges en Harvard, trabajan en versiones aún más compactas. La carrera por redefinir los límites de la vida sintética apenas comienza, y Syn57 marca un punto de inflexión: la demostración de que la biología puede reescribirse con la precisión de un código informático.