¿Y si los envases que hoy tiramos a la basura pudieran convertirse en medicinas? Esta no es una idea de ciencia ficción, sino una posibilidad real gracias a un avance reciente que une biotecnología, reciclaje y salud. Investigadores han logrado sintetizar paracetamol a partir de residuos plásticos, utilizando una bacteria modificada que todos conocemos… aunque no precisamente por sus beneficios.
Cuando el plástico se convierte en medicina

El estudio parte de un enfoque innovador: aprovechar que tanto los plásticos como muchos medicamentos comparten un origen en los hidrocarburos. Concretamente, se trata del PET (tereftalato de polietileno), un plástico muy común en botellas y envases. El equipo científico demostró que los residuos de PET pueden servir como materia prima para fabricar paracetamol, un analgésico y antipirético de uso masivo.
La transformación ocurre gracias a una bacteria genéticamente modificada: Escherichia coli. Aunque algunas cepas de esta especie son responsables de infecciones intestinales, otras viven normalmente en nuestro sistema digestivo sin causar daño. En este caso, su versión modificada cumple una función insólita: actuar como fábrica biológica de medicamentos a partir de basura plástica.
El papel de la bacteria E. coli reprogramada
Los investigadores diseñaron una cepa de E. coli capaz de procesar ácido tereftálico —un derivado del PET— mediante fermentación. En tan solo 24 horas, esta bacteria logra completar una cadena de reacciones bioquímicas que concluyen en la síntesis de paracetamol. Lo más sorprendente es que todo el proceso puede desarrollarse a temperatura ambiente, sin necesidad de costosas condiciones industriales.

El estudio, publicado en Nature Chemistry, no solo abre una nueva vía para la producción farmacéutica, sino que también propone una estrategia limpia y eficiente para el tratamiento de residuos plásticos.
Un futuro con menos residuos y menos carbono
Este avance promete mucho más que un método alternativo para fabricar medicamentos. Al llevarse a cabo sin altas temperaturas ni procesos contaminantes, se reduce significativamente el consumo energético y las emisiones de carbono. A largo plazo, podría contribuir a la llamada “descarbonización” de la industria química.
No obstante, aún queda un desafío clave: escalar este proceso para hacerlo viable a nivel industrial. Aunque de momento se encuentra en fase experimental, su potencial para abordar simultáneamente dos problemas globales —la acumulación de plásticos y la sostenibilidad en la fabricación de medicamentos— lo convierte en una tecnología a seguir muy de cerca.
Fuente: Xataka.