Los sueños siempre han despertado curiosidad por su posible relación con nuestras emociones. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que lo importante podría no ser únicamente lo que soñamos, sino también las palabras que utilizamos para contarlo.
Un equipo internacional de científicos de las universidades de Cambridge, Stanford y Turku descubrió que la estructura del lenguaje utilizado para describir sueños y pensamientos espontáneos puede estar relacionada con síntomas de ansiedad y depresión.
El estudio, publicado en octubre de 2026 en la revista Communications Psychology, analizó 3.053 relatos de 176 participantes del Reino Unido y Australia.
Los resultados revelaron diferencias importantes entre la manera en que narramos nuestros sueños y cómo describimos los pensamientos que aparecen mientras estamos despiertos.
Qué descubrieron los científicos al analizar más de 3.000 relatos
Los investigadores recopilaron 1.434 informes de sueños y 1.619 relatos de divagaciones mentales durante un período de dos semanas.
Para estudiarlos utilizaron una herramienta matemática conocida como teoría de grafos. Este método permite representar las palabras como puntos conectados entre sí, formando redes que muestran cómo se organiza cada narración.
En lugar de analizar si las personas soñaban con situaciones tristes, felices o amenazantes, los científicos estudiaron aspectos como la repetición de palabras, la diversidad del vocabulario y las conexiones entre diferentes términos.
De esta manera pudieron identificar patrones lingüísticos relacionados con distintos estados de conciencia.

Los sueños tienen una estructura diferente a nuestros pensamientos
Uno de los descubrimientos más interesantes fue que los relatos de sueños presentaban redes de palabras más conectadas y con mayores repeticiones.
Los investigadores describieron esta organización como una estructura de mundo pequeño, caracterizada por conexiones cercanas entre diferentes grupos de palabras.
En cambio, los relatos sobre pensamientos espontáneos durante la vigilia solían ser más extensos y utilizar un vocabulario más diverso. También incluían palabras que funcionaban como puentes entre diferentes ideas.
Estas diferencias podrían estar relacionadas con la manera en que recordamos los sueños después de despertarnos, mientras que los pensamientos cotidianos pueden describirse más cerca del momento en que ocurren.
La relación entre el vocabulario y los síntomas de depresión
El equipo también comparó los resultados lingüísticos con cuestionarios utilizados para evaluar síntomas psicológicos. Descubrieron que una menor diversidad de palabras y determinadas características de sus conexiones estaban asociadas con puntuaciones más altas de malestar emocional.
En los relatos de sueños, estos patrones se relacionaron especialmente con síntomas depresivos.
En las narraciones de divagaciones mentales, algunas meiddas de centralidad de palabras mostraron asociaciones con síntomas de ansiedad. Los resultados sugieren que la organización del lenguaje podría aportar información sobre determinados aspectos del bienestar psicológico.
Sin embargo, estas relaciones no permiten establecer causas ni identificar automáticamente un trastorno mental.

¿Podrían los sueños ayudar a detectar problemas de salud mental?
Los investigadores consideran que este método podría convertirse en una herramienta complementaria para estudiar grandes cantidades de relatos personales.
Una de sus ventajas es que permite analizar patrones lingüísticos mediante procedimientos matemáticos, sin depender exclusivamente de interpretaciones subjetivas. No obstante, el estudio presenta limitaciones importantes, entre ellas el tamaño de la muestra y la necesidad de comprobar sus resultados en diferentes idiomas y culturas.
Además, los cuestionarios utilizados reflejan síntomas informados por los participantes, no diagnósticos médicos confirmados. Por eso, los científicos advierten que analizar cómo una persona cuenta sus sueños no sustituye una evaluación profesional.
El descubrimiento demuestra que nuestro lenguaje puede contener información sobre cómo organizamos las experiencias internas y cómo nos sentimos. Y plantea una posibilidad fascinante: que la manera en que relatamos nuestros pensamientos y sueños ofrezca nuevas pistas para comprender el funcionamiento de la mente humana.