La Generación Z, conocida por su dominio de la tecnología y su conexión con las redes sociales, parece enfrentar un desafío inesperado: las tareas domésticas básicas. Según un informe de Halfords, marca británica del sector automotriz, una significativa proporción de jóvenes evita enfrentarse a actividades que otras generaciones consideran simples, como cambiar una bombilla o colgar un cuadro. Este fenómeno plantea interrogantes sobre los cambios sociales y educativos que han moldeado las habilidades prácticas de esta generación.
El costoso precio de la dependencia

El estudio de Halfords señala que muchos jóvenes prefieren delegar tareas cotidianas a profesionales, lo que representa un gasto promedio anual de 1.300 libras (alrededor de 1.500 euros). Actividades que podrían realizarse fácilmente en casa, como inflar las ruedas de un coche o cambiar las escobillas del limpiaparabrisas, son externalizadas por el 44% de los encuestados. Además, un 22% recurre a sus padres para solucionar problemas simples en lugar de aprender a hacerlo ellos mismos.
¿Por qué cambiar una bombilla se ha convertido en un reto?
Un dato particularmente llamativo es que el 21% de los jóvenes de la Generación Z considera peligroso cambiar una bombilla. Entre las razones citadas, algunos temen quemarse con una bombilla caliente, mientras que otros, aproximadamente dos tercios, mencionan su preocupación por lidiar con problemas eléctricos. Incluso, 1 de cada 5 jóvenes considera que subirse a una escalera para realizar esta tarea representa un riesgo excesivo.
Esta falta de habilidades prácticas no se limita a tareas de mantenimiento en el hogar. Según el informe, el 30% de los jóvenes no sabe identificar un destornillador de cabeza plana, lo que resalta un desconocimiento generalizado en herramientas básicas.
El papel de la tecnología y el acceso a información
A pesar de que la Generación Z tiene acceso a recursos ilimitados a través de internet, incluyendo tutoriales paso a paso para realizar tareas domésticas, parece que este potencial no se está utilizando para desarrollar habilidades prácticas. Esto ha llevado a reflexionar sobre si el exceso de dependencia tecnológica podría haber desplazado la necesidad de adquirir estas competencias.
¿Es justo culpar solo a la Generación Z?

Es fácil para las generaciones anteriores, como los Millennials y los Boomers, criticar esta falta de habilidades, pero también es importante considerar su posible influencia en esta situación. Padres sobreprotectores, un enfoque educativo más teórico y la creciente dependencia de servicios externos podrían haber contribuido a que los jóvenes lleguen a la adultez sin haber adquirido habilidades básicas.
Además, el creciente enfoque en el rendimiento académico y profesional, junto con un estilo de vida más urbano, podría haber reducido la exposición de la Generación Z a estas tareas. En este contexto, surge el término «GOTDIT» (por sus siglas en inglés, Getting Others To Do It), para describir esta tendencia a delegar tareas prácticas en otros.
Una llamada a la acción: revalorizar las habilidades básicas
La creciente dependencia de servicios externos no solo implica un mayor gasto económico, sino que también plantea preguntas sobre la autosuficiencia y la resiliencia de la Generación Z. Recuperar la valoración de las habilidades prácticas podría ser clave para enfrentar este problema. Las escuelas, familias y comunidades tienen la oportunidad de fomentar la enseñanza de estas habilidades, no solo como una forma de ahorro, sino también como un medio para empoderar a las nuevas generaciones.
En un mundo que cambia rápidamente, la capacidad de adaptarse y resolver problemas cotidianos es más valiosa que nunca. Tal vez sea el momento de que la Generación Z, junto con el apoyo de otras generaciones, tome el control y aprenda a enfrentar estos pequeños retos con confianza y autonomía.